La izquierda democrática debe consolidarse

Tres grupos de izquierda llaman a la creación de un amplio movimiento democrático

Animados por el deseo de potenciar un cambio democrático y socializador, tres grupos de la izquierda democrática han llamado recientemente a la creación de un amplio movimiento político a fin de trabajar más eficientemente por los cambios democráticos y socializadores que todos reconocemos necesarios desde estas posiciones.

Nos estamos refiriendo a esa amplia izquierda que se siente comprometida con la revolución como fenómeno social y político, como proceso de democratización y socialización y no como una persona o un grupo de personas, un partido o un Estado que se auto identifican ellos como "la revolución".

Pertenecemos a esas generaciones que alfabetizamos, fuimos milicianos de los primeros años, que fuimos o estuvimos dispuestos a combatir en Girón y el Escambray y que luego cargamos sobre nuestros hombros el peso de las movilizaciones a las zafras cañeras, cafetaleras y tabacaleras por la defensa de la patria y estuvimos enrolados en misiones internacionalistas de diverso tipo, esperanzados en que el "socialismo" traería paz y progreso a la nación cubana.

Somos los que nos quedamos durante el Período Especial y echamos rodilla en tierra, con la mesa vacía y el refrigerador lleno de pepinos -pomos plásticos de refrescos de litro y medio- con agua, por evitar la caída del ultimo bastión del ¨socialismo¨.

Somos los que nos quedamos durante el Período Especial y echamos rodilla en tierra por evitar la caída del ultimo bastión del "socialismo"

Somos los que volvimos a sentirnos esperanzados con los primeros discursos de Raúl Castro al asumir el poder y que siempre hemos atendido sus llamados a participar en las discusiones, primero en el IV Congreso en 1990-91 y después en las previas al VI Congreso del PCC. Pero luego, en todos los casos, constatábamos que las políticas decididas arriba, y especialmente su aplicación práctica, se quedaban muy distantes de todo lo que se dijo en las bases.

Somos los que nos sentimos, como dijo Pablo Milanés: "arrepentidos no, sino defraudados". Defraudados, porque todo lo que se ha venido haciendo en nombre del socialismo en verdad ha estado muy distante de sus métodos y fines, no ha sobrepasado las intenciones y las mejoras en algunos aspectos han respondido a políticas voluntaristas insostenibles y no a planes basados en el autogobierno y la autogestión social sustentables a nivel empresarial y local.

Hoy apreciamos una nueva situación en el país, a partir de las negociaciones con EE UU para normalizar las relaciones, a pesar de la falta de transparencia, y entendemos que el 17 de diciembre de 2014 ha significado un giro extraordinario en la sociedad cubana.

El 17 de diciembre de 2014 ha significado un giro extraordinario en la sociedad cubana

No se trata simplemente del inicio del restablecimiento de relaciones con un importante y cercano país, sino de un cambio dramático en toda la concepción general sobre la cual ha estado fundamentado el imaginario revolucionario cubano durante medio siglo, que ha marcado todos los enfoques en las políticas internas y externas.

Antes, todo pasaba por el enfrentamiento al imperialismo norteamericano. Pero ya al "imperialismo" no podrá seguir culpándose de los desastres de la economía cubana. El concepto de "ciudadela sitiada" no tiene sentido y debe desaparecer todo el conjunto de arbitrariedades que pretendía justificar. La política interna ya no tiene que ser diseñada para defendernos de alguien que no nos ataca, y externamente ya no tenemos que organizar el enfrentamiento al imperialismo en cualquier parte del mundo.

Los que han vivido medio siglo de esa historia, mitad real, mitad cuento, ahora hacen todo lo posible por virar atrás lo alcanzado el 17 de diciembre pasado.

Pero EE UU ya no es el enemigo poderoso que pretende invadirnos y "acabar con la revolución cubana", sino el vecino que puede ayudar a reflotar la economía estatal. La política exterior cubana ya no puede seguirse guiando por aquella máxima maquiavélica de que "el enemigo de mi enemigo es amigo mío o me conviene todo lo que no le conviene a mi enemigo y viceversa".

EE UU ya no es el enemigo poderoso que pretende “acabar con la revolución cubana”, sino el vecino que puede ayudar a reflotar la economía estatal

Tonto también sería quien no fuera capaz de entender que la entrega del grueso de nuestra economía a las empresas del Norte comprometería el futuro de la nación cubana. Pero más tonto sería no aprovechar el intercambio recíproco y mutuamente beneficioso.

El fin de la época de la Guerra Fría, que se acabó para el resto del mundo con la desaparición del llamado campo socialista, llegó a las relaciones entre EE UU y Cuba.

Nunca los cubanos quemamos una bandera de EE UU, pero nos daba escozor verla al lado de la cubana. Ya empiezan a verse las dos banderitas juntas como algo normal y en la medida en que crezcan los vínculos económicos y de todo tipo, las podremos ver en muchas oficinas del Estado como una vez vimos la cubana y la roja de la hoz y el martillo, por aquello de la colaboración.

El presidente de EE UU, Barack Obama, ha dicho que está interesado en ayudar a Cuba a vivir en el siglo XXI y especialmente a resolver una de las grandes demandas de los jóvenes y el pueblo cubano: el amplio y barato acceso a Internet.

Es evidente que el Gobierno cubano precisa de un nuevo tipo de relaciones con EE UU pues la economía estatal está en crisis y, según sus propios voceros, precisa urgentemente por lo menos de 2.000 millones de dólares en inversiones para sacar sus proyectos adelante.

Hoy casi toda la economía emergente sigue en manos de la burocracia que maneja el capitalismo de Estado y sus monopolios. Ella continúa abogando por las soluciones más capitalistas para la economía cubana, como son la explotación asalariada por privados, la amplia inversión extranjera capitalista directa y mixta con el Estado y la entrega de tierras e industrias al capital extranjero para su la explotación conjunta de los asalariados cubanos.

Nuevas inversiones extranjeras solo dirigidas a fomentar los proyectos estatales no resolverán los problemas estructurales

El trabajo libre asociado, ese que dijeron los clásicos del socialismo que predominaría en la sociedad post-capitalista, no aparece en el lenguaje oficial. Más se encuentra en cualquier país de economía capitalista que en nuestra Cuba "socialista".

Algunos hemos sido claros desde la izquierda: nuevas inversiones extranjeras solo dirigidas a fomentar los proyectos estatales no resolverán los problemas estructurales generales de la economía cubana y de su pueblo. Sería más de lo mismo. Por eso dimos la bienvenida a las declaraciones de Obama de apoyar los pequeños negocios de la población.

Las fuerzas de la extrema derecha cubana, de dentro y de fuera, se distancian de la nueva política de Obama porque la consideran un espaldarazo al castrismo. No es casual que otra extrema desde el mismo partido-Gobierno le esté haciendo el juego para que todo siga igual que antes.

Las fuerzas que han vivido de la confrontación y la estimulan deben ser aisladas y derrotadas políticamente. Un papel importante tiene la izquierda democrática en esta lucha.

Las fuerzas que han vivido de la confrontación y la estimulan deben ser aisladas y derrotadas políticamente

En este contexto se está produciendo un reacomodo telúrico de las fuerzas económicas y políticas de la sociedad cubana, al cual el Estado no es capaz de responder con acciones precisas relativas a la libertad de expresión, asociación, elección y de negocios que contribuirían a fortalecer los intereses generales del actual Gobierno y del pueblo cubano.

Existen grupos políticos democráticos internos y externos, más importantes por sus ideas y proyecciones que por su número, que no son partidarias del socialismo de Estado, pero tampoco pueden catalogarse como pro-imperialistas, los cuales están actuando como parte de la sociedad civil independiente y están jugando un papel positivo en el contexto actual, que la izquierda democrática no puede desconocer. El sectarismo no puede cegarnos.

No puede quedarse de brazos cruzados la izquierda democrática cubana, que aprecia los cambios reales en curso dentro de la sociedad a contrapelo del centralismo y el burocratismo; se da cuenta del estancamiento en las políticas socialistas del Gobierno; se percata de su intención de tratar de fortalecer el capitalismo de Estado con apoyo del capital internacional; y reconoce las acciones de las fuerzas más oscuras para obstaculizar cualquier progreso democrático y socializante.

Su voz y acción son más necesarias que nunca. No queremos volver al pasado oprobioso de antes del 59, pero no queremos seguir viviendo bajo el capitalismo monopolista de Estado, que trata de hacerse pasar por socialismo y cuya única eficiencia ha sido repartir mejor la pobreza creciente.

La izquierda democrática debe potenciar su accionar político para que no nos sorprenda la crecida democrática y quedemos a la vera del camino

Si no quiere quedar rebasada por esos cambios telúricos y tratar de jugar un papel más organizado y activo en estos cambios, la izquierda democrática debe potenciar su accionar político propio para que después no nos sorprenda la crecida democrática y quedemos a la vera del camino por hacer seguidismo de políticos inconsecuentes, como ya ha ocurrido otras veces en la historia de Cuba.

Por eso damos la bienvenida a ese llamado y nos unimos a buscar las confluencias de esas corrientes de izquierdas a fin de tratar un amplio movimiento político que contribuya no solo a garantizar la preservación de los logros sociales alcanzados, sino a profundizarlos y avanzar hacia la democratización de la política y la socialización de la economía.

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