Menos leche y menos carne de res

Una vaca en Cuba. (CC)
Una vaca en Cuba. (CC)

La ganadería vacuna en Cuba tocó fondo en 1999, pero venía cuesta abajo desde 1970. En aquel año del empeño para producir 10 millones de toneladas de azúcar, se concentró en ese renglón la atención y los recursos de toda la nación. Tal desproporción fue en detrimento del propio lema de la planificación centralizada que esgrimía la armonía y la proporcionalidad económica.

El descalabro en el cuidado y reproducción de reses sobrevino después de un notable éxito alcanzado en esta rama ganadera hasta 1968. En los años sesenta, la masa vacuna aumentó de poco más de 5 millones de cabezas con las que contaba la Isla en 1958 hasta 7,5 millones. El incremento fue el resultado de la importación de pies de cría desde Canadá, la aplicación masiva de la inseminación artificial y una buena gestión zootécnica y veterinaria. De esa manera mejoraron las cantidades y calidades de los rebaños.

Sin embargo, en 1968 comenzó un descenso en el número de reses que aún no termina. Las alarmas se dispararon en 1999 cuando Cuba llegó a tener 3 millones de cabezas de ganado menos que en 1968. De esa cantidad perdida, al menos 1,9 millones debieron ser hembras, por lo que se dañó considerablemente la base de la reproducción, que es la garantía del futuro de los rebaños.

Muchos analistas apuntan como la causa del desplome ganadero al Periodo Especial, decretado oficialmente en 1990 y que sobrevino con la caída del campo socialista europeo. Argumentan que el cese de suministros que experimentó el sector fue el factor principal para su hundimiento. Obviamente eso influyó, pero los males que se hicieron crónicos en esos años noventa se habían se originado casi tres décadas atrás.

En 1985 ya las señales de alerta eran claras: se contaba en el país con 2,2 millones de cabezas de ganado vacuno menos que en 1968. Un momento en que todavía los suministros soviéticos se recibían a manos llenas. Lo que había ocurrido es que los recursos necesarios para la ganadería fueron asignados a partir de 1968 por el Gobierno cubano a otros destinos. Fundamentalmente a la rama azucarera, la que, finalmente también quebró.

En 1954 en Cuba había 0,9 res por habitante. Hoy solo hay 0,4 res famélica por habitante

Por otro lado, un deficiente ciclo reproductivo ha dañado el reemplazo de los animales sacrificados. Una vaca debe estar lista para la reproducción a los dos años de edad y parir un ternero cada 13 meses hasta completar 4 o 5 partos durante su vida reproductiva. Pero en Cuba una buena parte de esas hembras adultas sólo traen al mundo entre 2 o 3 terneros durante su vida útil.

La diferencia con hace sesenta años es apabullante. En 1954 en Cuba había 0.9 res por habitante, un indicador en el que sólo era superada en la región por Uruguay con 3,01, Argentina 2,39 y Brasil 1,01. Sin embargo, hoy la perla de las Antillas sólo posee 0,4 res famélica por habitante.

La producción de leche tampoco ha logrado despegar a pesar de los llamados gubernamentales a priorizar este renglón. Entre los años 2013 y 2014 experimentó un leve descenso que este año podría agudizarse aún más. La región camagüeyana, conocida por su tradición ganadera, trata en estos momentos de paliar las secuelas de la fuerte sequía, para revertir el atraso productivo del lácteo. En peor situación están otras provincias.

El hambre, la deficiente siembra de pastos, las enfermedades y los sacrificios legales e ilegales ocasionados por una gestión deficiente y carente de estímulos económicos, se erigen como causas internas y crónicas del descalabro ganadero en Cuba. Al concluir 2014 el número de reses en todo el país apenas llegaba a 4.1 millones. Este año la disminución en las precipitaciones ha obligado a sacrificios masivos que de seguro incidirán negativamente en esa cifra.

Los cubanos deben prepararse para tener aún menos leche y menos carne de res sobre su mesa.

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