La crisis de liquidez se agrava, a pesar del turismo

La gasolinera estatal Cupet. (Jorge Guillén)
La gasolinera estatal Cupet. (Jorge Guillén)

La actual crisis de liquidez internacional en Cuba no apareció de repente. El colapso económico que sufre Venezuela, el principal socio comercial de Cuba, es el producto de muchos años del incompetente manejo de la economía agudizado por el desplome de los precios petroleros. De ese modo, se veía que los acuerdos de cooperación con Cuba eran insostenibles. Hasta inicios de este año las consecuencias de la crisis venezolana se manifestaron en pagos menores por los servicios de profesionales cubanos, pero manteniendo volúmenes de hidrocarburos a los niveles pactados, o sea sobre 90.000 barriles de petróleo crudo al día.

Este año, en medio de una situación crítica de abastecimiento a la población e industria, Venezuela ha rebajado sus envíos de petróleo a Cuba entre 15% y 20%. Esto en sí no causaría una crisis financiera en la Isla si su economía estuviese preparada para ello. El monto anual del déficit de importaciones petroleras a precios corrientes es de alrededor de 325 millones de dólares, una suma muy manejable con reservas financieras internacionales adecuadas.

Desafortunadamente, la liquidez internacional de Cuba se ha menguado, en parte por una política económica expansiva en 2015 y por los menores ingresos de servicios profesionales y del níquel. La liquidez internacional neta de Cuba en los principales bancos del mundo (salvo en China y Rusia) cayó de 1.514 millones de dólares a fines del 2014 a 955 millones en diciembre de 2015, de acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales en Basilea. Esto implica una liquidez apenas suficiente para sostener apretadamente las transacciones comerciales vitales de la Isla. El corte del suministro energético de Venezuela no puede ser compensado con la frágil liquidez y requiere medidas de control de gastos a pesar del buen desempeño del turismo. Un corte mayor de envíos de petróleo sería obviamente más grave, pero todavía manejable con políticas económicas adecuadas.

El corte del suministro energético de Venezuela no puede ser compensado con la frágil liquidez y requiere medidas de control de gastos a pesar del buen desempeño del turismo

La reacción de las autoridades a la crisis de liquidez explicada por el ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo en su reciente alocución a la Asamblea Nacional es racional, pero condicionada a un modelo económico rígido. La economía con planificación central es capaz de ajustar el exceso de gastos sobre ingresos que la crisis implica, pero afectando los niveles de producción que encuentran cuellos de botella por la falta de suministros claves. El ajuste se efectúa reduciendo cantidades asignadas de materiales y divisas requeridas para la producción.

El modelo económico carece de la habilidad de ajustarse a través del sistema de precios libres y del mercado de divisas. Las empresas dependen de la asignación correcta de materia prima y divisas para exportar más en vez de ser guiadas por la oportunidad de negocios en el exterior. Así, como ejemplo, la fábrica de cervezas desearía exportar más pero tiene un tope asignado de divisas que le impide comprar cebada, lúpulo y otros suministros importados, lo cual también impide satisfacer el consumo nacional.

Las autoridades, prudentemente, han decidido no incrementar el endeudamiento externo para mantener el nivel de importaciones. Pero sí podrían acelerar la apertura a la inversión extranjera y aumentar el muy modesto flujo de inversiones directas que se estima en medio punto porcentual del producto interno bruto en los últimos cuatro años, bien por debajo de la meta del 2% señalado por el Gobierno.

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Nota de la Redacción: Luis R. Luis, economista internacional en Massachusetts, antiguo economista jefe de la OEA y director del Departamento de América Latina del Institute of International Finance en Washington. Es miembro de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana y editor de asce.org/blog.

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