Una pizarra basta para entender la inflación en Cuba

Generación Y

La subida de precios obliga a renunciar a alimentos nutritivos y reduce las porciones sobre el plato

Uno mira estos números escritos sobre una pizarra blanca y siente que no son simples precios. Son decisiones. ¿Compro arroz o aceite? ¿Llevo huevos o dejo el dinero para el transporte?
Uno mira estos números escritos sobre una pizarra blanca y siente que no son simples precios. Son decisiones. ¿Compro arroz o aceite? ¿Llevo huevos o dejo el dinero para el transporte? / 14ymedio

No hace falta un informe económico ni una tabla llena de estadísticas. Basta detenerse unos minutos frente a la pizarra de cualquier mercado para comprender cómo se encoge el bolsillo de los cubanos.

La libra de arroz, ese alimento que durante décadas fue el centro de la mesa familiar, ya cuesta 360 pesos. El frijol negro llega a 450. El kilogramo de harina de trigo supera los 1.000 pesos. Un cartón de huevos ronda los 3.000 y un litro de aceite vegetal rebasa los 2.000 pesos.

Mientras tanto, el salario promedio mensual en Cuba sigue sin alcanzar los 7.000 pesos.

Uno mira estos números escritos sobre una pizarra blanca y siente que no son simples precios. Son decisiones. ¿Compro arroz o aceite? ¿Llevo huevos o dejo el dinero para el transporte? ¿Cocino frijoles hoy o espero al próximo mes para hacerlo?

Hace unos años, encontrar una libra de arroz a 360 pesos habría parecido un disparate. Hoy muchas personas leen esa cifra, suspiran y extienden la jaba al comerciante

La inflación hace mucho que no es una palabra reservada en esta Isla para los economistas. Tiene el rostro de la madre que vuelve a contar los billetes antes de entrar a la tienda. Del jubilado que da otra vuelta a la cuadra con las manos vacías. Del trabajador que cobra y, antes de terminar la primera semana, descubre que su salario ya perdió otra batalla.

Los datos oficiales muestran que en junio los precios volvieron a subir, con especial fuerza en los alimentos y el transporte, mientras en el mercado informal el incremento sigue siendo todavía más acelerado. La inflación acumulada continúa deteriorando el poder adquisitivo de sueldos y pensiones, y la sensación en la calle es que los precios suben mucho más rápido que cualquier ingreso.  

Lo más duro es que hay quien termina acostumbrándose.

Hace unos años, encontrar una libra de arroz a 360 pesos habría parecido un disparate. Hoy muchas personas leen esa cifra, suspiran y extienden la jaba al comerciante. La capacidad de asombro también se devalúa, la piel se nos hace más gruesa ante el absurdo cotidiano.

Quizás eso sea lo más preocupante: que la inflación no solo encarece la comida. También desgasta las expectativas, obliga a renunciar a alimentos nutritivos, reduce las porciones sobre el plato y convierte cada visita al mercado en un ejercicio de matemáticas de supervivencia.  

También te puede interesar

Lo último

stats