Rafael Rojas: "El régimen busca para 2018 un relevo generacional sin democratización"

El historiador Rafael Rojas. (Rodolfo Valtierra/cortesía)
El historiador Rafael Rojas. (Rodolfo Valtierra/cortesía)

Rafael Rojas (Santa Clara, 1965) acaba de publicar en México, donde reside desde hace veinte años, una Historia mínima de la revolución cubana (El Colegio de México-Turner). En menos de 200 páginas, el historiador recoge los acontecimientos en la Isla entre 1952, cuando se instaura la dictadura de Fulgencio Batista, y 1976, fecha de la Constitución que establece la Asamblea Nacional del Poder Popular, cuando él considera institucionalizado el proceso de cambio que inicia en 1959, con una breve introducción de lo que fue Cuba desde su declaración de independencia.

No solo de este pasado conversó Rojas con 14ymedio, sino también del presente y del posible futuro de la Isla.

Pregunta. Este libro sirve para desmitificar determinados episodios magnificados por la propaganda revolucionaria y para recuperar otros que quedaron enterrados. ¿Qué momentos "desmitificadores" subrayaría?

Respuesta. Yo empezaría con la visión del antiguo régimen, totalmente negativa, que ha transmitido la historia oficial: la de una nación neocolonial, que no tiene soberanía, que es pobre, subdesarrollada, atrasada, autoritaria... durante un lapso que cubre casi medio siglo, sin distinción de periodos. El primer capítulo del libro es precisamente una reconstrucción de la Cuba anterior a la Revolución, que habla de los altos índices de crecimiento económico; de los altos índices sociales, incluido el altísimo índice de alfabetización que había comparado con otros países latinoamericanos; el gran desarrollo del consumo per cápita y también el desarrollo cultural y político. A su vez, los elementos de soberanía que había en el Estado cubano.

"El primer capítulo es una reconstrucción de la Cuba anterior a la Revolución, que habla de los altos índices de crecimiento económico y sociales"

Creo que es importante siempre destacar el grado de autonomía que llegó a tener en relaciones internacionales. Por ejemplo, los Gobiernos auténticos, posteriores a la Constitución del 40, crearon una alianza con Gobiernos latinoamericanos inscritos en lo que se llama el "nacionalismo revolucionario", muy en la tradición mexicana. Era una política exterior que no estaba subordinada a la política de Estados Unidos. Eso contradice al propio canciller Bruno Rodríguez, cuando dijo en Washington que " Estados Unidos y Cuba no han tenido una relación normal nunca". Ahí habló de la Enmienda Platt, que dijo fue impuesta por una ocupación militar, pero no: la aprobó el Congreso cubano en 1901. Tampoco mencionó, como hacía Fidel Castro tradicionalmente en sus discursos, que esa enmienda fue derogada en 1934 como consecuencia de una revolución nacionalista en el 33, que crea, a su vez, una democracia bastante avanzada para América Latina. Yo rescato eso: la Constitución del 40, el Código Electoral del 43, que es muy avanzado también, y toda la política social de los Gobiernos auténticos, incluso el primer Gobierno de Batista.

P. Además de la pluralidad de partidos y en la prensa...

R. Lo de los medios es fundamental. No hubiera caído la dictadura de Batista sin la intervención decisiva de los medios de comunicación y de la opinión pública. La revista Bohemia era la más leída en Cuba y además circulaba en América Latina. En ella se le hizo una defensa a Fidel Castro tremenda cuando estaba preso en Isla de Pinos y aun después.

P. Otra cosa que ha quedado olvidada: que al principio de la Revolución todavía había opinión libre.

R. Yo diría que los dos primeros años. A finales de 1960 viene la estatalización de los medios, aunque hay algunos que subsisten, como El Mundo o Revolución, hasta 1965, cuando se crea el Granma y se eliminan los demás periódicos.

P. Algo muy impactante del caso cubano es cómo logró ponerse en el centro del mundo.

R. En el centro de la Guerra Fría. Una cosa totalmente deliberada. La audacia de los dirigentes revolucionarios en Cuba al colocar esa isla del Caribe hispano a unas millas de Estados Unidos en el centro de la Guerra Fría por medio de la alianza con el campo socialista... ¡Es toda una operación! Y que somete a Cuba a todas las tensiones posibles de la Guerra Fría, con todas las consecuencias desastrosas.

"La audacia de los dirigentes revolucionarios al colocar esa isla del Caribe hispano a unas millas de Estados Unidos en el centro de la Guerra Fría..."

P. ¿Qué habría sido del continente entero de no haber tenido ese bastión ahí, que irradiaba y sigue irradiando hasta hoy?

R. Yo creo que la historia de Cuba habría sido bastante distinta. Se hubiera encaminado hacia un régimen con elementos autoritarios, como toda Revolución, pero habría sido muy difícil que se creara un partido único. Seguramente un partido hegemónico, tipo PRI, pero no único, y habría habido mayores libertades públicas. Por no hablar del desarrollo económico cubano, que hubiera seguido su curso, que venía desde los años cuarenta.

P. Usted es un gran partidario del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, y eso ha provocado opiniones encontradas, sobre todo dentro del exilio en Miami. ¿Qué cree que va a pasar ahora?

R. Para empezar, desde un punto de vista estrictamente de las relaciones con Estados Unidos, la normalización no implica, a mi entender, un reforzamiento o una legitimación acrítica, sin tensiones, sin conflictos, del régimen cubano. Yo creo que lo que implicará es que la política tradicional de Estados Unidos hacia Cuba cambie de sentido, de método, sin perder ciertas premisas básicas, como la defensa de la democracia, el rechazo a la violación de los derechos humanos o el rechazo a la represión. O sea, no creo que Estados Unidos se deshaga de esas premisas de su política exterior. Eso no quiere decir que con la apertura de embajadas se logre automáticamente una transición a la democracia. Yo creo que eso es una visión un poco magnificada.

En cuanto a la cuestión económica, el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos reforzará los elementos de capitalismo de Estado que se han estado creando en Cuba y consolidará una nueva clase económica que, como sabemos, está muy imbricada con los sectores militares. De eso no tengo ninguna duda: esa casta militar empresarial se refuerza con el restablecimiento de relaciones. Pero también podría ser un elemento que incentive la emergencia de una pequeña y mediana empresa privada y con capital nacional que no esté totalmente subordinada a la casta militar empresarial. A la vez, yo creo que este restablecimiento de relaciones y la integración de Cuba a la comunidad internacional activarán mucho más la sociedad civil de la Isla.

"Con la apertura de embajadas no se logra automáticamente una transición a la democracia. Eso es una visión un poco magnificada"

P. ¿Y por parte del Gobierno? Habrá gente en el Partido que ya esté pensando en qué va a pasar después.

R. De hecho, ya está previsto en el calendario político oficial la idea de una sucesión de poderes, en febrero de 2018. Raúl lo ha dicho muchas veces: él abandona la presidencia entonces, y ha dicho que la sucesión tendría que darse favoreciendo a las nuevas generaciones. Quiere decir que vendría un relevo generacional en la alta jefatura del Estado, sin una democratización del sistema político. El régimen seguirá siendo el mismo desde el punto de vista institucional: partido único, control de los medios de comunicación, control de la sociedad civil, penalización de la oposición –por este estatus de ilegitimidad que tiene la oposición que justifica, por las leyes y el código penal– todas las golpizas, los repudios, los atropellos, los encarcelamientos temporales... Todo eso que vemos los fines de semana.

Pero ahí es donde intervienen los otros actores: hay una oposición real en Cuba, hay una sociedad civil que puede ganar autonomía y hay una comunidad internacional que no se desentiende de la violación de los derechos humanos. Empezando por el propio Departamento de Estado: en su último informe global sobre los derechos humanos las críticas a Cuba son durísimas, y en las notas diplomáticas que han intercambiado los dos Gobiernos durante toda la negociación han salido mencionados casi todos los casos de represión, desde la golpiza a Antonio Rodiles al acoso a las Damas de Blanco, pasando por El Sexto. Eso no va a desaparecer; el Departamento de Estado estará en mejores condiciones de negociar con sus aliados una política de derechos humanos más efectiva hacia Cuba.

"Hay sectores del Gobierno, del Estado y del Partido que han estado relacionándose con intelectuales reformistas en los últimos años"

P. ¿Se ve alguna figura dentro del Gobierno que pueda liderar una transición hacia la democracia?

R. Por ahora no se ve, pero evidentemente hay sectores del Gobierno, del Estado y del Partido que han estado relacionándose con intelectuales reformistas en los últimos años y que han mostrado simpatías por algunos proyectos de reforma. Por ejemplo, una reforma que conduzca a una nueva ley de asociaciones, que permita un desarrollo mayor de organizaciones no gubernamentales o de asociaciones autónomas, que yo creo que favorecería a la oposición. O una nueva ley electoral que elimine las comisiones de candidatura y que permita que candidatos verdaderamente independientes, al margen de las instituciones del Estado, puedan presentarse a las elecciones y logren un lugar en la Asamblea Naciona. Claro, no son figuras que se perfilen desde una posición abiertamente reformista, porque la reforma política sigue siendo en buena medida un tabú dentro del régimen y es algo que podemos decir es deliberadamente postergado por el Gobierno de Raúl Castro.

Ahora, me parece que veremos diversificarse a la propia clase política gobernante, sobre todo después de 2018.

P. ¿Cómo se integrará el exilio en este proceso de normalización?

R. Es muy difícil responder la pregunta. Hay un sector del exilio, el que ha estado más integrado a las asociaciones e instituciones políticas de Estados Unidos, que se siente traicionado por el Gobierno de Barack Obama. A la vez hay otros sectores que no van por esa línea. Muy probablemente también en el exilio veamos una diversificación.

"La campaña de difamación del Gobierno contra la oposición caló en una parte de la población"

Mi crítica fundamental es que a mi juicio, lamentablemente, un sector de la oposición interna con frecuencia se subordina a esa agenda de resistencia al restablecimiento de relaciones. Y después sí pienso, a diferencia de colegas en Miami, que la oposición es minoritaria. La gran mayoría de la población cubana en efecto tiene elementos de desencanto por las posiciones oficiales del Gobierno cubano, y mayoritariamente está deseosa de una conexión mayor con el mundo –el sondeo de Bendixen es impresionante en este sentido: un 97% de cubanos apoyan el restablecimiento de relaciones y Barack Obama obtiene un 80% de popularidad frente al 47% de Raúl y 44% de Fidel–, pero diría también que la campaña de difamación del Gobierno cubano contra la oposición ha dado resultados. Lo vemos en la falta de solidaridad con Tania Bruguera, en el apoyo constante a los actos de repudio, a las golpizas. Yo creo que la estigmatización de los opositores caló en una parte de la población.

Imprimir

  • Facebook Like:
  • Google Plus One:
  • Tweet:
  • Tumblr:
  • Compartir:

Comentarios 43