Chile, ante el peligro de seguir los pasos de Cuba

Si este Gobierno no rectifica su rumbo, su paradero es predecible: el estancamiento, la pobreza y la desesperanza

Las protestas han sacudido a Chile en busca de una mayor redistribución de la riqueza. (Twitter)
Aunque todos eran reclamos justos, la forma de expresarlos por los ciudadanos “revoltosos”, entre los que se encontraba el actual presidente Gabriel Boric, dejó mucho que desear / Twitter/Archivo
Jorge Luis León

15 de marzo 2024 - 19:59

Houston/Chile es un país bello y vigoroso –lo supe desde que visité a mi familia chilena en 1996–, pero la inestabilidad política y las constantes protestas que sacuden al país se han cobrado parte de esa belleza. Las causas de este fenómeno habría que buscarlas, como mínimo, dos décadas atrás, aunque el estallido social que duró desde octubre de 2019 hasta marzo de 2021 ha sido uno de los más violentos de los últimos años. Muchos aseguran que ese momento fue el “despertar de Chile”, otros califican las protestas de un “gran error” que debilitó al país enormemente. Para mí, el estallido sobrepasó los límites que la democracia chilena podía soportar.

El detonante fue el alza de las tarifas del transporte público, al que se unieron más tarde demandas en los sectores de la salud y la educación, así como de las pensiones. Aunque todos eran reclamos justos, la forma de expresarlos por los ciudadanos “revoltosos”, entre los que se encontraba el actual presidente Gabriel Boric, dejó mucho que desear. 

La violencia cubrió Santiago, y se extendió rápidamente a otras regiones del país. El “despertar” dejó cerca de 34 muertos, además de miles de heridos y detenidos. En el orden económico las pérdidas ascendieron a los 3.300 millones de dólares, entre 100.000 y 300.000 empleos, la devaluación del peso chileno, así como a una caída del crecimiento económico del país. 

El “despertar” dejó cerca de 34 muertos, además de miles de heridos y detenidos

Esta fue la situación con la que Boric llegó a la presidencia en 2022. Su programa prometía todo lo que la ciudadanía había demandado durante las manifestaciones: justicia, orden, aumento del salario mínimo, mejoras en la educación y la salud, y, como plato fuerte, una nueva Constitución para el país. Hasta ahí, nada parecía fuera de lo común, aunque la inclusión de varios políticos comunistas en su gabinete levantó sospechas.

A la larga, la Administración demostró su incapacidad y torpeza en el manejo del Gobierno, al punto de que el 65% de la población desaprueba su gestión. Nada ha quedado resuelto. Por el contrario, se suman nuevos problemas y pocas soluciones, y su Gobierno “avanza” a ciegas ante muchos abismos.

Uno de los escenarios donde se percibió claramente la escasa capacidad política de Boric fue la creación de un anteproyecto de una nueva constitución para Chile, con la que pretendía dividir el país en múltiples naciones. Naturalmente, la propuesta fue rechazada por los chilenos. ¿Acaso no había suficientes elementos para intuir que tal torpeza no pasaría el escrutinio del pueblo? Sí, los había, pero fueron la miopía de un presidente sin ninguna preparación especial y un equipo de Gobierno deficiente los que no pudieron percibirlos.

Así siguen las cosas en un país que fue llamado en algún momento, con mucha razón, la “locomotora de América”. Si este Gobierno no rectifica su rumbo, si persiste en llevar su camino por el de la izquierda ciega del continente, su paradero es predecible: el estancamiento, la pobreza y, lo que es peor, la desesperanza.

Mírense en nuestro espejo: Cuba, de las naciones más prósperas de América Latina, pasó a ser una de las más miserables. Ojalá a los chilenos la historia no los deje, como a nosotros, heridos de muerte.

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