La ortografía sí importa en el mercado negro

Los comerciantes consideran que la corrección al expresarse refleja la seriedad del negocio

El pasado año se hizo viral una imagen en la que una profesora saludaba el inicio de curso con un 'biebenidos' en la pizarra. (@SofiaJimnezMar1/Twitter)
El pasado año se hizo viral una imagen en la que una profesora saludaba el inicio de curso con un 'biebenidos' en la pizarra. (@SofiaJimnezMar1/Twitter)

"¿Qué tamaño de colchón tiene y de qué calidad?". Fue el mensaje que recibió Ángel Guzmán a través de WhatsApp pocas horas después de publicar un anuncio en un portal de clasificados. El hecho de que el cliente escribiera de esa manera "tan correcta, con las tildes y todo" le impulsó a llevar la mercancía a su domicilio aunque nunca se hubieran visto las caras.

"La gente que me escribe mal no me dan buena pinta y no puedo arriesgarme a mover un producto de un municipio a otro y encontrarme con alguien poco serio que rechace el colchón o no quiera pagarme", explica el avispado comerciante a 14ymedio. "Al que me escribe llamándome puro, bro, asere o tío, ni siquiera le respondo. No hago negocios con gente que escribe así".

Nada en su formación parecía destinarlo a tener ese nivel de exigencia en el uso del idioma. De padres obreros, de adolescente la mayor parte de sus clases de español en la secundaria básica las tomó a partir de las llamadas teleclases. "Nadie atendía el televisor y la profesora emergente que teníamos escribía con un montón de faltas de ortografía en la pizarra". Reconoce que tampoco ha tenido muchas lecturas y que en su casa "no hay un solo libro".

La lección lingüística más importante de su vida la aprendió al perder un gran negocio

La lección lingüística más importante de su vida la aprendió al perder un gran negocio. "Me contactó una mujer a través de Telegram y me dijo que estaba interesada en un juego de cuarto completo: cama, colchón, escaparate, cómoda y mesitas de noche. Eran más de 2.500 pesos convertibles", cuenta este habanero de 25 años.

Guzmán tardó tres días en organizar el pedido con la ayuda de carpinteros que se dedican a la producción privada de muebles. "Alquilé el camión y lo preparé todo, pero no me fijé en que todos los mensajes que me mandaba aquella mujer estaban muy mal escritos. Casi no entendía nada y eso tenía que haberme advertido de que no era la persona adecuada para cerrar una operación de ese volumen".

La sospecha se concretó. El día en que llegó frente a la puerta de la clienta con todos los muebles sobre el camión, ella le dijo que había cambiado de idea. "Me trató muy mal, de una manera muy grosera, hasta el marido me amenazó con llamar a la policía si no me llevaba todo el pedido. Ni siquiera miraron el juego de cuarto, solo cambiaron de parecer o quizás nunca tuvieron todo el dinero. Quedé puesto y convidado", lamenta.

En 2009, el Ministerio de Educación Superior, alarmado por el evidente deterioro que estaba sufriendo la expresión escrita en Cuba, decidió tomar medidas para evitar que los futuros profesionales egresaran de las universidades con graves faltas ortográficas. Un diagnóstico nacional realizado a mediados de ese mismo año sacó a la luz alarmantes problemas con la acentuación, puntuación y conjugaciones verbales.

Pero poco ha cambiado en una década. En los medios informativos nacionales son frecuentes los errores en la escritura y el habla. Recientemente, un presentador del noticiero televisivo llamó a Juan Guaidó "el presidente intrauterino de Venezuela" en lugar de usar la fórmula correcta: "interino". Los cintillos de los principales informativos están plagados de falta de tildes, letras cambiadas y usos incorrectos de ciertos vocablos.

"Una vez me escribieron preguntándome si tenía garbanzos pero la palabra estaba escrita de una manera que no entendí qué querían"

Nely lleva un próspero negocio de envío de alimentos a domicilio que ha crecido significativamente con la pandemia. A través de servicios de mensajería instantánea ofrece sus productos, cierra acuerdos con los clientes y planifica la entrega. "Una vez me escribieron preguntándome si tenía garbanzos pero la palabra estaba escrita de una manera que no entendí qué querían".

Nely admite haber activado el corrector automático y preguntar a alguien cercano cada vez que tiene una duda en cómo se escribe una palabra. "Mi negocio es convencer a los clientes sin tener que llamarlos, porque eso consume más datos y puede ser más peligroso, por lo que tengo que escribir bien sin excesivas confiancitas ni errores".

Las fórmulas de saludo tan populares en las calles como "¿Qué bolá?" o "¿Cómo está la cosa?" tampoco son bien vistas. "Una cosa es un grupo de Telegram donde la gente se esté pasando información de mercancías y precios, pero otra bien diferente cuando ya vas a hacer un encargo con el vendedor. Ahí hay que parecer serio y respetuoso, el que no se vea así le digo que no me queda el producto y listo".

"Vusco toayas de taya grande", leyó en la pantalla de su móvil otra comerciante que se dedica a la importación de enseres, electrodomésticos y menaje de casa desde Panamá. "Yo nunca he alardeado de tener buena ortografía, porque ni siquiera terminé el noveno grado, pero tuve que pedir a mi hijo que me ayudara a entender qué decía el mensaje que me habían mandado".

"Mi hijo que estudia en la universidad me dijo: Mami no tienes que esperar que parezca Cervantes para venderle algo, pero cuidado con esa gente que escribe con los pies", reconoce la vendedora informal.

En "A su servicio" un pequeño negocio privado que nació con las restricciones de la pandemia para llevar productos a las casas durante el confinamiento de los clientes, lo tiene bien claro. "La persona que se comunica por WhatsApp y toma las órdenes es graduada en filosofía y tiene muy buena ortografía, los demás solo nos dedicamos a transportar los pedidos".

"Mi hijo que estudia en la universidad me dijo: Mami no tienes que esperar que parezca Cervantes para venderle algo, pero cuidado con esa gente que escribe con los pies"

"Cuando alguien nos escribe, puede estar seguro de que le diremos 'buenos días', seremos amables y escribiremos sin errores, con eso ya tenemos la mitad del negocio hecho", sentencia.

En "Tu Espacio", otro negocio de envío de comida a domicilio, también han optado por apuntalar la comunicación escrita. "Antes trabajé en un restaurante y cuando queríamos contratar camareros buscaba gente joven de buena presencia, principalmente personas hermosas y que tuvieran una linda sonrisa", comenta Jorge Ángel Chang, gestor de la iniciativa.

"Ahora, cuando tuve que buscar a las dos personas que nos llevan la cuenta de WhatsApp, Telegram y los mensajes por Facebook solo me fijé en que -si eran mujeres- tuvieran las uñas cortas, porque teclear con uñas largas es muy problemático, que supieran escribir bien y tratar con amabilidad a los clientes, y claro está, que tuvieran una excelente ortografía porque esa es 'nuestra cara' actual. Al final, tengo trabajando desde su casa a una maestra jubilada y a un editor".

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