Una sociedad civil mutilada

Haga la prueba. Pregunte aleatoriamente por la calle qué es sociedad civil. Tendrá suerte si encuentra alguna respuesta satisfactoria y tendrá más suerte si no le pasa como a mí, que más de una persona ni se dignó responderme. Y es que hablar de sociedad civil en Cuba es como impartir materia nueva en la escuela.

Primero los conceptos, luego, explicar cuál de ellos se considera más acertado según la visión del maestro. Un educador meticuloso busca buenos ejemplos. Es imprescindible mencionar la tesis de Alexis de Tocqueville de la sociedad civil como intermediaria entre el individuo y el Estado. También es interesante la aproximación de Habermas sobre los derechos individuales que garantizan y propician la libre asociación.

Como casi todos los conceptos en las ciencias sociales, encontramos diferentes y hasta contrapuestas visiones sobre el tema. En lo que sí coinciden los filósofos, sin importar su afinidad política o su credo religioso, es en que la sociedad civil existe y funciona con independencia del Estado, y en muchos casos como su contraparte.

Solo entonces, luego de hablar lo suficiente del tema para que el ciudadano se sienta informado, puede hablarse del papel de la sociedad civil.

Hace menos de una década, el término sociedad civil era materia inexistente o maldita en la prensa cubana

Hace todavía menos de una década, el término sociedad civil, junto con sus parientes cercanos derechos humanos y organizaciones no gubernamentales, era materia inexistente o maldita en la prensa cubana. Pero el crecimiento de la sociedad civil alternativa, a la que se ataca y simplifica, acusándola de seguir una agenda dictada por el enemigo, ha hecho que el tema se haya ido filtrando en el discurso de la prensa oficial. Ante la opinión pública, a la que contaminaron con una idea malsana, tratan ahora de presentar como integrantes de la sociedad civil a organizaciones en su mayoría creadas y financiadas por el propio Gobierno.

La próxima Cumbre de las Américas pondrá a prueba la capacidad de ambas –la sociedad civil reconocida por el Gobierno y la alternativa, no reconocida y denostada– para mostrar a la comunidad continental sus proyectos y resultados. Desde la propia Constitución se observa lo difícil de la alternancia puesto que, según el artículo 53, la libertad de expresión solo es reconocida en función de los fines de la sociedad socialista. Este artículo deja claro que los medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social, y esto asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y del interés de la sociedad.

El Gobierno pretende conocer y representar los intereses de la sociedad cubana pero, dado el deterioro de las condiciones sociales, las fronteras se vuelven difusas entre el apoyo popular a las autoridades y el deseo de los ciudadanos de ensayar otra fórmula. Solo dentro de un contexto totalitario es posible controlar el descontento, asordinar las voces discordantes y hacer prácticamente imposible la legalización de un proyecto independiente. Ese candado está constitucionalmente establecido en el artículo 62, que no reconoce las libertades cuando no encajan con los fines del Estado socialista y la decisión del pueblo cubano de construir el comunismo.

Solo dentro de un contexto totalitario es posible controlar el descontento, asordinar las voces discordantes y hacer imposible la legalización de un proyecto independiente

He leído en el Granma del viernes el artículo Nuestra sociedad civil. Estoy de acuerdo con algunos puntos de vista del periodista Sergio Alejandro Gómez. En efecto, la dominación no siempre se aplica con fuerza o coerción y a los poderosos les gusta apropiarse de las palabras y su significado. Sin embargo, discrepo de la manera en que el periodista resuelve un problema actual dentro de la sociedad civil. El Estado cubano representará los intereses de las grandes mayorías (mientras se demuestre lo contrario), pero ese Gobierno ha propiciado el rechazo de las asociaciones que de manera libre quieren establecer ciudadanos cubanos.

Queda claro que la heterogeneidad del Foro La Sociedad Civil cubana pensando Américas, se circunscribió a las diferencias en materia de religión, de equidad de género, de igualdad racial o diversidad sexual. Se observa de inmediato la ausencia de una oposición política. Es muy justo que se reconozcan los derechos arriba mencionados, pues la mala memoria no puede omitir el hecho de que también fueron minorías discriminadas en Cuba. Pero mientras la opinión política y la iniciativa al margen del Estado no estén presentes, la sociedad civil estará incompleta, y cualquier observador democrático percibe de inmediato esa anomalía.

Como señala el periodista de Granma, la sociedad no es homogénea. Homogénea no es ni la personalidad de los hermanos educados bajo el mismo techo. Sin embargo, el Estado cubano quiere lograr con estas organizaciones de su sociedad civil una sintonía que es lo que supongo lleva a la afirmación del articulista de que es una sociedad civil que no se parece a ninguna otra.

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