El ocio cubano al rescate de la economía

Otra de sus grandes riquezas son parajes: con las playas paradisíacas a la cabeza. (CC)
Otra de sus grandes riquezas son parajes: con las playas paradisíacas a la cabeza. (CC)

El pasado mes de febrero de este año, el ministro cubano de Turismo, Juan Carlos García, se puso como meta el año 2020, durante una intervención televisiva, atraer a 4,5 millones de turistas internacionales.

A todas luces, este deseo se veía complejo, dado el endurecimiento del embargo proveniente de los Estados Unidos y la quiebra de Thomas Cook. Pero lo que está claro es que han sido las circunstancias actuales las que han provocado que ese objetivo deba posponerse.

No obstante, algo debemos tener claro: y es que la industria cubana del ocio sigue siendo el principal motor de la economía del país. Ese aspecto es algo que tanto el propio ministro como la Presidencia de la República tienen muy claro.

Cuba tiene lo que le hace falta para atraer a visitantes de todos los países. Es cierto que el turismo ruso, en segundo lugar tras el canadiense, ya está dentro de un programa para potenciarse, pero son muchos otros los estados que pueden sentirse atraídos para visitar esta nación si descubren sus innumerables riquezas.

Empecemos por las culturales: la arquitectura colonial, la música del son y de las fusiones, la mezcla de orígenes que ha dado lugar a este patrimonio cultural único, los festejos populares... Todo aquello que puede enriquecer a un viajante y convertir una visita en una experiencia única e inolvidable. Desde los Festivales de la Huella de España hasta la Fiesta del Fuego, pasando por otras tantas celebraciones y representaciones que harán las delicias de los turistas ávidos de descubrimientos.

Cuba tiene lo que le hace falta para atraer a visitantes de todos los países. (Alessandro Caproni)
Cuba tiene lo que le hace falta para atraer a visitantes de todos los países. (Alessandro Caproni)

Otra de sus grandes riquezas son, evidentemente, sus parajes: con las playas paradisíacas a la cabeza. El atardecer en El Malecón, la Playa de Ancón, que ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad, la radiante belleza de la Playa Sirena, los Jardines del Rey, con Cayo Coco a la cabeza, o Guardalavaca, que enamoró a Cristóbal Colón, por citar algunas de tantas que conforman un paisaje de ensueño.

La restauración es un aspecto que nadie olvida: desde la agitada y atractiva vida nocturna que mezcla baile y música en sus coloridas calles y lugares originales y auténticos, hasta los lujosos hoteles que atraen cada año a más y más visitantes exigentes; pasando por los restaurantes y los lugares donde disfrutar de un cocktail mientras el sol se pone y empieza el rito de la noche.

Y por supuesto, su gente. Este es uno de los mayores activos que Cuba posee. Y no debe olvidarlo. La capacidad de transmitir alegría, el hecho de ser grandes anfitriones y de mostrar todo aquello que esta tierra puede ofrecer a un viajero. Esa personalidad que sabe comunicar y deja una huella única en las personas que nos visitan.

Pero el ocio no es sólo para los turistas: los cubanos disfrutan de sus momentos de diversión y tienen sus propias válvulas de escape. La música en casa o en la calle, con los suyos, con amigos o con vecinos; las conversaciones o las comidas en el barrio, tras organizar un "ponina", con amigos y familia; el uso de las nuevas tecnologías, que ahora ofrecen innumerables posibilidades, como conversar con tus contactos, utilizar las redes sociales, jugar a los clásicos del casino online o a otros divertimentos, ver el paquete u otras tantas formas de sacarle partido a lo electrónico; y si no, tenemos el dominó de siempre: no tan moderno, pero que nunca falla a la hora de pasar un buen rato.

Y por supuesto, conocedores de lo maravilloso de sus playas, los cubanos las visitan en cuanto tienen oportunidad, al igual que los balnearios, como hemos informado recientemente. El tema es que hay que saber narrar al mundo los que los habitantes de la República saben: que hay un paraíso a su alcance y que vale la pena descubrirlo. Y para ello, tanto las instituciones como los habitantes, vivan o no del turismo, deben saber explicarlo para que muchos vengan a descubrirlo, al tiempo que esa huella imborrable haga que lo expliquen a otros tantos. El mundo entero está formado por personas que deben descubrir Cuba.

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