“Las verdaderas intenciones”: breve reseña de una larga relación

Raúl Castro junto a Barack Obama en conferencia de prensa durante Cumbre de las Américas
Raúl Castro junto a Barack Obama en conferencia de prensa durante Cumbre de las Américas

Pocas frases del discurso oficial cubano han sido tan socorridas como aquella que se refiere a "las verdaderas intenciones" que se ocultan tras las acciones del Gobierno de Estados Unidos.

Esto explica la incomodidad que produce en el General Pausado el hecho de que en la Sección de Intereses de EE UU en La Habana se impartan cursos a periodistas independientes o se realicen teleconferencias sobre periodismo digital, entre otras actividades. Estas "cosas ilegales" que promueve el Gobierno estadounidense a través de su Sección en La Habana llegan al punto de extender certificaciones de estudios a los graduados. Porque "las verdaderas intenciones" del Gobierno de ese país es que estos periodistas socaven la solidez y unidad ideológica de nuestro pueblo, penetrándolo con la nefasta influencia norteamericana.

Más allá de su manifiesto desprecio por quienes cursan estudios bajo los auspicios del Gobierno estadounidense, el Presidente Emergente, nadie sabe graduado de qué, no parece confiar demasiado en la fortaleza de su monopolio de prensa o en la capacidad de éste para influir en las masas, a pesar de la probada fidelidad de sus amanuenses a sueldo. Por esta razón le "preocupa" –son sus propias palabras– este trasiego de cursos de periodismo y conferencias que discurren fuera de las aulas controladas tan estrictamente por el Gobierno, donde muchos de los graduados acumulan mayores méritos por sus demostraciones de fidelidad al poder que por sus resultados académicos o su talento.

Breve mirada histórica a la "nociva" influencia americana en Cuba

Un texto aparecido en la página final del Granma ( La lección de los maestros, Ronald Suárez Rivas, miércoles 13 de mayo de 2015) apoya lo que ya se viene perfilando como una nueva cruzada ideológica contra la "penetración" norteamericana, tan crucial en esta hora, cuando el Gobierno de la Isla se esfuerza por hacer las paces con su enemigo histórico.

El trabajo en cuestión se remonta a más de 115 años atrás, cuando en el marco de la intervención norteamericana en Cuba, tras el fin de la guerra de independencia de 1895-1898, el Gobierno estadounidense tuvo la iniciativa de "contribuir a la formación pedagógica" de un grupo de maestros cubanos, razón por la cual –y como si hubiese sido en contra de su voluntad– éstos "fueron llevados" a Estados Unidos.

Pero, por supuesto, colaborar en el ámbito de la enseñanza no eran "las verdaderas intenciones" del Gobierno norteño, sino que todo esto se trataba de "uno de los primeros actos concretos de Washington en el terreno ideológico, que pretendía influir de manera directa en el pueblo cubano", según palabras de un historiador local, citado por el amanuense de Granma.

En ese afán de reescribir la historia al gusto de la castocracia, se omiten importantes detalles que demuestran que la influencia de EE UU en la Isla no fue absolutamente negativa

Obviamente, en ese afán de reescribir la historia de Cuba al gusto de la castocracia, tanto el periodista como el historiador oficiales omiten algunos importantes detalles registrados por reconocidos cronistas y otras personalidades de la época, documentados en el Archivo Nacional de Cuba, que demuestran cuán profundamente había penetrado ya la influencia de Estados Unidos en la Isla mucho antes de que se produjera la intervención militar en la guerra hispano-cubana. Documentos que, por demás, ponen de manifiesto que ésta tampoco constituyó un evento absolutamente negativo.

Hay que mencionar un hecho de la época que marcó de manera especial la sensibilidad del pueblo cubano y que ganó la gratitud y simpatía de los sectores más humildes: la ayuda prestada por el pueblo y Gobierno estadounidenses a las víctimas de la Reconcentración de Weyler (1896-1898).

A principios de enero de 1898, a instancias del entonces presidente, William McKinley, llegó a Cuba Clara Barton, presidenta de la Cruz Roja Americana, a fin de organizar el socorro a los reconcentrados. Ella, junto al cónsul estadounidense en La Habana, y con la ayuda del obispo Santander, recorrió diferentes pueblos y ciudades de la Isla y se encargó de la coordinación y distribución de alimentos, ropas y medicinas que comenzaron a llegar por mar al puerto habanero, gracias al puente solidario establecido por un Comité Central de Auxilio, organizado espontáneamente por la sociedad estadounidense.

La filantropía demostrada por los estadounidenses tuvo el beneficio adicional de despertar las conciencias de los sectores pudientes de la propia Isla de Cuba, que hasta ese momento habían permanecido indiferentes al panorama de muerte y desolación provocado por el Gobierno colonial, recrudecido por la tea incendiaria mambisa, factores ambos que habían arruinado los campos cubanos dañando seriamente la producción de alimentos.

Fue entonces que algunas sociedades y destacadas personalidades cubanas de la época comenzaron a realizar bailes, funciones de ópera y de teatro, tómbolas, corridas de toros, ventas de libros y otras actividades con el objetivo de recaudar dinero para auxiliar a los reconcentrados y a las instituciones benéficas encargadas de socorrer a los sectores más pobres, que sufrían hambre y epidemias por falta de recursos.

La filantropía de los estadounidenses tuvo el beneficio adicional de despertar las conciencias de los sectores pudientes de la Isla

Cierto que el bloqueo naval estadounidense, iniciado el 22 de abril de 1898 y levantado el 14 de agosto del propio año, coadyuvó temporalmente al agravamiento de la situación de carencias y pobreza general. Sin embargo, a solo dos meses de terminada la guerra, la incansable Clara Barton lograba reiniciar el puente de imprescindible ayuda –interrumpida desde el inicio del bloqueo naval–, que esta vez alcanzaría también para asistir a los insurrectos mambises, todavía acampados en poblados rurales.

Ya el mes anterior se había establecido una flotilla procedente de EE UU, que se encargaba de abastecer al menos parcialmente los mercados de víveres. Aunque insuficiente, la ayuda desde ese país fue la única que llegó a los cubanos en los momentos en los que más la necesitaban.

Más adelante, los trabajos de Clara Barton en Cuba se encaminaron a la creación de la base de lo que después sería la Cruz Roja cubana y el primer sistema de salud, a través de las Casas de Socorro, que proveían atención médica gratuita a los sectores pobres. También de la mano del ejército de ocupación estadounidense se realizaron importantes labores de saneamiento, se iniciaron los trabajos de planeamiento ingeniero del primer sistema de alcantarillado y pavimentación (cuya construcción definitiva comenzó en 1908 y terminó en 1913), se estableció el uso de instalaciones sanitarias y se comenzó el perfeccionamiento del acueducto.

La preocupación del 'General Pausado' por el peligro de la influencia de EE UU sobre los cubanos a través del periodismo independiente es extemporánea

La enumeración de beneficios derivados de la relación entre Cuba y Estados Unidos, si nos remontamos a la historia de nuestra nación, sería demasiado extensa para agotarla en un artículo. Baste anotar que en las últimas décadas muchas familias humildes de Cuba no sobrevivirían a las carencias ni escaparían de la miseria extrema si no fuese por las remesas y ayudas que les llegan desde ese país, a donde emigra la mayoría de los cubanos que buscan un futuro promisorio.

Más allá de "las verdaderas intenciones" de nuestro poderoso vecino del norte, la preocupación del General Pausado por el peligro de la influencia que pueda ejercer Estados Unidos sobre los cubanos a través del periodismo independiente es, cuando menos, extemporánea. En realidad, nunca antes tuvimos más influencia mutua Cuba y Estados Unidos que en el último medio siglo, y quizás nunca antes los cubanos cifraron tantas esperanzas en la prosperidad que siempre ha llegado desde ese país. Con más razón ahora, cuando más de dos millones de cubanos viven en su territorio. Y puede afirmarse, sin margen de error, que esto ha sido gracias a la revolución cubana.

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