El avispero editorial se revuelve

El precio de algunos libros sigue alto
La Feria del Libro de La Habana. (14ymedio)

La edición en papel del semanario Vanguardia se ha atrevido a meterse con las avispas. En el artículo "¿Qué te compre el que no te conozca?", la joven periodista Laura Rodríguez Fuentes ha dicho unas cuantas verdades incómodas que de seguro levantarán muchas ronchas en el mundillo de las letras.

Según la periodista, "la pregunta que se hacen muchos es si las casas editoras realmente piensan en el público al que van destinadas sus publicaciones". Su respuesta, aunque implícita, es por supuesto que no, por lo que añade que "urge evaluar los planes editoriales y conocer a escala nacional las estadísticas por tema, género o autor publicado".

Después de admitir que "para nadie es un secreto la mala factura de algunos de nuestros impresos, exceptuando la literatura infantil", pasa a analizar las estrategias de mercado del libro cubano, demasiado centradas en las ferias del libro anuales, según aclara con no pocas razones.

“Una política editorial efectiva no puede estar enfocada hacia los escritores que quieren publicar porque sí, sino hacia quienes consumen el producto: los lectores”

Sin embargo, es con este párrafo que definitivamente hunde el palo en el avispero y lo revuelve sin piedad: "Una política editorial efectiva no puede estar enfocada hacia los escritores que quieren publicar porque sí, sino hacia quienes consumen el producto: los lectores".

Las editoriales santaclareñas, más que por sus dos competentes directores, Isaily Pérez y sobre todo Idiel García, de Sed de Belleza, son manejadas a su antojo por una claque de escritores establecidos, que son quienes deciden qué se publica o no. Y entre lo primero, claro, están sus libros: por tal de tener uno en el "plan" escriben cualquier cosa y de cualquier tema.

El hecho es que esta claque está más ávida de dinero que de difundir su obra. Emblemático es el caso de los recientes sucesos en Remedios. Allí, ante el no pago rápido de los derechos de autor correspondientes a la edición especial por el medio milenio de la villa, ciertos autores del municipio se comportaron de una manera no muy civil. Según trascendidos extraoficiales, la misma policía debió intervenir porque hasta piñazos volaron al aire en medio de una reyerta digna del peor solar habanero.

Al parecer a ninguno de los autores implicados le importaba mucho la trascendencia que una edición semejante significa, solo el vil metal y el evanescente instante.

Concluye Laura con la siguiente reflexión: "También debería percibirse un enlace entre las encuestas realizadas y la propuesta anual de las ferias. La producción no puede estar condicionada por favoritismos, sino avalada por las preferencias y necesidades del consumidor", con lo que no podemos estar más de acuerdo.

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José Gabriel Barrenechea

Vivo en Santa Clara desde donde leo, observo y escribo

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