No eran delincuentes, eran estudiantes

Los estudiantes han demostrado que no estaban paralizados por la doctrina oficialista, según el autor.
Los estudiantes han demostrado que no estaban paralizados por la doctrina oficialista, según el autor.

El miércoles 18 de abril parecía ser un día normal como cualquier otro... pero no lo era. El día anterior, el país entero había escuchado con estupor las nuevas disposiciones unilaterales del Gobierno para "salvar" de la quiebra al INSS (Instituto Nicaragüense de Seguridad Social).

Las medidas eran especialmente draconianas, incluso peores que las recomendaciones que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha venido sugiriendo desde hace varios años.

Una, en particular, causó especial revuelo y fue el tema obligado de conversación el martes por la noche. A partir de ese momento se le deduciría el 5% de su pensión a todos los jubilados que recibieran más de 5.000 córdobas, unos 160 dólares.

Pero no sólo las medidas eran noticia, sino el hecho de que no habían sido consensuadas con la empresa privada, por primera vez en poco más de 11 años del Gobierno de Daniel Ortega.

A ese arreglo entre el poder y el gran capital, una especie de neofascismo tropical, Rosario Murillo lo llamó "modelo de diálogo y consenso"; y era algo así como misa negra, completamente excluyente

La cúpula del sector privado se había coludido con él desde el primer momento y optaron por obviar todos sus atropellos y desmanes con tal de que les permitiera hacer negocios y enriquecerse a manos llenas.

A ese arreglo entre el poder y el gran capital, una especie de neofascismo tropical, Rosario Murillo lo llamó "modelo de diálogo y consenso"; y era algo así como misa negra, completamente excluyente, en la que todos los demás no teníamos ni voz ni voto.

El miércoles mientras almorzaba pude ver en el noticiero del mediodía de un canal independiente cómo las turbas (grupos paramilitares afines al Gobierno), golpeaban a un pequeño grupo de ancianos y otras personas que les acompañaban durante una protesta pacífica en la ciudad de León.

Aunque nos resultaba aberrante y grotesco que golpearan salvajemente a unos pobres ancianos que sólo reclamaban sus derechos, lo cierto es que este tipo de atropellos se habían dado muchas veces a lo largo de estos 11 años. Respiramos profundo y nos tragamos la ira, como en tantas otras ocasiones.

Ese mismo día más tarde, al salir del trabajo, mientras conducía de regreso a casa, escuché por la radio que aquí en Managua las turbas habían apaleado a un grupo de jóvenes que se citaron a través de las redes sociales para respaldar la protesta de los viejitos.

También había ancianos que fueron vapuleados. Varios periodistas, incluso de medios internacionales, sufrieron golpizas y el robo de sus equipos de trabajo.

También había ancianos que fueron vapuleados. Varios periodistas, incluso de medios internacionales, sufrieron golpizas y el robo de sus equipos de trabajo

Nadie podía imaginar en ese momento que aquél había sido el punto de inflexión. Nos fuimos a dormir con la furia en el cuerpo y al amanecer del jueves 19 de abril estallaron las protestas por todo el país. Nunca más nada sería igual.

La gente, completamente harta e indignada de tanto abuso y de tanta ignominia, decía en la calle: ¡Basta ya!

Nunca más nos iban a volver amedrentar ni a sojuzgar para que no expresáramos libremente lo que sentíamos y lo queríamos para nuestra patria.

Al grito de democracia y libertad, cientos de miles de personas se lanzaron a la calle armados sólo con sus banderas prácticamente de forma espontánea. La magnitud de las protestas tomó por sorpresa a propios y extraños. Especialmente llamativo ha sido el protagonismo y el liderazgo de los jóvenes universitarios, que creíamos domesticados y amordazados por la propaganda oficialista.

¿Quién podía imaginar que en las aulas de nuestras universidades se estaba gestando una auténtica revolución democrática? Esos muchachos y muchachas, que han vivido gran parte de sus vidas bajo una dictadura, estaban dando un fuerte y claro golpe sobre la mesa.

Con su arrojo y heroísmo nos estaban recordando a los mayores que siempre hemos sido un pueblo indómito y que, a pesar de lo mucho que hemos sufrido y de la sangre que hemos derramado, no nos hemos dejado avasallar por los sucesivos tiranos que nos han pretendido esclavizar.

La respuesta del régimen era la que tenía que ser, dada su naturaleza déspota y sanguinaria. La policía salió a las calles como fieras en busca de su presa, la orden era clara: reprimir, torturar y asesinar.

Se sabe que hay desconcierto en el Gobierno y sus asesores cubanos porque, según sus cálculos, a estas alturas la tormenta ya debía haber amainado, y en realidad ha ocurrido todo lo contrario

Durante esa primera semana la situación se complicó cada vez más para el Gobierno. La maniobra del diálogo que ha pretendido sostener con la oposición se encuentra en punto muerto, dado que el régimen no ha dejado de matar.

Se sabe que hay desconcierto en el Gobierno y sus asesores cubanos porque, según sus cálculos, a estas alturas la tormenta ya debía haber amainado, y en realidad ha ocurrido todo lo contrario. Aunque la represión no ha hecho más que aumentar, la intensidad y el alcance de las protestas es cada vez mayor.

La estrategia empleada con tanto éxito en la Isla y en Venezuela, aquí no está funcionando. La marcha del pasado 30 de mayo en solidaridad con las madres de los caídos y que terminó en un nuevo baño de sangre, con saldo de 18 muertos y más de 70 heridos, ha sido la mayor de cuantas se han realizado en el último mes y medio. Cientos de miles de personas han tomado las calles de todo el país para decir una vez más: aquí estamos y no tenemos miedo.

Los campesinos que trabajan en coordinación con los estudiantes han establecido más de 40 tranques o retenes en las carreteras de todo el país, lo cual impide que las fuerzas de choque puedan desplazarse de un lugar a otro para reprimir las protestas.

Ese mismo día, en una raquítica contramarcha, Ortega se mostraba desafiante y avisaba de que no tiene la menor intención de irse. Se lo dice principalmente al alto empresariado, que ha empezado a exigir -todavía tímidamente-, su salida.

La Iglesia Católica, que en principio parece estar del lado de la población, en realidad no es un bloque monolítico, puesto que algunos obispos -incluso el propio cardenal Leopoldo Brenes- se muestran complacientes y, hasta cierto punto, colaboracionistas con el Gobierno.

Parte de la actitud arrogante de Ortega y su mujer se debe a que saben que no están completamente solos. El núcleo duro del FSLN, que históricamente ha sido del 30% de la población aproximadamente, se conserva intacto. Mucha de esta gente se dice dispuesta a morir y a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de defender al comandante y a la compañera.

Increíblemente Luis Almagro (OEA), que ha sido tan duro con la dictadura venezolana, en el caso de Nicaragua está haciendo todo cuanto puede para que Ortega termine el actual periodo presidencial

En el plano internacional, aunque al régimen le llueven condenas de todo el mundo democrático, increíblemente Luis Almagro (OEA), que ha sido tan duro con la dictadura venezolana, en el caso de Nicaragua está haciendo todo cuanto puede para que Ortega termine el actual periodo presidencial, que termina en el 2021; tan lejos ha llegado, que incluso ha atacado a la oposición tildándola de violenta y antidemocrática.

Así las cosas, aunque la fiera está herida, todavía cuenta con una ingente cantidad de recursos, armamentos y mercenarios entrenados para matar.

Aunque hay optimismo entre la gente, también ronda como un buitre sobre nuestras cabezas el caso de Venezuela. Allá las protestas fueran quizás aún más intensas y duraron mucho más tiempo y, sin embargo, Maduro sigue aferrado al poder.

Independiente de lo que pase, lo único seguro es que de aquí en adelante le será muy difícil gobernar. Ya no existe más aquel país idílico que pretendía vendernos Rosario Murillo con su letanía de amor, paz y felicidad, como si el pueblo no estuviese viendo día a día la realidad y padeciendo los problemas en sus propias carnes.

La máscara ha caído y, aunque por más de una década lograron pasar por debajo del radar, ahora el mundo conoce la verdadera naturaleza represiva y criminal de este régimen.

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