Lo que no dice Putin

El saludo de Stalin y Ribbentrop en el Kremlin durante la firma de los pactos de no agresión entre la URSS y la Alemania nazi. (Bundesarchiv)
El saludo de Stalin y Ribbentrop en el Kremlin durante la firma de los pactos de no agresión entre la URSS y la Alemania nazi. (Bundesarchiv)

En el aniversario de la derrota de la Alemania nazi hace 77 años, este lunes, Vladímir Putin rindió homenaje en una parada militar a los soldados soviéticos y recordó el sacrificio de millones de ciudadanos. Pero olvidó decir que la derrota de Adolf Hitler no trajo consigo una era de libertad y prosperidad para los soviéticos, ni para los polacos, checos, húngaros, lituanos, alemanes, eslovacos y otros muchos que cayeron por más de 40 años bajo el vasallaje comunista de la Unión Soviética.

A Putin se le olvidó mencionar que el triunfo sobre Hitler fue posible debido a una gran alianza que incluía, además de Rusia, a Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otros países aliados.

Esta semana, Putin esperaba impresionar al pueblo ruso anunciando en la parada militar la victoria de las fuerzas rusas en Ucrania. Pero no pudo ser. Cuando el presidente Biden le ofreció a su homólogo ucraniano un avión para sacarlo del país, este dijo que lo que necesitaba eran aviones de guerra, armas y cohetes antitanques. Los ucranianos, como los rusos cuando los ejércitos nazis se encontraban a las puertas de Moscú, han sorprendido al mundo y han causado muchas bajas al invasor.

A Putin no debe de agradarle que los Estados Unidos nunca aceptaran como definitiva la ocupación y la subordinación de esas naciones europeas al imperio soviético, y que los pueblos a la menor oportunidad se rebelaran en su contra.

Tampoco que como consecuencia de su guerra criminal contra Ucrania se haya desarrollado una nueva cohesión dentro de la Otan, y que Finlandia y Suecia aspiren a incorporarse a ese tratado defensivo. Putin y sus aliados tienen que haberse sentido muy mal cuando, a pesar de sus múltiples gestiones, Rusia fue suspendida en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Esto preocupa a La Habana, que teme también ser expulsada ahora que no cuenta con la protección rusa en esa instancia.

Al gobernante ruso sin duda le preocupa que la guerra contra Ucrania se reconoce hoy como parte de las ambiciones geopolíticas de Moscú, igual que la ocupación de Crimea. Ambas acciones violan el Memorándum de Budapest en el que Rusia, Inglaterra y Estados Unidos garantizaron la integridad territorial ucraniana a cambio de que Kiev entregase sus armas nucleares a Rusia.

A raíz de la guerra contra Ucrania, la ocupación parcial de Georgia y Moldavia, además de la supeditación del Gobierno de Bielorrusia a Moscú, son ahora temas prioritarios en la agenda de varias cancillerías europeas.

¿Y qué decir de las declaraciones del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso de que una mayor presencia estadounidense en Europa pudiese resultar en el despliegue de miles de militares rusos en el territorio de sus aliados en el hemisferio occidental, presumiblemente Cuba, Nicaragua y Venezuela?

Ya en el Capitolio se preguntan si esos movimientos militares rusos justificarían que Panamá prohíba el tránsito por el canal a buques de bandera rusa y otros que ayuden a Putin a violar las restricciones que se le han impuesto.

Es quizás por todo eso que el líder ruso trata de mejorar la imagen de su Gobierno alrededor del mundo, presentando un relato incompleto y falso de la Segunda Guerra Mundial. Como si el tratado secreto entre Hitler y Stalin para repartirse a Europa Central no hubiera ocurrido. Y como si Stalin no hubiera sido socio en el crimen con Hitler hasta que miles de soldados nazis cruzaron la frontera y los bombarderos alemanes hicieron añicos unos cuantos aeródromos militares soviéticos.

Después de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, varias Administraciones estadounidenses, posiblemente temerosas de otra guerra europea, se limitaron a denunciar la represión soviética en los países vecinos, sin tomar más medidas que crear la Voz de los Estados Unidos de América y Radio Europa Libre , para romper la férrea censura en los países satélites, transmitiendo noticias a aquellos pueblos cautivos. En 1968, los checos iniciaron un movimiento de reforma, la "primavera de Praga", y la Unión Soviética invadió el país. En un lenguaje muy parecido a las declaraciones recientes de Putin sobre Ucrania, Fidel Castro, que era líder de los países no alineados, aprobó la invasión.

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