Washington, La Habana y las pruebas del cambio real
Mientras no logre sacar hasta el último preso de conciencia que quede tras las rejas, cualquier diálogo se quedará en mascarada
La Habana/Es raro el día en que no circule una nueva especulación sobre supuestas negociaciones entre Washington y La Habana. El rumor corre por los portales digitales, se cuela en los comentarios de la bodega y vuelve a aparecer, con añadidos, en las redes sociales. En las calles cubanas, la gente se pregunta si será cierto que ambos gobiernos están hablando y que pronto saldrá a la luz una hoja de ruta para una transición democrática en la Isla. Sin embargo, los rumores avanzan por un carril y la terca realidad no hace más que retroceder por otro.
Los cubanos hemos aprendido a desconfiar. No por cinismo, sino por experiencia. Demasiadas veces se nos ha anunciado un nuevo proceso de transformación que termina siendo apenas un cambio de tono, una concesión reversible o una promesa que se evapora en pocas semanas. Si de verdad existen conversaciones, si no se trata solo de globos de ensayo lanzados para medir reacciones, entonces deberían venir acompañadas de señales claras, visibles y, sobre todo, de pasos irreversibles hacia la libertad.
Los rumores avanzan por un carril y la terca realidad no hace más que retroceder por otro
El primero de esos necesarios movimientos no admite maquillaje ni eufemismos: la liberación de todos los presos políticos. Más de mil personas están hoy encarceladas en Cuba por pensar distinto, manifestarse pacíficamente o publicar un texto incómodo en internet. No se trata de excarcelaciones temporales, licencias extrapenales o destierros encubiertos, sino de una amnistía plena, sin amenazas ni vigilancia posterior. Mientras no logre sacar hasta el último preso de conciencia que quede tras las rejas, cualquier diálogo se quedará en mascarada.
Otra prueba indispensable sería la despenalización real de la discrepancia y el desmontaje del aparato de la policía política. No bastan cambios legales cosméticos si el ciudadano sigue sabiendo que una opinión puede costarle el trabajo, la carrera o la libertad. Sin ese andamiaje del miedo, hecho de citaciones, actos de repudio y expedientes coercitivos, no hay transformación honesta, solo simulacro.
También habría que tocar el núcleo duro del poder: el fin del Partido Único y la convocatoria a elecciones plurales. No como un gesto lejano, prometido para un futuro impreciso, sino como un compromiso con calendario y reglas claras. Una transición no puede construirse con un solo jugador en el tablero. Y para que esas elecciones no sean una coreografía vacía, los medios públicos tendrían que abrirse a voces divergentes, permitiendo que distintas opciones políticas hagan campaña ante los ciudadanos. El día que veamos a un opositor explicar su programa ante las cámaras de la televisión oficial, podremos empezar a decir que algo está cambiando realmente en esta Isla.
También habría que tocar el núcleo duro del poder: el fin del Partido Único y la convocatoria a elecciones plurales. No como un gesto lejano, prometido para un futuro impreciso
En el plano económico, un paso irreversible sería poner fin a la absurda prohibición que impide a médicos, abogados y otros profesionales ejercer libremente en el sector privado. No hay país que se reconstruya atando de manos a su capital humano. Del mismo modo, debería desaparecer la práctica de las "regulaciones” migratorias por motivos políticos, que convierten el derecho a viajar en un privilegio condicionado a la obediencia o al silencio.
Finalmente, ninguna transición cubana será completa si ignora al exilio. Llamar a quienes se fueron, y a sus hijos, a incorporarse a la vida política nacional y a la reconstrucción del país no es una concesión, es una necesidad. Cuba es también esa diáspora que envía remesas, aporta ideas y conserva nuestra memoria.
Si las conversaciones existen y aspiran a algo más que a ganar tiempo, estas serían las señales. Todo lo demás, por seductor que suene, seguirá siendo ruido en medio de un largo estancamiento.
________________________
Nota de la Redacción: Este texto se publicó originalmente en Deutsche Welle en español.