Ausencia quiere decir olvido

A la mayoría de los políticos en ejercicio les gusta sacarse fotos mientras saludan a niños, conversan con obreros en una fábrica o visitan una zona de desastre. Esas imágenes vistas en infinidad de ocasiones no se traducen en un mejor ejercicio del Gobierno, ni siquiera en una verdadera preocupación, pero cumplen al menos con un ritual formal y público.

Hace más de dos semanas que el huracán Irma arrasó con innumerables pueblos del centro de Cuba, afectó las comunidades cercanas a la costa norte y dejó al litoral habanero bajo el agua. Desde entonces, Raúl Castro no ha ido a ninguno de los sitios afectados y no se le ha visto cerca de las viviendas que perdieron sus techos, las aceras donde se secan los muebles al sol o los albergues donde algunos se quedaron sin casas a las que volver.

En los primeros días de su ausencia, las especulaciones rondaban sobre la salud del octogenario y una posible indisposición para moverse hacia las áreas más damnificadas. Sin embargo, Castro ha tenido suficiente energía física para ir a recibir y despedir en el aeropuerto a Nicolás Maduro. Ha elegido hacerse la foto con el presidente venezolano antes que con la población maltratada por los vientos del meteoro.

Tras el paso del huracán Irma, Raúl Castro no ha ido a ninguno de los sitios afectados

La sensación que deja este alejamiento resulta contradictoria. Sus más acérrimos partidarios especulan que no quiere agregar gastos al presupuesto nacional con una visita más simbólica que efectiva. Otros, aseguran que está dejando que los funcionarios más jóvenes ocupen su espacio ante las cámaras y ganen visibilidad de cara al próximo 24 de febrero cuando abandonará la presidencia del país.

Sus críticos, sin embargo, hablan del hastío que ha embargado al General tras una secuencia de derrotas entre las que se cuentan las de no haber podido reunificar la moneda, disminuir la corrupción, dignificar los salarios para que se constituyan en la primera fuente de sustento económico o atraer la inversión extranjera. El cansancio se ha apoderado del líder del Partido Comunista a pocos meses de salir del poder.

Ahora ya es demasiado tarde para la foto junto a las víctimas. Incluso si hoy mismo Castro partiera hacia Esmeralda, Punta Alegre o Corralillo, no podría desprenderse de la duda de que su visita ha sido más fruto de las presiones que de su propio deseo. Una instantánea junto a una anciana de cuya casa solo queden los cimientos parecería un rotundo acto de populismo efectista, pero la falta de esa imagen lo hace verse como distante e indiferente.

Si va a donde Irma dejó un rastro de dolor pierde; si se queda en su palacio también pierde.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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