¿Cómo se domestica a un informático?

Una usuario del portal Revolico . (Silvia Corbelle/14ymedio)
Una usuaria del portal Revolico . (Silvia Corbelle/14ymedio)

Dedos ágiles sobre el teclado, una vida divida entre la realidad y el entorno digital, más la gratificación de divertirse, aprender, enseñar y ser libres a través de la tecnología. Son algunos de los puntos que compartimos quienes en Cuba nos hemos vinculado a las TIC (tecnologías de la información y de la comunicación), ya sea por cuestiones profesionales o por simple pasión personal. Ahora, una nueva asociación intenta cobijar a estos entusiastas de los circuitos y las pantallas, aunque la entidad en gestación propone tantos límites a la autonomía como ataduras ideológicas.

La nueva Unión de Informáticos de Cuba (UIC), disfrutará del reconocimiento oficial que le ha faltado hasta ahora a grupos independientes de blogueros, gamers y programadores. Tendrá sus estatutos, código ético y los miembros contarán con respaldo y visibilidad a través de su estructura. No es de dudar que en el próximo evento internacional, a la manera de la Cumbre de las Américas, donde se presente la "sociedad civil" progubernamental, pues también vayan los recién afiliados a la UIC.

Si los promotores de estas actividades, en cualquier lugar del mundo, quieren saber cómo se engendra una pretendida organización no gubernamental, deberían prestar atención a los detalles de la génesis de la nueva entidad que aglutinará a cubanos relacionados con las nuevas tecnologías. Se trata de una excelente oportunidad no para ver "nacer una estrella", sino para presenciar cómo se crea el agujero negro en el que se tratará de engullir a uno de los fenómenos más trepidantes, libres y paralelos al poder que hay en la sociedad cubana de hoy.

Se tratará de engullir a uno de los fenómenos más trepidantes, libres y paralelos al poder que hay en la sociedad cubana de hoy

El proceso de inscripción para la UIC estará abierto hasta el próximo 15 de julio. Los aspirantes tendrán que presentar la planilla de inscripción, una fotocopia de su título académico y firmar la carta de aceptación de los proyectos de Estatutos y Código de Ética, que deben descargarse previamente de la página web del Ministerio de Comunicaciones. Sorprende que a estas alturas el comité organizador surgido en el congreso constituyente de la entidad –a pesar de sus innegables capacidades tecnológicas– no tenga un sitio digital propio. Hubiera sido necesario un portal civil que no incluyera el .gob.cu en su dirección de internet, pues esto identifica a los sujetos gubernamentales... no a las ONG.

La UIC se autodefine como una organización con perfil profesional, con una filiación voluntaria y a la vez selectiva, creada al amparo del artículo 7 de la Constitución de la República de Cuba. Una mirada a esa parte de la Carta Magna aclara que se trata de aquellas organizaciones que "representan sus intereses específicos y los incorporan a las tareas de la edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista". Como si esto fuera poco, la presidenta del comité organizador, Allyn Febles, quien es además vicerrectora de la Universidad de Ciencias Informáticas, declaró a la prensa que "la nueva organización tiene como base la unidad de sus miembros en el apoyo al proyecto social de la Revolución Cubana".

Un intento, sin dudas, de ponerle color político a los kilobytes, los tuits y las apps. Cómo si sintieran la necesidad de marcar los límites de las tecnologías a partir de considerandos partidistas. ¿Por qué son tan burdos? ¿Por qué no es posible crear una Unión de Informáticos Cubanos dedicados a enseñar a la población a usar las herramientas que le permitan acceder más libre y fácilmente a las nuevas tecnologías? ¿Por qué entre el teclado y el espacio de las redes sociales se tiene que interponer, no digamos ya la ideología, sino una ideología en particular, sectaria y excluyente?

Las restricciones no terminan ahí. En su introducción, el código de ética define a priori a los informáticos como "comprometidos con nuestra Revolución socialista...", mientras que su artículo 3 impone que hay que mantener una conducta "acorde con las normas y principios de nuestra sociedad socialista". La situación empeora, pues en el artículo 12 del propio código se impone a los miembros de la UIC la obligación de delatar a otros colegas que incurran en faltas. Más que una entidad para preservar los derechos de los entusiastas de las tecnologías, se está creando el cuerpo de vigilancia para controlarlos.

Se espera que los miembros de la UIC sean intolerantes antes que informáticos, soldados antes que internautas

Como un fantasma del pasado regresa en la planilla de solicitud de ingreso a la UIC, la casilla de "integración política", donde el aspirante debe marcar al lado de oganizaciones como el Partido Comunista, la Unión de Jóvenes Comunistas o... la Federación de Mujeres Cubanas, los Comités de Defensa de la Revolución y la Central de Trabajadores de Cuba. Lo cual contradice a los propios voceros oficiales que se desgañitan en decir que estas tres últimas no son entidades políticas sino civiles. ¿En qué quedamos?

La parte amable de los documentos fundacionales de la UIC es cuando advierte que "trabajará para favorecer la creación de un clima de creación científica y técnica y de elevación del nivel profesional de sus miembros y de permanente actualización tecnológica, propiciará la identificación y el registro del conocimiento de sus asociados y su preparación e idoneidad para acometer proyectos concretos, así como en la identificación de oportunidades de impacto para el desarrollo económico del país y la exportación de bienes y servicios, y por esta vía contribuir a la elevación del bienestar de sus asociados."

Pero ¿por qué para recibir esos innegables beneficios hay que dar muestras de obediencia y de lealtad política? La respuesta es sencilla: porque se espera que los miembros de la UIC sean intolerantes antes que informáticos, soldados antes que internautas... censores antes que jóvenes que juguetean con el código binario.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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