Los periodistas que hacen falta

Mi padre llegó a casa con una interrogante dándole vueltas. "¿Cuál es el delito del que acusan a varios deportistas cubanos en Finlandia?". Solo conocía la nota oficial firmada por la Federación Cubana de Voleibol, leída en el noticiero estelar del lunes y publicada por la prensa escrita. El texto no aclaraba la fechoría imputada, por lo que mi padre especuló: "¿Venta ilegal de tabaco? ¿Robo? ¿Escándalo público?".

La violación a una mujer, del que se presume responsables a los atletas, no aparece mencionada en la declaración, lo que constituye un acto de secretismo, escamoteo de la verdad e irrespeto a la audiencia. La prensa oficial actúa como si fuésemos niños pequeños de oídos frágiles a los que no se les puede mencionar ningún detalle escabroso. O peor aún, como si no nos mereciéramos saber la gravedad de las acusaciones.

Lo ocurrido vuelve a dejar en evidencia la camisa de fuerza que impide a los profesionales de la información desempeñar su trabajo dentro de los medios controlados por el Partido Comunista. Se trata de algo que muchos de ellos llevan con dolor y frustración, mientras que otros –más oportunistas– se aprovechan de la censura y hacen una labor mediocre o cómoda para el poder.

¿Por qué ningún corresponsal de Prensa Latina destacado en Europa ha viajado a Finlandia para reportar minuto a minuto lo que ocurre con los atletas de la Isla?

Lo ocurrido vuelve a dejar en evidencia la camisa de fuerza que impide a los profesionales de la información desempeñar su trabajo dentro de los medios controlados por el Partido Comunista

Omisiones de este tipo las sufrimos cada día en los medios nacionales. Esas ausencias, ya crónicas, desmienten los guiños que lanza Miguel Díaz-Canel, el primer vicepresidente cubano, cuando llama a hacer un periodismo más pegado a la realidad y sin autocensura. ¿Dónde está ahora ese funcionario para instigar a los reporteros a que investiguen y publiquen detalles sobre la suerte de los voleibolistas?

Es muy cómodo incitar a los periodistas a ser más atrevidos y llegado el momento orientarles que se vuelvan cautelosos o que guarden silencio. Tales dobleces se han repetido tanto a lo largo de las últimas cinco décadas que han extendido en el imaginario colectivo la idea de que la prensa es sinónimo de propaganda y un informador, un representante del Gobierno.

El daño infligido al periodismo cubano es profundo y sistemático. Repararlo llevará tiempo, un marco de respeto a tan honrosa profesión e, incluso, la aparición de una generación de informadores que no esté marcada por los "vicios" de la actual academia periodística cubana. Esos jóvenes, sin compromisos con el poder, son la única esperanza que nos queda.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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