Las teleclases cubanas: una práctica del siglo XX que fracasa entre los estudiantes de hoy

Las autoridades han sido incapaces de gestionar una educación 'online' asequible a unos alumnos cansados del rígido formato televisivo

Muchos padres lamentan que se esté repitiendo contenido en las teleclases. (14ymedio)
Muchos padres lamentan que se esté repitiendo contenido en las teleclases. (14ymedio)

Hace meses que Yanet Fernández, que vive en el barrio de los edificios multifamiliares del Nuevo Vedado habanero, no comienza su día con los besos a sus amigos de aula y la alborotada conversación del "piquete" antes del matutino. Desde que las escuelas de la capital cerraron en enero pasado le ha tocado recibir las clases en su casa y lo primero que ve cuando abre los ojos es la pantalla del televisor y la libreta junto al desayuno.

"Solamente veo las teleclases para complacer a mi mamá. Copio todo, pero por compromiso con ella. Es lo más aburrido del mundo y, para colmo, es lo mismo que el curso pasado", cuenta esta estudiante de noveno grado. "Le he preguntado a todo el mundo, pero ninguno de mis amigos ha visto ni una sola asignatura de esas clases por televisión", asegura Fernández.

Alina Moreno, madre de la adolescente, está lidiando con ese problema desde que se suspendieron las clases presenciales. "Encender el televisor y ver al profesor sentado detrás de un buró, tratando de captar la atención de los niños sin la menor preparación me desespera. No explotan todas las herramientas que brinda ese formato y, además, están repitiendo contenido", se queja.

"Encender el televisor y ver al profesor sentado detrás de un buró, tratando de captar la atención de los niños sin la menor preparación me desespera. No explotan todas las herramientas que brinda ese formato"

Cada teleclase dura media hora y, la mayoría de las veces, el maestro que la imparte nunca se ha puesto delante de una cámara. El recurso más empleado es la presentación en powerpoint, muchas veces con errores y faltas de ortografía, una herramienta que ha empezado a quedar obsoleta.

"Lo que veo ahora es que no están grabando nada nuevo y entiendo que se cansen y no quieran verlo. Las autoridades no se están tomando muy en serio la educación de los muchachos en este escenario de pandemia", opina Moreno.

Inés Casal, abuela de dos adolescentes en edad escolar y profesora jubilada de la Universidad de La Habana, cuenta a 14ymedio que ha estado pendiente de este tema porque sus dos nietos también reciben teleclases y a ella le cuesta deslindar sus papeles "de profesional y de abuela".

Casal recuerda que el método de la televisión educativa "tuvo su auge en la década de los años 60 del siglo pasado", cuando fue muy impulsada en EE UU. Pero, a su juicio, la idea "ha sido un fracaso", sobre todo si se basa, como hicieron muchos países, en intentar suplir la ausencia de un maestro en el aula poniéndolo frente a una cámara.

"Nunca un profesor dictando clases por TV, sin ninguna interacción profesor-alumno, podrá sustituir a un maestro en un aula intercambiando constantemente con sus estudiantes, y viceversa".

"Nunca un profesor dictando clases por TV, sin ninguna interacción profesor-alumno, podrá sustituir a un maestro en un aula intercambiando constantemente con sus estudiantes, y viceversa"

Casal cree que, en el caso específico de Cuba, el fracaso estaba anunciado. "Las clases que he visto son desastrosas. Simplemente los maestros repiten lo que está en los libros, sin un átomo de didáctica, con medios de apoyo casi nulos: presentaciones con textos y nada más. Salvo algunas excepciones, se cometen errores garrafales al redactar las preguntas de los ejercicios. Han seleccionado profesores que no tienen gracia para dar este tipo de clases, parecen robots. Los niños que logren atender y, sobre todo, aprender, son tan buenos que no necesitan de las clases", destaca.

A su juicio, hubiera sido preferible "entender y asumir que habrá un atraso en los estudiantes (años perdidos) y trabajar fuertemente luego que se incorporen a clases".

Esta idea ha sido rechazada por las instituciones mundiales en materia de infancia y educación, que consideran imprescindible que los niños sigan recibiendo clases, presenciales en la medida de lo posible o sustituyéndolas con alguna herramienta tecnológica.

En Cuba, ni siquiera maestras como Inés Casal se plantean el método más utilizado en la mayoría de los países occidentales que afrontaron el cierre de las escuelas en algún momento de la pandemia: las clases online. Los profesores recurrieron a las videollamadas y la mensajería para tratar de avanzar en las asignaturas y, aunque en ningún caso se ha logrado sustituir la calidad de la presencialidad, el mecanismo ha permitido no solo un mínimo aprendizaje, sino unas rutinas y cultura del esfuerzo.

Los países con menores ingresos o donde la penetración de internet es baja han sufrido más, pero este no debería haber sido un problema en Cuba, con una extensión relativamente reducida y un monopolio estatal con posibilidad de dotar de una infraestructura básica la cobertura del servicio para garantizar de forma online y económica la educación, a la postre gratuita, que ofrece el país.

"Había dos posibilidades, o bien que Etecsa difundiera unos paquetes educativos con datos para ser usados por profesores y alumnos; o bien que el Ministerio de Educación los adquiriera para ofrecer a los estudiantes, pero esto no ha ocurrido"

"Había dos posibilidades, o bien que Etecsa difundiera unos paquetes educativos con datos para ser usados por profesores y alumnos; o bien que el Ministerio de Educación los adquiriera para ofrecer a los estudiantes, pero esto no ha ocurrido porque Etecsa no tiene una vocación social, sino de recaudar", considera María, vecina del mismo barrio de Yanet Fernández.

"Los profesores se quejan de que no se les ha ofrecido ni un saldo extra para Whatsapp", añade, a sabiendas de que muchos maestros están poniendo dinero de su bolsillo para mantener el contacto con sus alumnos.

Aunque un acuerdo entre el monopolio de telecomunicaciones Etecsa y el Ministerio de Educación sería muy sencillo, puesto que ambos son parte del Estado, el Gobierno no ha explorado en ningún momento esta vía.

"No quieren sentar un precedente porque entonces cualquiera que trabaje a distancia podría pedir una cuota de datos y, por regla general, las únicas personas que tienen precios preferenciales o gratuitos son algunos empleados de Etecsa, la Seguridad del Estado y, probablemente, también los altos cargos. Además, existe la eterna desconfianza de que la gente no lo vaya a usar para el objetivo que están destinados", opina María.

Juliete Isabel Fernández Estrada tiene dos hijos que reciben teleclases y ha logrado que, aunque sea "por formalidad", las vean a diario. Sin embargo, considera que las limitaciones de este formato son un reflejo de las que ya posee la educación cubana. "A la pobreza y rigidez de los contenidos que se imparten, el adoctrinamiento político, la desactualización y la deficiente formación de los profesores, se suma el pobre aprovechamiento de las facilidades que da el medio televisivo y la falta de imaginación para animar las teleclases, en las que cabría prácticamente todo tipo de recursos y mensajes, no solo las canciones patrióticas de moda y los fragmentos de discursos de Fidel", lamenta.

"Falta imaginación para animar las teleclases, en las que cabría prácticamente todo tipo de recursos y mensajes, no solo las canciones patrióticas de moda y los fragmentos de discursos de Fidel

Lizandra, maestra de cuarto grado, cuenta que hay padres del grupo al que da clases que han podido pagar un profesor particular para ayudar a sus hijos a no perder el hilo con los estudios, pero señala que "no es el caso de la mayoría". Muchos padres se quejan de que los niños no tienen cómo revisar las tareas y los ejercicios que les ponen a diario en las clases y de que los profesores van muy rápido en la teleclase.

"Creo que el hecho de que los estudiantes no se sientan motivados por la teleclase tiene que ver tanto con el formato televisivo. Muchos de ellos pasan horas viendo programas de youtubers descargados de internet que vienen en el paquete semanal pero, a diferencia de las teleclases, ahí encuentran un set atractivo, tomas de cámara diferentes, animaciones o gráficos que les hacen más digerible el contenido", apunta Lizandra.

La maestra confirma lo señalado por María: internet es "muy caro" y a los profesores les cuesta mucho estar siempre conectados para monitorear la evolución de sus estudiantes.

El anuncio del Ministerio de Educación de que las clases presenciales se deben retomar de manera gradual a partir del mes de noviembre y a los jóvenes les costará acostumbrarse a regresar a una actividad que han abandonado hace casi un año. "He hablado con otras madres y me dicen lo mismo"- explica Alina Moreno. "Tengo miedo de que la vuelta a la escuela sea complicado para una joven que lleva meses alejada de las aulas y de la rutina del aprendizaje".

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