Los cerdos siguen devorando rosas

Rectorado de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, en Santa Clara. (wikimedia
Rectorado de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, en Santa Clara. (wikimedia)

Urge que el mundo académico no permanezca en silencio ante la cacería de brujas que tiene lugar en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Esto no es algo nuevo, ya en décadas pasadas muchos ni siquiera pudieron entrar a estudiar o a trabajar en ella por discriminación política o religiosa. Otros que ya lo hacían fueron expulsados por similares motivos.

De esto no escapó ni el conocido folklorista Samuel Feijóo. A pesar de haber sido el fundador en 1958 (o tal vez por ello mismo) de la revista de la Universidad, Islas, fue expulsado a fines de los 60. Muy a su estilo se marchó catalogando a la rectora como "yegua de potrero" y "güija de cañá", también escribió a Raúl Roa un telegrama (el tuit que habría publicado si entonces hubiese existido twitter): "los cerdos se comen a las rosas". Muchos recuerdan y testifican todavía como posteriormente, en una de aquellas jornadas heroicas de trabajo voluntario que denominaban "sábado rojo", fue quemada en un cuasi acto de exorcismo la papelería del famoso escritor y artista plástico, como para que no quedasen dudas de que este era un auténtico proceso de inquisición laica y que no faltarían las hogueras.

La realidad demuestra que son más bien décadas grises que se iniciaron antes de ese período y que continúan hasta hoy

Este mismo proceder continuó en los años 80 y 90, y contradiciendo la tesis del intelectual cubano Ambrosio Fornet de que los excesos solo se redujeron a un maldito quinquenio gris, refiriéndose a los desmanes ocurridos entre 1971 y 1975. La realidad demuestra que son más bien décadas grises que se iniciaron antes de ese período y que continúan hasta hoy. Uno de los expulsados en los 80 fue el profesor de historia Amador Blanco Hernández por atreverse a cuestionar ante sus estudiantes el estalinismo, realidades del Kremlin que en definitiva él no fue el primero en denunciar ya que hasta el propio Che Guevara lo había hecho en aquel famoso discurso suyo en Argel en 1965, aunque ya se sabe que esto redundara en su abandono a la muerte en Bolivia, precisamente por satisfacer las peticiones de la URSS en aras de la "coexistencia pacífica" con los EE UU.

A fines de los 90 a Yoaxis Marcheco Suárez, y a quien escribe, se nos negó la posibilidad de formar parte del claustro de profesores para la nueva carrera de Ciencias de la Información que se iniciaba en el plantel, a pesar de la necesidad imperiosa que poseían de educandos y de que ambos éramos graduados, y con méritos en esa misma carrera en la Universidad de La Habana puesto que habíamos sido ganadores en fórums científicos y hasta declarados como los estudiantes más destacados en investigaciones. A pesar de estar recomendados por el resto del claustro que ya allí ejercía no fuimos aceptados por el rector, quien no nos consideró ideológicamente adecuados.

Luego la Inquisición no saciada nos persiguió penetrando incluso en los sistemas educativos eclesiales en los que nos habíamos refugiado y a pesar del no reconocimiento de estos hasta hoy por parte del Ministerio de Educación Superior (ningún seminario teológico de ninguna denominación religiosa es avalado por el sistema de educación oficial de Cuba, y ninguna facultad teológica existe todavía en ninguna de las universidades del país). Presiones de la Caridad Diego Bello, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Partido Comunista de Cuba, nos bloquearon el paso para cursar un Doctorado en Teología, que se ofrecía por vez primera en Cuba por el Instituto Teológico FIET (Argentina) en colaboración con la FTS de Londrina, pero que dependía de la firma de la inquisidora.

Luego la Inquisición no saciada nos persiguió penetrando incluso en los sistemas educativos eclesiales en los que nos habíamos refugiado

Estos años que ya avanzan en el siglo XXI lamentablemente no dejan atrás esa bochornosa cacería de brujas. En 2015 los ecos llegaron hasta el Congreso de Estados Unidos donde en medio del deshielo, apenas unos días después del anuncio del restablecimiento de relaciones entre los dos gobiernos, fue condenada la exclusión del académico Gustavo Pérez Silverio como profesor adjunto de la Facultad de Ciencias Sociales, a pesar de haber impartido con éxito durante doce años ininterrumpidos materias tales como Historia de Cuba, Estudios Raciales y Teoría Política. Adicionalmente clausuraron su popular programa radial Crisol Cubano, dedicado a la identidad cultural y nacional, que se transmitía por la emisora de Villa Clara CMHW.

Este mes de abril, a pesar de su carácter primaveral, pareciera que la fatídica declaración de Feijóo "los cerdos se comen a las rosas" se torna más real que nunca para pena de la Universidad Central de las Villas que, lejos de cambiar su triste proceder, lo recrudece. El rector Andrés Castro Alegría en persona, a pesar de (o precisamente por esto) ser diputado en el Parlamento Cubano, ha expulsado a varios profesores y estudiantes. De los casos han trascendido hasta el momento dos debido a la calidad humana e intelectual de las nuevas víctimas: la profesora de la Facultad de Humanidades Dalila Rodríguez González, y la estudiante de la Facultad de Humanidades Karla Pérez González.

La resolución firmada por el propio rector declara que [Dalila] posee "actitudes que se apartan en lo social y lo ético del correcto actuar docente educativo"

En el caso de Dalila, de conducta intachable y muy popular entre sus estudiantes, avalada por la cantidad de reconocimientos que recibe desde su vida estudiantil y como profesora, y a pesar de una intensa década en la docencia, de ser Filóloga y Máster en Estudios Lingüísticos y Editoriales; y justo cuando cursaba un doctorado en Pedagogía, que queda también tronchado como daño colateral. La resolución firmada por el propio rector declara que posee "actitudes que se apartan en lo social y lo ético del correcto actuar docente educativo que exige su categoría docente y que puede afectar la formación de los educandos que cursan estudios en dicha Facultad y esta Universidad".

Esta declaración ambigua y subjetiva puede ser interpretada ahora de diversas maneras ya que, por un lado Dalila, es una activa creyente evangélica y, por otro, es hija de Leonardo Rodríguez, quien en el momento actual coordina en el centro de Cuba el Instituto Patmos, foro de debate fundado en 2013 que no goza del visto bueno de las autoridades políticas por promover un debate abierto y plural que al parecer choca precisamente con la práctica de la Universidad. Es el mismo Instituto por cuyos vínculos fue excluido Gustavo Pérez en 2015, aunque en el caso de Dalila la conexión solo está dada por vía sanguínea con uno de los coordinadores regionales.

En cuanto a Karla, la brillante estudiante de Periodismo expulsada, fue la única estudiante de Preuniversitario en clasificar para la carrera de Periodismo que llegó a su provincia, Cienfuegos, por el Plan Nacional de su año de aplicación, debido a las sobresalientes calificaciones en las pruebas de ingreso (por lo que ahora toda una provincia queda privada de la cuota recibida ese año). Había culminado el último semestre con 5 en todas las asignaturas, excepto Informática.

Su único pecado consistió en ejercer su libertad al elegir una opción política diferente a la que el 'establishment' impone, por lo cual militaba en el Movimiento Somos+

Hace apenas unos días había obtenido un certificado de inglés que le eximía de recibir la asignatura durante toda la carrera. Todo esto sin hablar de sus incuestionables características morales y éticas a pesar de sus apenas 18 años. Su único pecado consistió en ejercer su libertad al elegir una opción política diferente a la que el establishment impone, por lo cual militaba en el Movimiento Somos+, liderado por el ingeniero Eliécer Ávila, también severamente atacado por estos días.

En todos los casos mencionados, desde la época de Samuel Feijóo hasta estos propios días en los lamentables casos de Dalila o Karla, puede generalizarse que todas las personas excluidas o sancionadas poseen el común denominador de no haber clasificado en el denominativo "revolucionario", que de parte de las autoridades políticas de Cuba ha perdido su verdadero significado semántico para referirse a un incondicional al statu quo.

Cualquier otro profesor o estudiante de esta Universidad, aun cuando llegase a clasificar como hermano de las víctimas, ya fuere por ideología o aún por sangre, y que se atreviere a defender a alguna de las víctimas con solo una palabra, ya sabrá de antemano que correrá su misma suerte, e incluso deberá disimular sus pensamientos que intentarán ser descifrados a través de cualquier gesto o señal por ambigua que esta fuere por parte de la policía política que mantiene secuestrada a la Universidad Central Marta Abreu. Esto, desafortunadamente, no constituye una excepción dentro del gremio de las universidades cubanas. La Inquisición que sostiene esta ya crónica cacería de brujas hace valer a toda costa el slogan: "La Universidad es para los revolucionarios".

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