Ni hombres fuertes ni golpes suaves

La marcha de las Damas de Blanco toma más de una cuadra de 5ta Avenida
Una marcha dominical de las Damas de Blanco en La Habana. (14ymedio)

Dos notables analistas cubanos, Carlos Alberto Montaner y Rafael Rojas, han hundido el escalpelo casi al mismo tiempo, aunque sin haberse puesto de acuerdo (que se sepa), sobre el mismo asunto: las protestas populares en América Latina contra los gobiernos. Montaner en "La hora terrible de los hombres fuertes" y Rojas bajo el título "¿Golpes suaves?", en el periódico mexicano La Razón.

El primero, el político, hace un listado de doce demandas compartidas por ciudadanos de países latinoamericanos contra gobiernos de izquierda, de centro y de derecha; el segundo, el académico, cuestiona la denominación de "golpista" procedente de gobiernos izquierdistas frente a sus respectivas "oposiciones pacíficas e institucionales, sin apoyo de los ejércitos, que son leales a sus gobiernos".

En este vistazo simultáneo desde posiciones diferentes –que no divergentes– sobre el panorama político latinoamericano, se aprecia una coincidencia sobre la ineficiencia de las democracias en el continente. Las protestas, organizadas o espontáneas, con mayor o menor grado de violencia, permitidas o reprimidas, son un reflejo del descontento de ciertos sectores que no se sienten debidamente representados en los ámbitos parlamentarios, donde debieran dirimirse de forma sosegada lo que se reclama a gritos en las calles.

El único golpe militar que pudiera esperarse en Cuba tendría que provenir de esa izquierda recalcitrante que ve con malos ojos las tímidas aperturas

Los gobernantes afectados por estas protestas, sean del color político que sean, se defienden esgrimiendo la supuesta legitimidad que una vez alcanzaron en las urnas, descalifican a los manifestantes aludiendo que han sido confundidos o comprados por potencias extranjeras o sacan a la calle a sus partidarios para competir en número con los opositores.

Resulta curioso que ninguno de los dos analistas incluya el caso de Cuba. Da la impresión de que la isla caribeña no pertenece a América Latina, o que la singularidad cubana mereciera un estudio diferenciado.

De la docena de motivos de queja enumerados por Montaner solo uno, la violación de derechos humanos, tiene permanente presencia en las marchas dominicales de las Damas de Blanco o en las manifestaciones de la Unpacu en las provincias orientales. El resto de los temas, con excepción del desabastecimiento, parece quedar postergado para cuando tengamos una democracia imperfecta, aunque cualquiera de ellos merece hoy pasarse todo el día protestando.

Otra curiosidad que salta a la vista tras la lectura de "¿Golpes suaves?", firmado por Rojas, es que el Gobierno cubano es el único del club de los izquierdistas latinoamericanos que nunca ha incluido el calificativo de "golpistas" a la larga lista de improperios lanzados contra los opositores de la Isla o el exilio, a pesar de que desde los sectores más radicales de esa oposición no se ocultan los propósitos de "derrocar la dictadura". Ni por un segundo se le ocurre a los gestores de la propaganda oficial que los uniformados estarían en su contra.

El único golpe militar que pudiera esperarse en Cuba tendría que provenir de esa izquierda recalcitrante que ve con malos ojos las tímidas aperturas al mercado, el acercamiento a Estados Unidos tras una eventual normalización de las relaciones y cualquier concesión a la democracia pluripartidista. Los presumibles protagonistas de esa opción golpista no van a salir a la calle con carteles ni con gladiolos, sino con tanques y ametralladoras. Pero esa es una hipótesis improbable, tanto como la aparición repentina de un líder iluminado que arrastre al pueblo a una plataforma restauradora instrumentada con métodos revolucionarios.

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