El Palacio Goytisolo, una joya de Cienfuegos a punto de desaparecer

El palacio Goytisolo de Ciefuegos
El palacio Goytisolo de Ciefuegos

Uno de los mayores tesoros de Cienfuegos, el Palacio Goytisolo, yace en ruinas en medio de la desidia oficial por rescatar ese edificio emblemático en una ciudad declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2005.

Declarado monumento local, el Palacio Goytisolo, o La Catalana, como también se le conoce, fue mandado a edificar por Agustín Goytisolo Lezazarburu, un vizcaíno nacido en 1812 que llegó a Cuba en busca de oportunidades en la década del 30 del siglo XIX.

Conocido por su fama de hábil comerciante, para 1870 se había convertido en un rico empresario producto de los cientos de esclavos que poseía en las plantaciones cañeras, tanto de la Hacienda Simpatía como el ingenio Lequeito y el San Agustín.

Hacia 1847, apenas 28 años después de la fundación de la villa Fernandina de Jagua, que hoy se conoce como Cienfuegos, la familia Goytisolo adquirió un solar en la calle Santa Elena esquina con la de D' Clouet, destinado a la edificación del inmueble, que fue concluido en 1858.

Se le consideraba un ejemplo de edificación barroca y una de las construcciones más importantes de casa-almacén en el siglo XIX. Con 25 varas de fondo y 40 de profundidad, constaba de sótano y patio central. Entre los elementos arquitectónicos que podían hallarse en el inmueble está la exquisita reja que cierra en el frente a la calle Santa Elena y parece haber sido la puerta de la cochera.

El palacio se ha convertido en un cascarón vacío que languidece desde que en 2005 fue declarado inhabitable. La Revolución lo convirtió en una vivienda multifamiliar

Tenía vitrales de colores en el primer piso, y en los locales del fondo, aparentemente para el almacenaje. También contaba con vigas ricamente decoradas, en el segundo piso, en sus pavimentos, losas de Málaga y mosaicos de Bremen, ladrillos y vistosas taraceas de mármol.

No queda nada del anterior esplendor. El palacio se ha convertido en un cascarón vacío que languidece desde que en 2005 fue declarado inhabitable. La Revolución lo convirtió en una vivienda multifamiliar. Una de esas "cuarterías", en las que una casa "abandonada" por su dueño, que huía del nuevo sistema imperante, se repartió en pequeños locales en que cohabitaban decenas de personas.

Después del robo indiscriminado de lo que fue un exquisito edificio decimonónico, solo quedan ruinas. Los vecinos levantaron los pisos de mármol, cortaron y revendieron las rejas. Incluso se vendieron los ladrillos de extraídos a punta de sacrílego cincel. Hasta una carpintería surgió, alimentada por las vigas del entrepiso.

Las autoridades locales han argumentado a favor de la demolición de la edificación, pero se opuso la Oficina del Conservador de la Ciudad. En 2012, se derrumbó parte del muro y del ventanal de la edificación. Desde entonces, el conteo regresivo hacia la destrucción total se ha puesto en marcha.

La declaración de Monumento Local de nada le ha valido. La Catalana se ha convertido en una preocupación constante de estudiosos de la historia local que saben que de no acometerse alguna restauración se estaría enviando un peligroso mensaje para la preservación del patrimonio de la nación. Nada se podría entonces frente al paso indiscriminado del tiempo y la desidia de los gobernantes.

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