Félix Guerra, un escritor abducido por las utopías

Hablamos de periodismo y literatura con el autor de dos controvertidos libros en torno a la figura de 'Che' Guevara

El escritor Félix Guerra. (14ymedio)
El escritor Félix Guerra. (14ymedio)

Félix Guerra inició su aventura con el periodismo para no ser militar. Así se lo confesó a sus dirigentes de la Juventud Socialista Popular, que en 1959, con apenas 20 años le pidieron que entrara al Ejército Rebelde como comisario político.

Este sábado, el escritor de 78 años abrió las puertas de su modesto apartamento en el municipio habanero de Regla para conversar con 14ymedio sobre literatura, periodismo y utopías.

Pregunta. ¿Cómo fue su formación en los primeros años de vida?

Respuesta. Mi padre era un viejo comunista y ateo que me daba a leer libros de Marx, Lenin, Trotsky y Proudhon, mientras que mi madre siempre fue una ferviente creyente. Un día, él lanzó por la ventana la imagen de la Virgen de la Caridad que ella adoraba. Pero mi mamá lo desafió y la volvió a colocar en su lugar. La admiración que sentía por ambos me condujo a una visión propia de la vida y me salvó de caer en ningún tipo de intoxicación ideológica.

P. ¿Esa manera propia de pensar se fue haciendo más pronunciada con los años?

"Sigo admirando a Carlos Marx como persona y como pensador, pero se han cometido tantas barbaridades en su nombre que me salgo de esa estrecha gaveta"

R. Fui asumiendo una visión menos candorosa de las relaciones humanas y de la ideología. Me volví más perspicaz, menos ingenuo. A estas alturas debo confesar que ya no me siento marxista, aunque siga admirando a Carlos Marx como persona y como pensador, pero se han cometido tantas barbaridades en su nombre que me salgo de esa estrecha gaveta.

P. ¿Y cuando aparece el escritor?

R. El escritor siempre estuvo allí, escribiendo poemas para enamorar muchachas ‒algunos apócrifos‒ pero mi primera noveleta es La Muerte de Zacarías, que se publicó en 1995 y cuenta la historia de unos alzados en la península de Guanahacabibes. Siempre tuve el instinto de escribir, eso que algunos llaman "un don", pero la conciencia de ser escritor la adquirí haciendo periodismo.

P. Usted es identificado como un especialista en Ernesto Guevara. ¿Se siente un guevarista o un guevarólogo?

R. Mi firma aparece en dos libros sobre Guevara en coautoría con Froilán Escobar. Che, sierra adentro, un testimonio que en 1970 se convirtió en el primer libro sobre su persona, y El año que estuvimos en ninguna parte, la guerrilla africana del Che Guevara, publicado con la participación de Paco Ignacio Taibo II. Pero no soy un guevarista. El Che aportó un ícono al siglo XX como Marilyn Monroe o Elvis Presley. El suyo es el del guerrillero caído en combate por los ideales en que creía. Por eso lo respeto.

P. Una figura rodeada por la controversia, mientras unos lo ven casi como un santo, otros lo definen en los peores términos...

R. Hay que decir que los éxitos militares del Che son menos que sus fracasos. También cometió errores en el terreno de la economía. Algunas de sus afirmaciones, como esa de que "el cuadro es la columna vertebral de la Revolución" me parecen erróneas, porque es la visión burocrática de la Revolución. También dijo que el revolucionario debía convertirse en una fría máquina de matar y eso resulta ahora inaceptable. Tuvo la suerte de morir sin ejercer el enorme poder que pudo haber alcanzado.

"El 'Che' Tuvo la suerte de morir sin ejercer el enorme poder que pudo haber alcanzado"

P. ¿Es cierto que su libro Che, sierra adentro tuvo problemas?

R. Algunos burócratas del partido entendieron que a Froilán y a mí se nos había ido la mano en eso de humanizar al "guerrillero heroico". Nos acusaban también de que en el texto había demasiado Che y poco Fidel. Ellos querían que hiciéramos un santo de madera y nosotros nos negamos, como me niego hoy a demonizarlo. Finalmente salió con un solo capítulo censurado, en el que contábamos los amoríos de Guevara en la Sierra Maestra.

P. También El año en que estuvimos en ninguna parte ha sido visto como un libro conflictivo.

R. Froilán y yo iniciamos la investigación en Cuba y los principales elementos nos lo dio el comandante Víctor Dreke, que estuvo con el Che en el Congo. Contamos también con el testimonio de Freddy Llanga, un congolés que terminó haciéndose médico en Cuba y que fue su traductor en aquella aventura africana; y, lo más importante, tuvimos acceso al diario del Che en el Congo.

P. ¿Cómo consiguieron acceder al diario?

R. Eso mismo me preguntaron unos altos oficiales de la Seguridad del Estado, pero todavía es un secreto que no he contado ni puedo contar.

"Algunos burócratas del partido entendieron que a Froilán y a mí se nos había ido la mano en eso de humanizar al "guerrillero heroico". Nos acusaban también de que en el texto había demasiado Che y poco Fidel"

P. ¿Y qué papel jugó en esa obra el mexicano Paco Ignacio Taibo II?

R. Cuando teníamos casi todo concluido nos dimos cuenta de que no contábamos con una editorial. De hecho, no teníamos ni un teléfono para llamar y aún arrastrábamos el estigma de "el libro que no se merecía el Che", que llegó a publicarse borrando nuestros nombres. Taibo vino a Cuba a dar un curso y enseguida se dio cuenta de que teníamos un buen filón. Nos propuso ir a México y puso a nuestra disposición su computadora además de bibliografía sobre Che que no conocíamos. Su aporte más valioso fue el título, pero en realidad su papel fue de productor, aunque de hecho cargó con el mérito de aparecer como el autor principal.

P. El nombre suyo ni siquiera aparece en el Diccionario de Literatura Cubana editado en 1975. ¿Cree que se reconocerá su trabajo en una futura edición?

R. En Ecured, la enciclopedia digital cubana más actualizada, sale hasta el gato Félix, pero yo no aparezco. Si un día me incluyen en un nuevo diccionario, mi ficha debería decir que Félix Guerra fue un hombre abducido por las utopías.

Imprimir

  • Facebook Like:
  • Google Plus One:
  • Tweet:
  • Tumblr:
  • Compartir:

Comentarios 9