Las lecciones de la transición eslovaca

Parlamento eslovaco.
Parlamento eslovaco.

Hace 25 años, los ciudadanos de la entonces Checoslovaquia protagonizaron una transición ejemplar por su carácter no violento. Estudiantes y artistas lideraron la revolución de terciopelo con el apoyo de los obreros. La sociedad civil exigió la destitución de los dirigentes comunistas, libertad para los presos políticos, respeto a la libertad de expresión e información y elecciones libres. Vaclav Havel y Alexander Dubcek fueron las fuerzas morales en ese camino hacia la democracia.

El 4 de diciembre de 1989 en la plaza Vaclavske Námestí, tras cantar el himno nacional, miles de personas agitaron sus llaveros provocando un sonido semejante al toque de campanas. Ese repiqueteo marcó la sentencia a muerte del Gobierno comunista. Los jóvenes eslovacos de entonces, protagonistas de la transición, llaman también a la revolución de terciopelo, revolución tierna. Sin embargo, a la vista de hoy opinan que tal vez no hubiera debido ser tan tierna y que debían haber cortado de manera más profunda los tentáculos del mecanismo de la maquinaria comunista.

Katarina Hrdlickova daba clases de periodismo en la universidad en noviembre de 1989. Se siente orgullosa de haber impartido clases a los mismos estudiantes que protagonizaron las demandas de cambio. Estaba embarazada y le emocionaba dar a luz a su hijo en un nuevo mundo. “En los últimos días de noviembre salían en masa. Era una verdadera fiesta. Pero muy pronto nos dimos cuenta de que los ideales por los que íbamos a las calles no se cumplieron. Los que pertenecían a las viejas estructuras de poder reaparecieron, porque solo cambiaron de camisa”.   

Stefan Bielik tenía 14 años en 1989 cuando pudo viajar por primera vez fuera de su país. Viena, la primera ciudad occidental que visitó, le pareció “colorida, alegre y arreglada” en comparación con Bratislava donde todo era “gris”. En su casa se escuchaba La Voz de América y Europa Libre, dos emisoras de radio foráneas que informaban mejor que las oficiales. Estas últimas, al igual que en Cuba, no paraban de denostar al capitalismo. Sin embargo, Bielik sabía que todo era mentira.

En 1993, Eslovaquia y la República Checa se separaron mediante un referéndum. El pronóstico apuntaba a que Eslovaquia cambiaría radicalmente, pero no fue así. A diferencia de lo ocurrido en la República Checa, los disidentes eslovacos no ocuparon posiciones en las primeras elecciones. En 1991 comenzó el gobierno autocrático del ex comunista Vladimir Meciar, que duró hasta su dimisión en marzo de 1994, aunque en octubre volvió a presidir el país en un gobierno de coalición. Los ministerios fueron ocupados por oportunistas que habían estado ligados al régimen comunista. 

“En ninguna sociedad se debe formar parte de la mayoría silenciosa que espera. El miedo a la responsabilidad siempre conduce a la pérdida de la libertad"

Al orden imperante en tiempo de la dictadura comunista sucedió una situación caótica porque la sociedad no estaba preparada para vivir en libertad. “La educación en la libertad y para la libertad, basada en el respeto de la ley, no en la sumisión a poderes externos, es la mejor parte de estos 25 años” apunta Bielik.

1997 fue un año memorable. La sociedad civil, que había permanecido apática, se movilizó. Grupos de activistas hicieron caminatas por los pueblos para hablar de la importancia de ejercer una participación responsable en el proceso electoral.  En 1998 se temía que Vladimir Meciar, el gobernante de corte autocrático aún en el poder, manipulara las elecciones. Surgió una ONG de observación electoral para que fuera el ojo ciudadano, y no el del Ministerio del Interior, el que monitoreara el proceso electoral.

De 1998 a 2006, bajo gobiernos reformistas, Eslovaquia registró avances muy importantes en el campo económico y consolidó  los valores democráticos. En 2004 alcanzó el tren de la integración con la Unión Europea, en 2008 pasó a formar parte del espacio Schengen y en 2009 entró en la Eurozona.

Eslovaquia hoy en día tiene un sistema de gobierno basado en la democracia parlamentaria. Los ciudadanos gozan de sus derechos y libertades, incluyendo el acceso a la información, me dijeron todas las personas que consulté. No hay persecución policial por motivos políticos. Sin embargo, la profesora Hrdlickova matiza el balance: “Seguro que la vida mejoró, pero para llegar al nivel de nuestros vecinos occidentales hemos cometido muchos errores. La gente lo ve como una oportunidad perdida”.

Stefan Bielik se muestra menos conforme aún: “Ahora  gobiernan los excomunistas. La sociedad no ha conseguido purgarse de ellos. Tienen un bajo perfil moral y no respetan las normas de manera estricta. Robert Fico, el actual primer ministro, logró ganar las elecciones con promesas que a muchos les parecen populistas. Consiguió aglutinar todos los partidos hacia la izquierda en el parlamento, en tanto que la oposición se encuentra fragmentada. No son comunistas; ahora son populistas, lo que a la larga podría representar un peligro de deterioro de los derechos humanos y las libertades.”

Bielik concluye su relato advirtiéndo de que “en ninguna sociedad se debe formar parte de la mayoría silenciosa que espera. El miedo a la responsabilidad siempre conduce a la pérdida de la libertad. La puerta se abre una sola vez. La disidencia en Cuba no debe salir del discurso público. Deben involucrarse en la política. Sería una lástima si no lo hicieran porque otros tomarán su lugar y serán los mismos oportunistas de siempre”.

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