La ira de Dios en los Andes

Terremoto en Quito. (Michel Larrondo)
Cadena humana entre ciudadanos y policía para el reparto de ayuda en Quito. (Michel Larrondo)

Eran aproximadamente las 8 pm del sábado 16 de abril. Me encontraba en la sala de mi casa en Quito, en familia, todos como siempre haciendo algo diferente, nadie disfrutando del momento juntos, cual familia tecnológicamente moderna, cuando de repente comenzó a temblar.

No sabía si de pronto eran mis ganas de una Cuba libre las que me hacían vibrar, no sabía en ese instante si había entrado una brisa, o simplemente los adornos se movían porque algún camión había pasado cerca. Solo recuerdo que escuche la voz de mi esposa que intentando entrar al baño desde la segunda planta gritaba... ¡Temblor! ... Y si, la casa parecía que bailaba al compás de un ritmo andino. Todos en el barrio salen a la calle. Gente prácticamente desconocida , de esas que viven a tu lado y no se dicen ni hola, se daban compañía tras el apagón consecuente, y bajo el frío cielo quiteño , los niños lloraban el miedo de sus padres. Nunca pensé que un minuto de desesperación podía parecer tanto tiempo. Fue escalofriante, una sensación de impotencia y desespero iba llenándome de a poco, no había sentido un temblor así , y al rato , luego de ver las noticias , mis sospechas se confirmaban , no fue un simple sismo, fue un terremoto 7,8 grados en la escala de Richter. Son cosas que solo ves en películas. Lo más peligroso que ha vivido un cubano en la Isla es un huracán , pero esto, sinceramente, no te imaginas lo que es si no lo has sufrido.

La costa ecuatoriana, una de las cuatro regiones del Ecuador junto a la Sierra, Amazonia y Galápagos, fue el lugar más afectado. El epicentro ocurrió en un punto limítrofe entre las provincias de Esmeraldas y Manabí y las playas turísticas de Pedernales han quedado casi totalmente en ruinas. Hay muchos más de 200 fallecidos hasta el momento, miles de heridos, cinco cubanos desaparecidos que se encontraban en la zona costera y todo un país consternado; desde 1979 no sufrían algo así. Puentes caídos, autos destrozados, edificios derrumbados, y lo peor, gente atrapada entre los escombros, el rostro de la miseria humana en cada entrevista o reportaje, el dolor de todo un pueblo llegando a cualquier cantidad de corazones.

Quito se unió como pocas veces hemos de volver a ver. Se hizo sentir el dolor ajeno a una expresión pocas veces vista antes, y codo a codo trabajamos extranjeros y nacionales

Fue entonces que llegó el asombro, y sí, les confieso que aún estoy estupefacto, toda la capital se reunió en diversos puntos, para recoger donaciones, desde iglesias, alcaldía, hasta tiendas; todo Quito se unió como pocas veces hemos de volver a ver. Se hizo sentir el dolor ajeno a una expresión pocas veces vista antes, y codo a codo trabajamos extranjeros y nacionales, cual si la xenofobia que hasta ayer mismo combatimos, cada vez que se pedía trabajo o incluso a la hora de arrendar una vivienda nunca hubiese existido. Cadenas humanas, mano a mano de víveres humanitarios, camiones y buses llenos de esperanza y altruismo; hombres y mujeres dispuestos a salir de voluntarios hacia los lugares damnificados, y una comunidad cubana, que lejos de pedir, hoy se ofrece a dar. En días así no hay política, no hay rencores, solo deseos de ayudar y ganas de vivir.

Nos pasamos la vida preocupándonos por cosas vanas, nos olvidamos que el ahora es más importante que un futuro incierto, si no lo has pensado, todo podría terminar antes del amanecer.

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Nota de la Redacción: Michel Larrondo es médico cubano en Ecuador.

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