Viejos reclamos en la nueva ronda de diálogo migratorio entre Cuba y EE UU

Alan Gross o la Ley de Ajuste vuelven a acaparar las conversaciones

Estados Unidos y Cuba tuvieron hoy en Washington otra ronda del diálogo migratorio con el fin de combatir la migración ilegal y facilitar el flujo regular, en uno de los pocos intercambios que mantienen los dos países, sin relaciones diplomáticas, y en el que salieron a relucir viejos reclamos.

El encuentro estuvo encabezada por el subsecretario de Estado adjunto de EE.UU. para Latinoamérica en funciones, Alex Lee; y la directora para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal.

En la reunión se evaluó la marcha de los acuerdos migratorios, así como los resultados de las acciones emprendidas por cada una de las partes y de forma conjunta para enfrentar la emigración ilegal, el contrabando de personas y el fraude con documentos migratorios.

La portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, señaló que se trataron las prioridades en materia migratoria entre ambos países, "así como ciertas áreas donde la cooperación es de interés nacional para EE.UU., incluida la seguridad de la aviación, de búsqueda y rescate en el mar, y la tramitación de visados".

En este sentido, la delegación de Cuba expresó su satisfacción por que ambos gobiernos acordaran a inicios del mes de julio la puesta en vigor de los "Procedimientos Técnicos Operacionales sobre Búsqueda y Salvamento".

Esta medida "permitirá a las autoridades de los dos países cooperar en los esfuerzos por salvar vidas de personas que pudieran encontrarse en peligro", señaló la delegación cubana en una nota.

La delegación estadounidense volvió a reiterar su petición de liberación para Alan Gross, que fue detenido en Cuba cuando facilitaba acceso a internet a una comunidad judía en la isla y fue condenado en 2009 a 15 años de prisión por "actividades subversivas" contra el estado cubano.

Por su parte, Cuba reiteró su petición de que Washington ponga fin a su política de "pies secos-pies mojados" y la Ley de Ajuste vigente desde 1966, que establece que los cubanos que llegan a suelo estadounidense pueden quedarse, mientras que los interceptados en el mar son devueltos a la isla.

La delegación cubana señaló que estas leyes "alientan" la entrada irregular de inmigrantes a Estados Unidos.

"El tráfico de inmigrantes y la emigración ilegal no se podrán erradicar, ni se podrá lograr una emigración legal, segura y ordenada entre los dos países mientras sigan vigentes", indicó la representación de La Habana.

Por otra parte, enfatizó su "profunda preocupación" por el impacto de la interrupción de los servicios bancarios debida al embargo que mantiene EE UU sobre la isla y la "infundada inclusión" de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

La parte cubana ofreció una actualización sobre los resultados de la reforma migratoria que comenzó en enero de 2013, que suprimió restricciones que limitaban las salidas de los cubanos al exterior.

Esta es la tercera ronda del diálogo bianual que se celebra de forma ininterrumpida, después de las sesiones celebradas en enero pasado en La Habana y en julio de 2013 en Washington, que habían quedado interrumpidas abruptamente dos años antes.

Previo al diálogo, una fuente del Departamento de Estado, que pidió el anonimato, indicó a EFE que "las conversaciones programadas no representan un cambio en la política estadounidense hacia Cuba y tienen naturaleza rutinaria".

La base del diálogo migratorio bilateral radica en los acuerdos de 1994 y 1995, por los que EE.UU. y Cuba se comprometieron a mantener una inmigración "segura, legal y ordenada" y a revisar regularmente la implementación de esos pactos.

"Seguir garantizando una migración segura, legal y ordenada entre Cuba y Estados Unidos encaja con nuestro interés de promover mayores libertades y un mayor respeto a los derechos humanos en Cuba", indicó el citado funcionario.

Se calcula que de los dos millones de cubanos que viven en el extranjero, 1,5 millones reside Estados Unidos.

El principal destino de los cubanos que salieron al exterior el pasado año fue Estados Unidos, que recibió al 27,4 % de los más de 226.800 viajeros reportados oficialmente en la isla.

En 1994, EE.UU. y Cuba llegaron a un acuerdo migratorio tras registrarse una oleada de balseros en la que las patrulleras estadounidenses interceptaron en el mar a más de 30.000 cubanos que huyeron de su país en frágiles embarcaciones con destino a EE.UU.

Washington y La Habana confirmaron en mayo de 1995 esos acuerdos destinados a frenar la emigración clandestina, y en los que se preveía que ambas partes se reunirían cada seis meses, de manera alterna en Cuba y EE.UU., para repasar su aplicación y los aspectos técnicos de los mismos.

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