Ley mordaza ¿una víctima del acercamiento entre Cuba y EE UU?

La legislación que ha respaldado flagrantes violaciones a los derechos humanos parece tener sus días contados

Conforme a su costumbre de ver la paja en el ojo ajeno, la "Ley mordaza" que durante las últimas jornadas ha causado una ola de protestas en España recibe la crítica de los medios oficiales cubanos. La agencia Prensa Latina citaba recientemente a una activista ibérica, opositora al proyecto legal del Partido Popular, quien pronosticaba que el edicto "reprimirá derechos como el de reunión" así como la libertad de expresión.

Sin embargo, la amenazante "Ley sobre Seguridad Ciudadana" que ha levantado tanto revuelo en aquel país europeo tiene una homóloga en esta isla caribeña. La "Ley No.88 de protección de la independencia nacional y la economía de Cuba" es, desde su aprobación en febrero de 1999, nuestra propia mordaza, y su descripción es idéntica a la que dio Prensa Latina en palabras de la ya mencionada activista: "Una forma de crear miedo y ejercer presión mediática para criminalizar las protestas".

Solo que en Cuba, a diferencia de España, hace más de medio siglo sencillamente no se puede protestar y el miedo se consolidó como terror. La "Ley mordaza" cubana afecta, entre otros, a quien "colabore por cualquier vía con emisoras de radio o televisión, periódicos, revistas u otros medios de difusión extranjeros", al "que perturbe el orden público" o "que promueva, organice o incite a realizar perturbaciones del orden público". Y las sanciones van desde tres años de cárcel hasta veinte.

No hay nada que caracterice mejor la Ley No.88 que su artículo primero, donde reza que su objetivo es "tipificar y sancionar aquellos hechos dirigidos a apoyar, facilitar, o colaborar con los objetivos de la Ley Helms-Burton, el bloqueo y la guerra económica contra nuestro pueblo". A todo lo largo del texto se repiten hasta el cansancio los elementos que convierten a Estados Unidos en el enemigo que nos quiere ver doblegados.

Esta fue la Ley que intentó justificar los encarcelamientos masivos de la Primavera Negra de 2003. Pero ahora la legislación que ha respaldado flagrantes violaciones a los derechos humanos parece tener sus días contados.

Llegado el fin de la confrontación Cuba-EE UU pierde sentido un documento que consagra como "un deber ineludible responder a la agresión de que es objeto el pueblo cubano", el cual desea mantener su "independencia y soberanía". Durante décadas el régimen se ha escudado tras este discurso para negarse a abrir para oír a sus opositores o, al menos, para no reprimirlos.

Lo que está por verse es si la mordaza la retiran, la aflojan, o tan solo la sustituyen

Las recientes declaraciones que terminaron con 53 años de línea "dura" de Washington hacia La Habana fueron el exorcismo para el demonio imperialista que amenazaba la soberanía cubana, tal como la define el régimen. Según la Ley, que sirve sobre todo para apresar a opositores pacíficos, las acciones de EE UU están encaminadas a "quebrantar el orden interno, desestabilizar el país y liquidar al Estado Socialista y la independencia de Cuba". Pero el mismo Barack Obama, cuando califica de "fracaso" la estrategia norteamericana, deja en evidencia la paranoia oficial cubana.

Con los discursos de la Casa Blanca del día 17 de diciembre, las bases de la "Ley Mordaza" se tambalearon. Ello evidencia que su alcance era tan terrible como débil. En los próximos meses podríamos estar asistiendo al vaciado definitivo de su contenido, cada vez más hueco. Lo que está por verse es si la mordaza la retiran, la aflojan, o tan solo la sustituyen.

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