Las drogas avanzan en la batalla del ocio entre los adolescentes

Las autoridades alertan de un aumento en el consumo a edades cada vez más tempranas

No hay barrio de la capital cubana donde no se compre y se venda una amplia variedad de preparados, píldoras y polvos “para volar”. (EFE)
No hay barrio de la capital cubana donde no se compre y se venda una amplia variedad de preparados, píldoras y polvos “para volar”. (EFE)

Se seca el sudor y toma agua de un pomo que lleva en la mochila. "En mi época los jóvenes pasaban las vacaciones frente al televisor", asegura Ignacio, padre de dos adolescentes. Mientras avanza por la populosa avenida de 10 de Octubre, en La Habana, busca ofertas de videojuegos. "Para que se queden en casa porque en la calle cada vez hay más droga".

La preocupación de Ignacio la comparten miles de padres a lo largo de toda la Isla. El país donde hace unas décadas el Gobierno controlaba hasta cuántos cigarros fumaba un individuo ha dado paso a una realidad más compleja. Las autoridades alertan sobre el aumento del consumo de drogas entre los jóvenes y hacen un llamado a las familias para que estén atentas.

En los últimos años la prensa oficial también ha comenzado a abordar el tema, aunque aún con cierto recato y aclarando que no se trata de un problema tan grave como en los países capitalistas. Sin embargo, no hay barrio de la capital cubana donde no se compre y se venda una amplia variedad de preparados, píldoras y polvos "para volar".

En los últimos años la prensa oficial también ha comenzado a abordar el tema, aunque aún con cierto recato y aclarando que no se trata de un problema tan grave como en los países capitalistas

Aníbal, de 17 años, prefiere cambiar su nombre para contar su relación con los estupefacientes. Empezó a consumir a los 12 y lo que al principio era un juego, se convirtió después en una obsesión. "Dejé de ir a la escuela y solo me interesaba encontrar algo que meterme", detalla a 14ymedio.

Durante este último lustro, Aníbal ha estado entrando y saliendo de la droga. Hace una semana rompió el período más largo que había pasado sin consumir pastillas. "Estuve más de 80 días limpio, pero me invitaron a una discoteca y volví a recaer", confiesa.

Su vida familiar dio un vuelco cuando a mediados de 2015 sus padres decidieron hacer la ruta hacia Estados Unidos a través de Centroamérica y se quedó solo con la abuela. En poco tiempo duplicó el consumo. "Tuve al menos dos sobredosis, pero solo una vez me llevaron al hospital".

Los amigos de Aníbal no querían que los doctores reportaran el caso a la policía y temían "terminar todos presos", cuenta el joven que, con 17 años, no supera las 110 libras y cuyas manos tiemblan todo el tiempo. "La comida dejó de interesarme y tuve meses en que casi no me bañé". Vendió uno a uno todos los electrodomésticos de la casa para pagar la droga.

"Un día vendí el espejo del baño que estaba sobre el lavamanos porque me hacía falta dinero y porque ya no podía mirarme la cara de lo demacrado que estaba", asegura. En ese momento decidió buscar ayuda.

El joven pasó por el Centro Provincial de Deshabituación de Adolescentes de La Habana, una institución que desde 2005 atiende a pacientes que se han cruzado en el camino de la droga desde edades muy tempranas. "Ahí conocí a otros como yo y me prometí dejar de matarme con todo esto, pero en la calle la vida es otra cosa", cuenta.

Los fines de semana el muro del Malecón se vuelve un masivo punto de encuentro, prostíbulo al aire libre y mostrador de innumerables sustancias ilegales. "Solo tengo que ir hasta allí y siempre encuentro algo". Con el aumento del turismo "se ha diversificado la oferta y hay mucha marihuana", aunque apunta que prefiere las píldoras "más rápidas y menos adulteradas".

Las drogas sintéticas reinan entre los jóvenes y se han convertido en la moneda con que los extranjeros pagan los favores sexuales

Las drogas sintéticas reinan entre los jóvenes y se han convertido en la moneda con que los extranjeros pagan los favores sexuales, ya sea en tabletas o "polvo", cuenta Aníbal. Aunque asegura que nunca ha vendido su cuerpo para mantener su adicción, sí sabe de muchos que lo han hecho. "¿Quién va a pagar por todos estos huesos?", pregunta con ironía.

Una línea confidencial ayuda a quienes buscan información sobre el tema, aunque la desconfianza lastra su alcance. "Hola, se ha comunicado con el 103, Línea Confidencial Antidrogas; en breve le atenderemos", dice una voz. Claudia, de 39 años, prefiere colgar. Tiene una hija de 14 que se ha vuelto "agresiva, pasa largas horas aturdida y a veces no puede ni levantarse de la cama".

Datos publicados por la Unidad de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades dan cuenta de que el pasado año se recibieron 14.412 llamadas a la línea confidencial, la mayoría de La Habana, Pinar del Río, Camagüey, Ciego de Ávila y Las Tunas.

Claudia teme lo peor sobre lo que su hija hace cuando sale de casa pero no quiere "meterla en un problema" al contactar con un especialista. Ha pensado en otro tipo de solución. "Hablé con una prima que vive en Quemado de Güines, en Villa Clara, para que mi hija se pase un tiempo por allá". La madre considera que "estar en el campo, fuera de La Habana y alejada de sus amigos" la ayudará, aunque ningún lugar del territorio nacional parece estar a salvo.

La entrada de droga al país ha ido en aumento en los últimos años. A lo largo de 2016 la Aduana General de la República (AGR) confiscó 30,22 kilogramos de drogas, sin embargo entre enero y mayo de de este año la cifra de incautaciones ya llegaba a 32,59 kg, según datos ofrecidos por Moraima Rodríguez Nuviola, subdirectora de Enfrentamiento de la AGR.

Los recalos son la principal vía de entrada, especialmente de la marihuana. Aunque esta última también se siembra en fincas privadas donde los propietarios se arriesgan a terminar en la cárcel y a que les sea confiscada la tierra.

El tráfico de drogas se castiga en el código penal cubano con sanciones de cuatro a diez años, si la escala es considerada pequeña, pero si se trata de cantidades grandes la condena puede llegar a 20 años

El tráfico de drogas se castiga en el código penal cubano con sanciones de cuatro a diez años, si la escala es considerada pequeña, pero si se trata de cantidades grandes la condena puede llegar a 20 años. La envergadura del volumen se determina en la praxis, no está fijada en la ley. El tráfico internacional acarrea hasta 30 años de prisión y se agrava si están involucrados menores de edad. También el consumo está seriamente castigado, con multas de hasta 500 cuotas de 20 pesos o privación de libertad de entre seis meses y ocho años.

A pesar de la severidad de la legislación nacional "el consumo comienza muy pronto", según una psiquiatra que prefirió el anonimato. "En Cuba la iniciación en este tipo de sustancias cada vez se hace a edades más tempranas". La especialista, que ha tratado a un centenar de pacientes, considera que "la marihuana, los psicofármacos y algunos medicamentos usados como drogas están desplazando al alcohol entre los adolescentes".

Aníbal se ha propuesto intentarlo. "Quiero dejar esta basura, volver a estudiar, rehacer mi vida y casarme", cuenta. En el bolsillo del jeans lleva un pequeño sobre con diez píldoras. "Estas son las últimas, lo prometo".

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