"Una reluciente bodega con apenas comida y mucha voluntad revolucionaria"

Las autoridades rehabilitan un establecimiento en Cayo Hueso, pero los escombros y aguas albañales de la calle deslucen la obra

La tienda lucía ayer reformada en saludo a la fiesta oficialista del 26 de julio. (14ymedio)
La tienda lucía ayer reformada en saludo a la fiesta oficialista del 26 de julio. (14ymedio)

"Vengan vecinos, cómprenme algo. Sábanas, toallas, platos para postres, no dejen de entrar". El pregón, que se escuchaba este martes en la calle Hospital con Jovellar, procedía de la mujer que regenta la bodega ubicada en esa esquina, que lucía ayer reformada en saludo a la fiesta oficialista del 26 de julio.

Todo había sido arreglado para la fecha prevista: las paredes pintadas, el mostrador pulido y los anaqueles ordenados y limpios, exhibiendo dos pomos de aceite, un paquete de arroz y otro de azúcar. A su lado, contrastaban otros artículos poco habituales en las bodegas: juegos de sábanas a más de 2.000 pesos, toallas por encima de los 800, platos plásticos a 35 y hasta bolígrafos se ofertan en el restaurado local.

"Ay, pero qué nombre más cheo le pusieron, La Estrella", bromeaba una vecina señalando el nuevo cartel de la bodega. "Mejor le hubieran puesto El cocuyo del fanguizal. En medio de tanta tierra, huecos y aguas putrefactas, ¿no tenían otra inversión mejor que hacer?", respondía una mujer desde la cola para comprar pan en la cafetería privada de enfrente.

Los dos establecimientos están separados por un enorme hueco fétido, lleno de aguas albañales de los edificios aledaños que deslucen la remodelación. (14ymedio)
Los dos establecimientos están separados por un enorme hueco fétido, lleno de aguas albañales de los edificios aledaños que deslucen la remodelación. (14ymedio)

Los dos establecimientos están separados por un enorme hueco fétido, lleno de aguas albañales de los edificios aledaños que deslucen la remodelación. Las obras comenzaron hace días y la calle está abierta para iniciar las reparaciones pero, como suele suceder tantas veces, el avance no se observa y hay vecinos que están sin gas y a la espera de ver la zona limpia.

"Tenemos una reluciente bodega donde apenas hay comida, pero sí voluntad revolucionaria", ironizaba el carretillero que vende productos del agro en esa cuadra. "Yo quisiera saber cuándo van a arreglar la nuestra, que está justo a una cuadra, en San Lázaro, llena de goteras y con peligro de derrumbe", respondía una clienta mientras compraba un aguacate. A veces, le cuenta al vendedor ambulante, el mal estado del establecimiento impide que pueda llevar completos los mandados de la libreta. "El bodeguero me dice, por ejemplo, que no me puede despachar el azúcar porque se mojó, debido a las filtraciones", dice molesta.

De repente, las conversaciones se interrumpen y la atención se desvía hacia un camión que acaba de enredarse entre los escombros de la calle y pierde un trozo del parachoques. El chófer acelera con furia tras lograr liberar su vehículo, mientras alguien le grita: "¡Vaya! Ahí te llevas también tu 26".

La atención se desvía hacia un camión que acaba de enredarse entre los escombros de la calle y pierde un trozo del parachoques. (14ymedio)
La atención se desvía hacia un camión que acaba de enredarse entre los escombros de la calle y pierde un trozo del parachoques. (14ymedio)

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