La Asamblea Nacional y la vida real

Votación en la Asamblea Nacional
Momento de una votación en la Asamblea Nacional

Los extensos espacios que la prensa oficial brinda a las actuales sesiones de la Asamblea Nacional contrastan con los pocos comentarios populares sobre el asunto. No parece existir un verdadero interés de parte de los ciudadanos por lo que ocurre en el capitalino Palacio de las Convenciones. Y tampoco muchas esperanzas.

En paralelo a las discusiones de los parlamentarios, en la calle parece seguirse una agenda propia de debate. Mientras la Comisión de Atención a los Servicios aplaude la ampliación de "formas no estatales de gestión en la gastronomía", los problemas lastran a las más de tres mil entidades del comercio interior que ya no están gestionadas por el Estado.

En un recorrido por varias de ellas afloran más deficiencias que logros. La falta de insumos, los elevados costos de las materias primas y la carencia de una cultura administrativa y empresarial, entre otras razones, coartan el alcance de esos negocios. Por otra parte, su aparición no ha significado una baja en los precios de las ofertas gastronómicas, lo que han terminado por reconocer los diputados de la Asamblea Nacional.

Ahora, hacerse un pelado, comerse una pizza o reparar unos zapatos son servicios de fácil acceso en cada punto de la geografía nacional. No obstante, mantener esas ofertas implica para sus gestores un costo sobrehumano en recursos y energía. Muchos de ellos aguardan por una reducción de las tasas impositivas y de los pagos por arrendamiento de locales, además de insistir en la creación de un mercado mayorista.

Sin embargo, la potestad de la Asamblea Nacional se pone a prueba ante tales dificultades, pues sólo se ha sugerido la necesidad de concertar contratos "directamente con proveedores de diferentes productos" y "revisar el precio aprobado para algunos insumos". Nada apunta a que se decidirá en esta sesión parlamentaria un nuevo marco de funcionamiento con mayores facilidades comerciales y menos ataduras para estas cooperativas.

El pleno ordinario de este año se asemeja más a un muro de los lamentos que a un cónclave para encontrar soluciones

Hasta el momento, el pleno ordinario de este año se asemeja más a un muro de los lamentos que a un cónclave para encontrar soluciones. Entre las lágrimas derramadas se encuentra el reconocimiento de que l as tierras entregadas en usufructo no han cumplido con el objetivo de "contribuir a aumentar y dinamizar las producciones agrícolas en el país". La comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos señaló que esos pobres resultados se deben a la "insuficiente e inadecuada explotación".

Los campesinos, especialmente aquellos de sectores sensibles como el tabacalero y el ganadero, han perdido las esperanzas de que de una cita como esta salga una revisión de los precios en los que el Estado tasa sus productos. La baja valoración de sus hojas o sus animales desestimula la productión y alimenta una intrincada red de ilegalidades. La puesta al día en el pago de indemnizaciones por desastres climatológicos y otros problemas también lleva años en la agenda sin encontrar una efectiva respuesta por parte de las autoridades.

El rosario de las dificultades es demasiado largo para profundizar en él en los pocos días en que se reúnen anualmente los parlamentarios cubanos. Quizás por esa brevedad, que los obliga a la simplicidad en los análisis, el resultado final es un voto unánime ante cada proyecto presentado. De esa falta de capacidad de decisión y de esa monolítica forma de decidir se deriva la apatía con la que la gente responde a las sesiones de la Asamblea Nacional.

En la vida real, muchos se saltan las reglas para que sus pequeños negocios sobrevivan. Los parlamentarios lo saben, pero siguen legislando al margen de la realidad.

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