Sacar dinero tarda días en Cuba y segundos en España

En España, sacar dinero de una cuenta es un gesto de segundos, y lo raro es tener que esperar.
En España, sacar dinero de una cuenta es un gesto de segundos, y lo raro es tener que esperar.

02 de octubre 2026 - 06:52

"Eso de que el pago por transferencia es ley, nada más se lo creen ustedes", le soltó una vecina de Mariel a una periodista de la prensa oficial este verano. La frase resume tres años de bancarización forzosa. En 2026 solo el 3,77% de las transacciones que se hacen en Cuba son digitales. Los cajeros amanecen sin billetes, los jubilados hacen cola desde las tres de la madrugada para convertir una pensión que ya tienen en la tarjeta en algo con lo que comprar, y desde el 6 de junio, cuando Visa y Mastercard suspendieron sus operaciones en la Isla, ni siquiera queda un canal internacional con tarjeta. El dinero entra al banco por obligación y no sabe salir.

A nueve horas de vuelo, en el país donde viven más de 250.000 personas nacidas en Cuba, ocurre exactamente lo contrario. En España, sacar dinero de una cuenta es un gesto de segundos, y lo raro es tener que esperar.

En España el dinero sale tan rápido como entra, y hasta los casinos lo saben

Bizum, la aplicación que la banca española lanzó en 2016 para enviar dinero con el número de teléfono, rozaba los 31 millones de usuarios en febrero de 2026 y mueve 3,4 millones de transferencias al día. Desde mayo se paga con ella en los comercios: en septiembre ya funcionaba en 1,6 millones de negocios y en el 75% de los datáfonos del país. Detrás hay una norma europea, en vigor desde el 9 de octubre de 2025, que obliga a todos los bancos de la zona euro a enviar transferencias inmediatas sin cobrar más que por una ordinaria.

Lo llamativo es quién ha empujado ese estándar. No ha sido la banca, sino el consumo digital: las devoluciones de las tiendas por internet, los cobros de los repartidores, las liquidaciones de las clínicas y hasta los casinos donde se puede retirar rápido, donde el usuario que ingresa en segundos exige cobrar sus ganancias en el mismo tiempo. Son cinco de los sectores donde más ha crecido la inversión en pagos inmediatos este año. En España, un cliente que gana cien euros jugando online los tiene en su cuenta antes de que en La Habana un jubilado consiga avanzar diez puestos en la cola del cajero.

En Cuba la bancarización solo funciona en un sentido

La Resolución 111 del Banco Central, de agosto de 2023, obliga a los negocios privados a depositar a diario lo que ingresan, pero ningún banco garantiza que puedan sacarlo después. En junio de este año, inspectores y policías retiraban el efectivo íntegro de los comercios que visitaban sin dejarles ni el fondo de caja. Y quien logra cobrar por transferencia lo hace pagando un recargo de hasta el 20% a intermediarios que entregan billetes a cambio de un pago digital. El Estado limita además a 120.000 pesos al mes las transferencias entre particulares, un tope que en enero de 2023 empujó de golpe al efectivo todo lo que hasta entonces se movía por el móvil.

El contraste no está en la tecnología. Transfermóvil y Enzona funcionan cuando hay corriente y cobertura. Está en la confianza: en España, un operador de juego que tardara tres días en devolver el dinero perdería a sus clientes esa misma semana; en Cuba, el banco que tarda tres días en devolver una pensión es la norma y nadie tiene otro banco al que irse.

Un cubano en Madrid vive en los dos sistemas a la vez

A comienzos de 2025 había en España 252.290 residentes nacidos en Cuba, y solo hasta abril de 2026 llegaron otros 43.300. Es la comunidad que más rápido crece entre las que obtienen la nacionalidad española y la que mejor conoce la diferencia entre los dos sistemas, porque paga el alquiler en Madrid con un Bizum y manda dinero a una madre en Santiago que tendrá que hacer cola para verlo en billetes.

Los límites de Bizum, según recogía elEconomista en agosto, son 1.000 euros por operación y 5.000 al mes, y el Banco de España los conoce al detalle porque la plataforma le reporta sus cifras. Son topes pensados para el fraude, no para retener el dinero de nadie. A un lado del Atlántico el sistema se diseña para que el usuario cobre rápido, sea un repartidor, una clínica o un jugador de casino. Al otro, para que el Estado tenga los billetes primero y el ciudadano ya verá cuándo.

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