Una cadena de negligencia permite la llegada de huevos sucios a los mercados

Huevos. (14ymedio)
Huevos. (14ymedio)

Los consumidores cubanos llevan años comprando huevos sucios en los mercados de todo el país. Salpicadas con las heces de las propias gallinas ponedoras, las posturas que se comercializan no cumplen en la mayoría de los casos con las normas higiénicas para su producción, envasado y distribución. El periódico Juventud Rebelde dedica un artículo a este asunto en su edición de este viernes.

El problema de los huevos sucios ha originado quejas y reclamaciones por parte de los usuarios de la red minorista de comercio interior. La situación pone en riesgo la salud de los consumidores y devela los malos manejos en las granjas avícolas de toda la nación.

Según la publicación oficial, las entidades productoras "saben muy bien que jamás deben enviarlos en ese estado a los mercados". Sin embargo, la venta de huevos con suciedades y excrementos se ha vuelto común en las últimas décadas, aprovechándose para ello de los imperativos que crea el desabastecimiento y la escasez de alimentos.

Juventud Rebelde achaca la falta de higiene alrededor de este alimento básico a la prolongación en el proceso de recolección en las naves avícolas. Las normas sanitarias obligan a destinar a otros fines los huevos "embarrados en su exterior con heces fecales, sangre u otras sustancias".

14ymedio visitó un punto de venta de huevos en el céntrico Boulevard de San Rafael. A un precio de 33 CUP el cartón con 30 huevos, la mayor parte de las posturas mostraban algún grado de suciedad. "Yo me los llevo así mismo, porque he caminado toda La Habana y no hay huevos en ningún lado", explica Moraima López, vecina del municipio de Centro Habana.

Alberto Martínez Torres, jefe del Departamento de Inocuidad de los Alimentos y Nutrición en la provincia de Villa Clara, alertó de que en caso de adquirir huevos con suciedades, hay que pasar un paño seco por encima del producto. Hay que "lavarlos solo cuando se van a cocinar", puesto que la porosidad de la cáscara permite el paso del agua hacia el interior, con la consiguiente contaminación del producto.

Se recomienda también cocer los huevos a una temperatura mayor de 65 grados Celsius y hasta que la yema se haya endurecido. De esa manera se podrá evitar la infestación por salmonella, una bacteria que produce diarrea y dolor abdominal, además de fiebre y cefalea. Esta dolencia tiene una alta incidencia en Cuba durante los meses de verano, junto a otras enfermedades diarreicas agudas.

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