¿Caballos o esclavos?

Los caballos caen exhaustos por el peso con que cargan y las temperaturas que deben soportar. (14ymedio)
Los caballos caen exhaustos por el peso con que cargan y las temperaturas que deben soportar. (14ymedio)

A veces da la impresión de que en Cuba, cuanto más se esclavice y golpee a un caballo, mejor se sienten muchas personas. A pesar de tantos textos que circulan en las redes y reclamos públicos para que se haga algo contra el maltrato sistemático al que son sometidos muchos de estos animales, las autoridades no ofrecen respuestas ni promueven la necesaria legislación que les brinde mayor protección.

Los más afectados son los caballos, que tiran de una carreta de carga de pasajeros y sobre la que se pueden subir entre ocho y 12 personas. Para la gran mayoría de los que conducen este tipo de vehículos, poco importa que el equino esté agotado o sean las dos de la tarde y el sol contribuya a su agotamiento físico. Por ganar un poco más, no son pocos cocheros los que propinan golpes al animal para que no se detenga y continúe con su pesada carga.

En la ciudad de Camagüey estas escena se ven a diario, hasta el punto de que se ha vuelto frecuente ver a los caballos caer exánimes y morir en plena calle después de un esfuerzo extremo.

Los animales "pueden ser víctimas de infartos mortales, anemia, desgaste físico a temprana edad, disnea y sudoraciones acompañadas de temblores, entre otros

Erick, un médico veterinario que ejerce su oficio en el local estatal del Camino la Matanza en esta ciudad, considera que a muchos tampoco les dan "la debida alimentación y descanso" por lo que "pueden ser víctimas de infartos mortales, anemia, desgaste físico a temprana edad, disnea (dificultad respiratoria o falta de aire) y sudoraciones acompañadas de temblores, entre otros padecimientos".

Sin embargo, la responsabilidad no recae solo en los cocheros y los propietarios descuidados. Las entidades como el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) conocen al dedillo el maltrato que sufren miles de caballos a lo largo del territorio nacional, pero poco hacen para detener tan nefasta realidad.

Ironías de la vida, por otro lado ha aumentado la cantidad de inspectores y policías que viven pendientes de si el coche de caballos tiene frenos, el dueño lleva la licencia o ha colocado el saco donde caen las heces del animal. Pero ninguno se fija si el caballo reúne las condiciones físicas y de salud para hacer ese trabajo.

¿Cuántos años habrá que esperar para que se apruebe en Cuba una ley de protección animal? El gran reto que tenemos por delante no es solo ponerla sobre el papel, sino hacerla cumplir.

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