La simple historia de una manta de techo

Un día llegaron cargando rollos de papel de techo para impermeabilizar la azotea de este bloque de concreto donde vivimos más de un centenar de familias. Aquellos empleados estatales hicieron oídos sordos a las advertencias. "Aquí no necesitamos esa cobertura", les dijeron algunos vecinos. "Ningún apartamento tiene filtraciones cuando llueve", aclararon otros. Sin embargo, la instalación siguió su curso sin escuchar a los ciudadanos, como toda orientación "desde arriba".

No hubo manera de convencer a las autoridades de que este edificio multifamiliar, construido en los años del subsidio soviético, tenía otras urgencias. Las tuberías de agua han colapsado con el paso de los años y el pararrayos hace décadas que quedó inactivo. "Lo que hay es manta de techo y eso es lo que vamos a poner", sentenció el jefe del equipo de trabajadores que durante varios días laboraron sobre nuestras cabezas.

Poco después, la cobertura comenzó a romperse por varias partes. El agua de lluvia se acumuló debajo y, al no poder evaporarse al sol, se filtró hacia las casas. Los vecinos de los últimos pisos hemos sufrido todo tipo de problemas derivados de aquella torpe decisión. Cortocircuitos en las lámparas del techo, goteras y manchas amarillas que cada vez abarcan un área mayor en los techos. Lo que debió haber sido una solución, se ha vuelto un verdadero dolor de cabeza.

Ahora, la batalla de la comunidad es retirar las mantas, pero el autorizo para hacerlo no llega a la misma velocidad con la que hace algunos años unos burócratas ordenaron colocarlas. Los residentes más atrevidos han arrancado con sus propias manos los trozos que están sobre sus apartamentos, mientras que los más cautos esperan que llegue la orientación oficial.

Varias zonas de la azotea se han llenado de moho y han desarrollado grietas debido a la humedad, un daño que ahora cada vecino afectado deberá reparar con los recursos de su propio bolsillo

Durante los años que permanecieron tapadas, varias zonas de la azotea se han llenado de moho y han desarrollado grietas debido a la humedad, un daño que ahora cada vecino afectado deberá reparar con los recursos de su propio bolsillo.

A pocos metros, en la barriada de La Timba, varias familias llevan meses exigiendo que se les entregue papel de techo –a precios asequibles– para reparar sus viviendas. Con las lluvias de verano, sus casas "se mojan más adentro que afuera", aseguran. Algunos se han acercado a nuestro bloque de concreto para "conseguir" los trozos de la innecesaria cobertura que nos tocó en la lotería de la ineficiencia estatal.

La historia de esta manta o papel de techo es solo uno de los miles de absurdos con los que los cubanos estamos obligados a lidiar cada día. Una muestra de cómo se derrochan los recursos del país en tareas superfluas pensadas para rellenar cifras o cumplir metas irracionales mientras las verdaderas dificultades se soslayan u ocultan.

La inútil cobertura no solo ha dejado daños significativos en varios apartamentos, sino que ha lastimado aún más la apocada capacidad de decisión de una comunidad, un grupo de vecinos que ni siquiera cuenta con autonomía suficiente para retirar los trozos del error que quedan sobre nuestra azotea.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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