El lastre estatal

Carta de la cafetería restaurante El Carmelo, en el Vedado. (Silvia Corbelle)
Carta de la cafetería restaurante El Carmelo, en el Vedado. (Silvia Corbelle)

El pan con pasta subvencionado y la sabrosa pizza regulada por la oferta y la demanda alternarán en breve en los menús de las cafeterías estatales. El proyecto de convertir los centros gastronómicos administrados por el Estado en cooperativas no agropecuarias plantea el dilema de mantener cierto grado de planificación y control o soltar las riendas para darle más espacio a la creatividad y a las leyes del mercado.

Hasta el momento, prevalece la intención de no soltar el lastre, al menos eso es lo que se desprende de las declaraciones oficiales hechas por Mary Blanca Ortega, titular del ministerio del Comercio Interior. Según dijo a Granma la ministra, 2015 y 2016 serán los años en que más de 10.000 unidades tengan que "transferir su gestión" o, lo que es igual, dejarán de ser entidades estatales para transformarse en cooperativas.

El concepto de "encargo estatal" varias veces mencionado por la ministra podría definirse como el límite a la libertad de gestión de dichas cooperativas, o como un analgésico cuyo objetivo es atemperar el impacto que pudiera tener el súbito cambio de servicios subvencionados a ofertas competitivas. Los principales afectados serían las familias de bajos ingresos que "resuelven" meriendas y almuerzos de trabajadores y estudiantes en las poco surtidas, pero baratas, ofertas de la gastronomía estatal.

Uno de los ejemplos manejados es sumamente significativo. Las unidades de gastronomía que prestan sus servicios en hospitales, escuelas o universidades deberán preservar al menos tres ofertas en los precios actuales, aunque el resto de la mercancía podría salir "a oferta y demanda".

Es fácil imaginar el resultado de semejante medida. Por una parte, los cooperativistas no se sentirán obligados a honrar este compromiso si las empresas suministradoras no les garantizan los insumos necesarios de modo subvencionado. En la tablilla donde se anuncien los productos podrá verse el pan con jamón y queso, la hamburguesa o una pizza de chorizo en compañía de refresco enlatado, a los tradicionales precios impuestos por los cuentapropistas. Más abajo, quizás hasta en otro tipo de letra, pan con pasta, refresco gaseado y "croqueta de ave" (de averigua) al alcance de los bolsillos desfavorecidos.

Desde luego hay optimismo en la población, que aspira a que de una vez por todas existan servicios eficientes

El mismo esquema "proteccionista" se aplicará a las zapaterías que opten por transformarse en cooperativas. En este caso el encargo estatal consiste en mantener el servicio al zapato ortopédico con los mismos precios que se cobran hoy en las reparadoras estatales. Aquellos que tienen el pie plano o el metatarso caído tendrán que cuidar mejor su calzado o decidirse a pagar lo que realmente vale esa especialidad entre zapateros particulares. También les quedará esperar meses enteros para arreglar sus zapatos, porque allí donde se mantenga el beneficio paternalista sobrevivirá la falta de interés por trabajar, el desvío de recursos y la falta de calidad en los resultados.

No obstante estos escollos, hay un optimismo moderado entre los trabajadores, que esperan ganar más con el nuevo sistema, y desde luego hay optimismo en la población, que aspira a que de una vez por todas existan servicios eficientes.

La ministra también parece optimista cuando afirma: "Unido a este amplio proceso estamos diseñando toda la logística de distribución de los productos que van a recibir estas nuevas formas de gestión, algo muy importante y que han estado solicitando tales estructuras", lo que se traduce en que al sistema de abastecimiento existente se sumará la oportunidad de acceder a un mercado mayorista a precios diferenciados y, "cuando necesiten más cantidad de recursos que los que puedan recibir por estas vías, los adquieran en el comercio minorista; en dicho caso sí a los precios de tal mercado."

Dice un proverbio chino que lo más peligroso de cabalgar un tigre es el momento de bajarse. Quizás sea por eso que, cuando se implementa el lineamiento 308 de la política económica y social lanzada por el VI Congreso del Partido —"Introducir formas no estatales de gestión en el comercio..."—, se hace con una cautela desmesurada. Como si se temiera una privatización al peor estilo. Al apearse de las viejas e ineficaces formas estatistas, los burócratas sospechan que la despiadada bestia del mercado no tendrá misericordia y lanzará a la indefensión a los desposeídos. Por eso los frenos, el pesado lastre que lo vuelve todo tan lento.

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