No hay Bucanero para tantos 'yumas'

3,5 millones de turistas visitaron Cuba en 2015. (EFE)
3,5 millones de turistas visitaron Cuba en 2015. (EFE)

Primero faltaron las botellas de agua, después escasearon los jugos envasados y ahora es difícil encontrar frutas frescas. Así describe una arrendataria de habitaciones para turistas en Viñales la situación que está pasando la zona con el significativo aumento del turismo a Cuba y los problemas de abastecimiento.

Durante 2015 llegaron a la Isla 3.524.779 visitantes extranjeros, según las últimas cifras oficiales, un crecimiento de un 17,4% en relación al año anterior. Sin embargo, el número de plazas hoteleras y casas privadas que brindan servicio de alojamiento no crece con igual celeridad. Otros servicios, como los aeroportuarios, gastronómicos y de transporte, también parecen rebasados por la avalancha.

El hermoso valle de Viñales, con sus atractivos mogotes y variadas ofertas de turismo de naturaleza, vive meses de intenso trasiego. "Ahora mismitico aquí hay más turistas que lugareños", exagera Paco, de 81 años y dueño de una casita cerca de la conocida Cueva del Indio. Desde su portal se ve la incesante caravana de ómnibus que llevan a los visitantes hacia la hermosa ruta subterránea.

"Antes yo me sentaba aquí -señala un sillón de madera- y veía, cuando más, diez guaguas de turismo al día, pero ahora ya me he cansado de contar", explica el anciano. A un costado de su casa, una familia que regenta un restaurante privado refuerza la opinión de Paco. "Nos cuesta trabajo mantener la oferta, porque entre el desabastecimiento y la cantidad de turistas que están llegando es muy difícil", señala Zoila, cocinera del lugar.

"Ahora 'mismitico' aquí hay más turistas que lugareños", exagera un vecino de Viñales

Las tarimas de los mercados se resienten ante el aumento en la demanda. Cada día visitan Viñales 5.000 turistas, poco más de una sexta parte de los residentes. Vienen en busca de productos como frutas frescas, langosta, camarones, ron, cerveza y, claro está, el tabaco local. "A veces tenemos que ir a buscar la frutabomba y las naranjas para hacer el desayuno a otros pueblos", cuenta una arrendataria que alquila tres habitaciones para turistas.

Reconoce, sin embargo, que está "contenta" con el repunte de visitantes. "Qué vengan más, que estamos ganando", repite una frase muy popular que rezuma optimismo, aunque le gustaría que la infraestructura del pueblo mejore para "que no se armen estos cuellos de botella".

El sector privado cuenta con 60 restaurantes en todo el valle de Viñales con una alta demanda de viandas, hortalizas, frutas y carnes. Una buena parte proviene del mercado ilegal y de la compra directa a campesinos. "Solo tenemos cerveza importada", dice un cartel a las afueras de un restaurante por cuenta propia. Las producciones locales Cristal y Bucanero "están perdidas porque los yumas vienen con mucha sed", ironiza un camarero.

Las tarimas de los mercados se resienten ante el aumento en la demanda

A pocos metros, un joven ofrece paseos en caballo por el valle a cinco CUC por veinte minutos. "Ahora tengo todos los animales ocupados", advierte a unos canadienses que quieren trotar un poco a campo traviesa. "Estoy lleno, tienen que esperar que regresen los que ya están en el recorrido". El hombre cuenta que comenzó con cuatro caballos, ahora tiene nueve y espera crecer a quince este año.

En La Habana, la calle Obispo es un hervidero a las dos de la tarde de un sábado. Algunos transeúntes optan por tomar las vías paralelas como O´Reilly u Obrapía para evitar el tumulto. Grupos de turistas avanzan lentamente con sus guías, se detienen a hacer fotos o se quedan maravillados frente a una anciana que fuma un enorme tabaco o una mujer disfrazada a la usanza colonial.

Todo el lugar parece una gran torre de Babel por los diferentes idiomas que se escuchan. Entre los millones de visitantes que llegaron a la Isla el año pasado había unos 125.000 canadienses; 36.000 alemanes; 35.000 franceses; 32.000 británicos; 30.000 españoles y 26.000 italianos, entre otras tantas nacionalidades.

También se distinguen muchos turistas chinos a partir del comienzo de los vuelos de la compañía Air China. "No me puedo quejar", asegura Lucía, una arrendataria de dos habitaciones cercanas a la Plaza Vieja del centro histórico. "El año pasado estuve casi todo el tiempo con los cuartos ocupados". "Llevo mucho tiempo en este ruedo y nunca había visto nada así", refiere.

El problema, apunta la cuentapropista, ha sido que "el suministro en las tiendas y en los mercados no ha seguido". La familia ha debido volcarse a la localización y compra de productos como papel sanitario, leche, jabones y bebidas alcohólicas o azucaradas, estas últimas para llenar "el minibar de las habitaciones", comenta.

"Llevo mucho tiempo en este ruedo y nunca había visto nada así", refiere una arrendataria de La Habana

"A veces tenemos que salir de madrugada para garantizar el pan del desayuno", detalla Lucía. "Este barrio está colapsado, no hay manera que podamos mantener el servicio de calidad si no se mejora el abastecimiento", destaca. Un simple paseo por las tiendas más importantes de la zona, entre ellas la céntrica Harris Brothers, confirma sus palabras.

"No, botellas pequeñas de agua no tenemos hace semanas", responde una empleada de la planta baja cuando se indaga por el producto. "Esas se las llevan por cajas la gente que alquila", agrega. Lo mismo pasa con "la cerveza, las botellas grandes de Cola y el papel sanitario", remacha.

La Habana Vieja mantiene sus crónicos problemas de suministro de agua y, con la avalancha de clientes en los alojamientos estatales y privados, el precio de los camiones cisternas se ha disparado también. "Hay días que ni con 20 CUC logro que me llenen la cisterna", comenta Lucía.

Para Maria del Pilar Macias Rutes, directora general de Calidad y Operaciones del Ministerio del Turismo, se impone "el reto de continuar perfeccionando los sistemas de calidad con el objetivo de satisfacer las demandas del boom turístico", según declaró esta semana en la televisión nacional. Entre ellos, están los "programas de mejora, en materia de alimentos y bebidas, animación y tiendas", detalló.

"La Habana no aguanta más", bromea el portero de un restaurante privado cercano a la bahía cuando se le pregunta por el caudal de clientes extranjeros que reciben. "Hemos habilitado ya tres plantas en el lugar y seguimos sin dar abasto", comenta orgulloso el hombre, quien viste como un caballero del siglo XVIII para atraer más a los turistas.

"Este barrio está colapsado, no hay manera que podamos mantener el servicio de calidad si no se mejora el abastecimiento", destaca la arrendataria

El aumento de visitantes también se nota en la disponibilidad de transporte. Hace un par de años eran pocas las personas que aguardaban en las paradas del Habana Bus Tour, pero ahora hay casi tanta cola como para "las guaguas pa' ir pal trabajo", ironiza el conductor de uno de estos vehículos de dos pisos. Por cinco pesos convertibles, la ruta brinda un recorrido de cerca de dos horas por los principales lugares turísticos de la ciudad.

El país cuenta en la actualidad con poco más de 60.000 habitaciones, de las cuales el 66,5% corresponde a hoteles de cuatro y cinco estrellas. Se espera que para 2020 se llegue a 85.500 habitaciones con estándares internacionales, según precisó el ministro de Turismo, Manuel Marrero, pero las señales apuntan a que el crecimiento tendría que ser más rápido de lo programado. Para 2016 se sumarán apenas 3.700 habitaciones a la explotación turística y se recuperarán o mejorarán otras 5.600, en especial en La Habana, Varadero y la Cayería Norte.

En el sector privado, el arrendamiento de viviendas, habitaciones y espacios suma un total de 28.634 licencias, pero una parte de ellas se destinan a ofrecer rentas para cubanos o alquiler de locales para servicios.

Las terminales aéreas tampoco escapan de los embotellamientos y la saturación de pasajeros. En el Aeropuerto de La Habana, un viajero puede esperar como promedio entre una hora y media y dos horas desde que su vuelo aterriza hasta que logra salir por la puerta con sus maletas. Las filas frente a los puestos de control migratorio "a veces son tan largas que la gente casi llega a la escalera" de acceso, comenta una empleada de la aduana.

Las terminales aéreas tampoco escapan de los embotellamientos y la saturación de pasajeros

Los clientes se quejan del calor sofocante mientras esperan ante las esteras de los equipajes debido a que el aire acondicionado de la terminal tres, la más moderna del país, apenas consigue enfriar la sala. "No hay papel sanitario en los baños y ningún lugar donde comprar siquiera una botella de agua aquí adentro", protestaba este fin de semana un turista argentino recién llegado.

La situación puede empeorar a lo largo de este año cuando se espera superar la cifra de 3.700.000 de visitantes, explicó la viceministra de Turismo Mayra Álvarez García, lo que significa 175.200 turistas más que el año pasado.

A las afueras del aeropuerto habanero ya los taxistas no pelean por un cliente, sino que son estos últimos los que deben intentar alcanzar alguno de los Panataxi que son abordados desde que se acercan por la calle de entrada a la terminal. Dos hombres se disputan un carrito para llevar el equipaje. "Yo lo vi primero", protesta uno con acento francés. Finalmente logra quedárselo, pero tiene una rueda rota.

Cae la noche y los turistas siguen saliendo a raudales del aeropuerto para adentrarse en un país que no da abasto para satisfacer sus expectativas.

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