La mercancía inexistente como "test de seducción para atraer a clientes" en Cuba

Los clientes no suelen pasar cursos de 'marketing', pero por pura intuición suponen que hasta el mercado tiene su ética

Esta engañadora tienda seguirá teniendo una fila de ávidos clientes, seducidos por sus falsas ofertas comerciales. (14ymedio)
Esta engañadora tienda seguirá teniendo una fila de ávidos clientes, seducidos por sus falsas ofertas comerciales. (14ymedio)

Muchos saben que el ritmo conocido como chachachá nació con una pieza titulada La engañadora: la leyenda urbana de "una chiquita que todos los hombres tenían que mirar" en los salones de baile ubicados en Prado y Neptuno porque usaba rellenos para tener una apariencia supuestamente seductora. Burlarse de esos ardides femeninos no se consideraba entonces políticamente incorrecto. Por eso Enrique Jorrín no tuvo reparos en escribir aquella letra, hoy irrepetible.

Pero el engaño para seducir no es algo privativo de las féminas, ni siquiera es exclusivo de la conquista sexual... y no vamos a hablar de política.

En la esquina de Reina y Lealtad, a unas quince cuadras de Prado y Neptuno se encuentra una tienda en Moneda Libremente Convertible (MLC) llamada La Cubana bajo el mismo techo de lo que un día fue la ferretería conocida popularmente como Feito y Cabezón.

Atraídos por sus actuales ofertas dolarizadas muchos clientes marcan temprano en la cola cada día para adquirir productos que no aparecen ya en otros mercados "normales". (14ymedio)
Atraídos por sus actuales ofertas dolarizadas muchos clientes marcan temprano en la cola cada día para adquirir productos que no aparecen ya en otros mercados "normales". (14ymedio)

Atraídos por sus actuales ofertas dolarizadas muchos clientes marcan temprano en la cola cada día para adquirir productos que no aparecen ya en otros mercados "normales". Nada misterioso ni sofisticado, solo azulejos, cemento, herrajes sanitarios y algunas herramientas.

A través de los cristales del escaparate que da a la calle Lealtad una llamativa torre exhibe diferentes modelos de grifos niquelados especialmente diseñados para duchas, fregaderos y lavamanos, algunos para mezclar agua fría y caliente.

La mañana de este lluvioso martes la tienda no abrió a las nueve de la mañana como cada día porque había una "afectación del fluido eléctrico", o sea un vulgar apagón. A esa hora, salió para satisfacer la curiosidad de los clientes el gentil gerente.

"No, cemento cola no tenemos hoy; cerámica de 30 por 30 centímetros nos quedan varias cajas; tubería plástica de tres cuartos, toda la que usted necesite...", respondía atentamente.

"¿Y qué precio tienen las mezcladoras de ducha?", preguntó el señor que por haber llegado a las 6:30 de la mañana tenía el envidiable número dos en la fila. "No, mezcladoras no tenemos a la venta", se excusó elegante el gerente. Pero el cliente madrugador insistió: "Yo digo aquellas que ustedes muestran en la vidriera". Y la respuesta fue clara y precisa: "¡Ah! no, esas solo están en exhibición".

Entonces, otro cliente un poco malhumorado y con ínfulas de funcionario jubilado intervino para decir: "Eso, compañero, es engaño al consumidor. El Ministerio de Comercio Interior tiene regulaciones que prohíben mostrar mercancías que no se encuentran a la venta. Si la memoria no me falla, le estoy hablando de la Resolución 54 de 2018 que se dictó para proteger a los consumidores".

El afectuoso gerente no se inmutó, pero apartó la mascarilla de su boca para ser más enfático cuando respondió, casi arrogante: "Para criticar hay que informarse mejor, compañero. Esa mercancía en exhibición está allí como un test de seducción para atraer a clientes".

A través de los cristales del escaparate que da a la calle Lealtad una llamativa torre exhibe diferentes ofertas. (14ymedio)
A través de los cristales del escaparate que da a la calle Lealtad una llamativa torre exhibe diferentes ofertas. (14ymedio)

Obviamente, los clientes no suelen pasar cursos de marketing, pero por pura intuición suponen que hasta el mercado tiene su ética. Las técnicas de atracción comercial obligan al vendedor a ser complaciente, a mantener orden en los estantes para facilitar la búsqueda de los productos, a dar garantía sobre la calidad, el precio, y la durabilidad de lo que ofrece. Pero no propone hacer creer algo que no va a ocurrir, como que habrá una rebaja de precios, que regalarán algo valioso al que gaste mucho dinero o que los dichosos grifos exhibidos pueden ser comprados.

Como dice el popular chachachá "todo en esta vida se sabe, sin querer averiguar" y aunque esta engañadora tienda seguirá teniendo una fila de ávidos clientes, seducidos por sus falsas ofertas comerciales, al menos aquí quedan expuestos al escarnio público sus impúdicos "rellenos" y ese desenmascaramiento no es políticamente incorrecto.

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