El déficit de profesores marcará el próximo curso escolar

Alumnos de primaria. (Luz Escobar)
Alumnos de primaria. (Luz Escobar)

Este lunes ha comenzado en todo el país la matrícula para los varios niveles de enseñanza. El curso 2014-2015 se presenta como un reto para las autoridades del Ministerio de Educación ante el déficit de profesores que alcanza cifras alarmantes en las provincias de La Habana y Matanzas. El primero de septiembre entrarán a las aulas más de 1,8 millones de escolares, cifra que decrece cada año ante la baja natalidad que afecta a la población cubana. El próximo curso pondrá a prueba un sistema educativo atenazado entre los problemas económicos, el poco atractivo salarial para sus profesionales y la verticalidad en las decisiones.

Hasta el momento ya está confirmada la presencia en las escuelas de unos 172 mil profesores, lo que cubre solo el 93,1% de las necesidades. Sin embargo, al menos 10.897 plazas han tenido dificultad para ser cubiertas y las autoridades educativas intentan llenarlas con la contratación de jubilados de la enseñanza, la utilización de miembros de la dirección y administración en los centros escolares y la sobrecarga de trabajo de los maestros ya confirmados. Funcionarios y metodólogos también darán su apoyo en las escuelas, aunque sin poder cubrir todas las necesidades pedagógicas.

Aún así, al menos 660 profesores ausentes en la capital y la provincia de Matanzas no tienen hasta ahora ningún tipo de reemplazo. La ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, resaltó en declaraciones que no obstante a ese déficit hay que proteger a los educadores ya confirmados y "no darles tareas extras". Propósito difícil de cumplir en las actuales circunstancias.

La educación cubana ha venido sufriendo en las últimas décadas un proceso de deterioro material y profesoral. Durante el curso anterior aumentaron las quejas de la población ante la pérdida de turnos de clases y asignaturas completas en numerosos centros escolares de todo el país. El éxodo de maestros hacia otros sectores laborales obligó a la formación de maestros emergentes y a la introducción de clases impartidas por televisión y cintas de video. Tales medidas demostraron su fracaso y generaron profundas molestias en los padres de los educandos, en especial en las enseñanzas primaria y secundaria.

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