La casa, el lugar sagrado para defender la libertad

Rafael Almanza durante la celebración del último encuentro de la Peña del Júcaro Martiano. (Henry Constantin)
Rafael Almanza durante la celebración del último encuentro de la Peña del Júcaro Martiano. (Henry Constantin)

Este sábado tuvo lugar La Peña del Júcaro Martiano, un evento organizado por el escritor Rafael Almanza, que recibe en la sala de su casa de la calle Rosario, en Camagüey, a amigos y desconocidos y que durante veinte años se ha erigido en el encuentro no oficial más importante de la ciudad.

En esta ocasión, La Peña estuvo a cargo de Mario Ramírez y la audiencia pudo disfrutar de la obra audiovisual Última cinta y del corto The Big Dreams, además de una lectura comentada y la presentación de la revista Upsalón. Al terminar el evento, Almanza habló con 14ymedio.

Pregunta. ¿Cómo y cuándo surgió la peña del Júcaro?

Respuesta. Se fundó en mayo de 1995, por un esfuerzo que hicimos tres intelectuales camagüeyanos para conmemorar de forma independiente el centenario de la muerte de Martí. Nos sentíamos muy avergonzados de lo que ocurría en el país y de los homenajes oficiales, de manera que hicimos una especie de ceremonia que nos permitiera respirar como individuos, aliviar la culpa que teníamos y que seguimos teniendo.

"Llevamos veinte años con un foro independiente para el conocimiento y la divulgación del pensamiento de Martí"

P. ¿Y cuál fue esa manera particular de conmemorar?

R. Decidimos sembrar tres júcaros simbólicos en honor al Apóstol, recordando una leyenda que recogió Froilán Escobar en su libro Martí a flor de labio, según la cual, días antes de morir, Martí estuvo sentado en un júcaro que posteriormente fue talado por un terrateniente. Los campesinos se indignaron y llegaron a velar al árbol talado como si fuera un muerto.

El tercer júcaro lo sembramos en el patio del convento de La Merced, en presencia del obispo Adolfo Rodríguez Herrera. Desde ese momento empezamos a celebrar la peña sistemáticamente. Ha sido siempre un foro popular, no académico. Un espacio para que quienes quieran decir algo sobre Martí tengan la posibilidad de decirlo sin trabas, sin limitación. También es una peña para hablar, en el espíritu martiano, acerca de todos los problemas de nuestro país.

P. ¿Cuál es el formato del encuentro?

R. Una, dos, tres ponencias que no están bajo control de los organizadores y en las que las personas dicen lo que quieren. Luego hay un debate en el que participamos todos. Esto se ha realizado sin interrupción año tras año desde 1995. Así que llevamos veinte años con un foro independiente para el conocimiento y la divulgación del pensamiento de Martí. Un espacio para la reflexión sobre su pensamiento y sobre otros asuntos de la cultura cubana. Con una atmósfera de libertad y de fraternidad garantizada para el ciudadano.

"Al principio estábamos aterrados, porque en el año 1996 yo estuve detenido por hacer esta peña, eso no les gustó a las autoridades, sin embargo lo hemos seguido haciendo"

P. ¿Los tropiezos?

R. Las primeras cinco peñas se celebraron en el convento de La Merced, pero desgraciadamente no todos los católicos son martianos. No todos tienen amor por la libertad. Allí había mucho miedo de las cosas que los ciudadanos decían abiertamente, y en determinado momento los conflictos fueron tan agudos que no hubo más remedio que trasladar la peña a la sala de mi casa. Al principio estábamos aterrados, porque en el año 1996 yo estuve detenido por hacer esta peña, eso no les gustó a las autoridades, sin embargo lo hemos seguido haciendo.

P. ¿Un espacio de libertad en la sala de una casa?

R. Este es el lugar óptimo para hacer este tipo de trabajo, porque el cubano tiene una agorafobia, un odio al espacio público que no ha sabido conquistar nunca. Ha habido falsas conquistas del espacio público, pero no un verdadero sentimiento popular de que la calle, el espacio público, las instituciones son suyas y no de un poder extraño, que puede ser tanto el Estado como una iglesia determinada. Yo creo que aquí en mi casa la peña está bien. Para el cubano la casa es un lugar sagrado. El único lugar sagrado que le queda es la casa y la familia. Para defender los valores de Martí, que están en crisis no solo con los comunistas sino también con los liberales, no hay un lugar más idóneo que la casa de un martiano para defender su pensamiento, la libertad y la fraternidad de los cubanos.

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