Más que sombras

cangrejo.
La compañía dibuja la sombra de un cangrejo durante su espectáculo en el Teatro Nacional. (Luz Escobar/14ymedio)

A las afueras del Teatro Nacional de La Habana el sol reventaba los colores de tan intenso, pero dentro del local un universo de sombras cautivaba a niños y adultos. Abarrotada de público, la Sala Covarrubias albergó este martes el espectáculo del elenco japonés Kageboushi Theatre Company. Con familias enteras sentadas en los pasillos a falta de espacio en las butacas, los espectadores disfrutaron de impresionantes efectos y conmovedoras historias.

El aplauso inicial, como aquel que se brinda a un viejo conocido, fue la antesala del milagro de siluetas que se desarrolló frente a los ojos de las más de mil personas que se apretaban en el lugar. Muchas de ellas estaban enteradas del trabajo de esta agrupación japonesa gracias a los programas televisivos donde se han transmitido algunas de sus presentaciones. Sin embargo, las dos funciones gratuitas que Kageboushi ha programado en La Habana superan con creces la experiencia de ver a estos hábiles actores en la pantalla chica.

Con casi cuarenta años de experiencia, la compañía ha creado 22 obras en colaboración con 16 países de varios continentes. Su conocido virtuosismo había alimentado las expectativas previas a la llegada a la capital cubana. Varias horas antes de la función de este martes, una larga fila crecía por minutos frente al céntrico teatro, motivada por la curiosidad, la gratuidad del espectáculo y las pocas opciones recreativas para niños que ofrece la ciudad durante las vacaciones escolares.

Pasados los empujones por entrar y la angustia de no alcanzar localidad, finalmente de la penumbra brotaron formas, cuerpos, animales formados con la sombra de brazos, piernas, manos; una cosmogonía de figuras en movimiento que muchos quisieron captar con sus cámaras o teléfonos móviles.

Tres cuentos populares de Japón conformaron el espectáculo, dos de los cuales usaron la técnica del títere plano con fondos dibujados

Tres cuentos populares de Japón conformaron el espectáculo. Los dos primeros con la utilización de la técnica del títere plano con fondos dibujados, que permitieron contar la historia de La grulla agradecida, con música en vivo, y de El árbol del Mochi. Para finalizar, la pieza ¡Qué levante la mano quien quiera divertirse! potenció al máximo la expresividad del cuerpo de los actores.

Al concluir la función, los integrantes de la compañía llamaron a algunos niños al escenario para que ellos mismos crearan sus sombras. El público se convirtió en protagonista de una obra que conjugaba una divertida ingenuidad con el descubrimiento de una técnica sencilla y milenaria. Una ovación cerrada recorrió la sala.

Como gesto de agradecimiento, el director artístico y titiritero Rubén Darío Salazar subió al escenario y entregó a la agrupación nipona un réplica del títere cubano Pelusín del Monte. Salazar intentó destacar la necesidad de recuperar tradiciones artísticas de raigambre popular y traer de vuelta a los niños a la magia del teatro en estos tiempos en los que los videojuegos y las pantallas de los teléfonos móviles demandan tanta atención de los pequeños.

Entonces se encendieron las luces y a la salida de la Sala Covarrubias el sol parecía cansado ya de intentar iluminar las sombras.

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