El 'turista sexual' ya no va de príncipe azul

La prostitución ha dejado de ser un medio para huir de la Isla mediante el matrimonio y se reduce a la tradicional transacción económica

Las nuevas tecnologías, como los chats y las aplicaciones para citas, son muy usadas por los cubanos para acordar un encuentro con turistas extranjeros. (Chris Goldberg)
Las nuevas tecnologías, como los chats y las aplicaciones para citas, son muy usadas por los cubanos para acordar un encuentro con turistas extranjeros. (Chris Goldberg)

El pasado tiene muchas capas para María de la Caridad. En una de ellas es la feliz esposa de un italiano y en la otra una joven recién llegada a La Habana sin nada más que su propio cuerpo. En los años 90 fue de las primeras jineteras que aprovechó la liberación del dólar para ofrecer sus servicios. Hoy, viuda, abuela y radicada en la Isla cree que "el negocio ha cambiado y casi nadie busca un príncipe azul".

"Lo que yo hacía, como muchas otras jóvenes cubanas, era más un servicio de acompañamiento y pocas veces se decía directamente una tarifa", recuerda ahora en una conversación con 14ymedio en su apartamento de El Vedado, comprado hace unos años cuando decidió regresar a la Isla. La muerte de su esposo, un milanés que se enamoró de ella "en la primera salida", la llevó a tomar la decisión.

María de la Caridad cree que el negocio de la prostitución "se ha vuelto duro, directo, sin gracia" en la Isla. "Antes sabíamos distinguir cuando era un cliente que quería solo una noche del que podíamos acompañar durante todo su viaje en Cuba, establecer una relación y quizás terminar en un matrimonio. Pero ahora, desde el primer momento queda claro que es una transacción económica", distingue.

Las características del mercado cubano, donde tener dinero no significaba acceso a muchos productos o a mayor cantidad en el caso de los racionados, provocaron una mutación en la prostitución

El Gobierno mantuvo muy controlada la prostitución, que consideraba una lacra capitalista, mediante programas de reinserción social durante las primeras décadas de la Revolución, pero con el Período Especial se convirtió en una recurrente salida de la miseria.

Las características del mercado cubano, donde tener dinero no significaba acceso a muchos productos o a mayor cantidad en el caso de los racionados, provocaron una mutación en la prostitución. La "dama de compañía" buscaba los privilegios de generales, ministros y otros dirigentes.

A partir de los 90, amplias zonas de Cuba, como la playa de Guanabo al este de La Habana, se convirtieron en epicentro de jineteras y clientes a los que se veía ir y venir, a pesar del control policial. Fueron los años en que ellas, la mayoría de las veces, negociaban directamente con los turistas. Muchas terminaron casadas con extranjeros y emigraron.

"En Milán conocí a varias cubanas que habían vivido lo mismo y nos apoyamos mucho en esos primeros años", cuenta María de la Caridad. "En la medida que pasó el tiempo y fuimos haciendo familia, nos llamábamos a nosotras mismas las abuelas jineteras", explica con humor.

El panorama ha cambiado mucho desde los tiempos de María de la Caridad. La competencia es mayor con los pingueros, que ofrecen todo tipo de servicios a hombres y mujeres. Además, los proxenetas y la reclusión en casas de citas "complican su situación", opina esta cubana que a veces intercala palabras en italiano. "Ahora las mujeres tienen menos independencia y encontrar un buen marido es muy difícil en esas condiciones".

Los proxenetas y la reclusión en casas de citas "complican su situación", opina. "Ahora las mujeres tienen menos independencia y encontrar un buen marido es muy difícil en esas condiciones"

A pocos metros de su casa, dos jóvenes se preparaban este sábado para salir hacia la calle 23 a uno de los clubes estatales que son frecuente punto de encuentro entre prostitutas y clientes. Mara y Karla, nombres ficticios para este reportaje, tienen 17 y 19 años respectivamente. Ambas se conocen de los tiempos de la enseñanza media y la más joven está preparándose para este año entrar a la universidad.

Las dos jóvenes utilizan las nuevas tecnologías, como los chats y algunas aplicaciones de citas, para quedar con extranjeros que pasan ocasionalmente por La Habana. "Todo queda aclarado desde el principio y se establece un precio. Él sabe que no se trata de amor, sino de un poco de diversión, y para mí es un apoyo económico importante", explica Karla, quien lleva dos años en el "negocio".

"Un sector importante de las mujeres, educadas e instruidas, se marginaliza: muchas de ellas cuentan con un entrenamiento técnico o profesional y su biografía individual y familiar las colocaría en una posición más favorable en la vida social", explica la doctora en sociología Velia Cecilia Bobes. "Se observa también un cambio en los valores de los jóvenes, quienes empiezan a ver en la actividad de la jinetera un trabajo normal, un modo más de ganarse la vida y una estrategia de sobrevivencia ante la crisis".

Mara y Karla han logrado evadir, hasta ahora, a los proxenetas porque gestionan sus contactos directamente. "Pero muchas de las que están en este negocio prefieren tener más protección y contar con alguien que las represente, busque al turista y pueda ayudarla si la cosa se pone fea", opina.

"Un sector importante de las mujeres ("educadas e instruidas") se marginaliza: muchas de ellas cuentan con un entrenamiento técnico o profesional y su biografía individual y familiar las colocaría en una posición más favorable en la vida social"

El proxenetismo es uno de los principales delitos relacionados con el trata de personas y recurre, en la mayoría de los casos, a la violencia, la intimidación y las drogas para obtener beneficios económicos explotando, especialmente, a mujeres. "Por el momento me va bien sola y trato de no ponerme en situaciones de mucho riesgo", señala Karla.

El proxenetismo y la trata de personas están penados en la Isla, pero la prostitución es alegal. Las autoridades cubanas mantienen controles policiales, especialmente sobre las mujeres, a quienes multan o deportan si proceden de otra provincia. En casos peores, son internadas en granjas de trabajo para ser "reeducadas".

El sueño de Mara y Karla es ahorrar algo de dinero para salir del país, pero no creen que puedan salir como María de la Caridad, directamente a través de un cliente. "Lo único que quiero es que me paguen y se vayan porque no me imagino casándome con un hombre que sabe que me dedico a esto. Cuando salga de Cuba haré borrón y cuenta nueva y ya podré empezar a buscar una pareja por amor", explica la más joven. Karla asiente: "Esto es un negocio. No hay afecto ni planes para el futuro, se trata solo de sexo y dinero".

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