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Todos juntos contra la naturaleza

Restos de una tortuga carey en la playa de Los Pinos. (14ymedio)
Inalkis Rodríguez

16 de septiembre 2014 - 17:30

La Habana/Los Pinos es un campismo del norteño municipio de Manatí, provincia de Las Tunas. Aquí, los campistas, las autoridades y los residentes hacen de las suyas. Caminar por la orilla de la playa se convierte en casi una carrera de obstáculos: latas de cerveza, malta, refresco; cajas de jugo, estuches de nylon, pomos plásticos, cáscaras de anoncillos, jabas y hasta una cabeza de carey interrumpen el que podría ser un placentero paseo por la orilla del mar.

Pero eso no es todo. Está el papá que coge un cangrejo, lo amarra, le envuelve las muelas con precinta para que no pique, se lo da a su niño que pasa el día entero arrastrándolo como si fuera un perrito, con la diferencia de que este le servirá de mascota solo unas horas porque morirá.

Están los niños más grandecitos que cazan los cangrejos y se divierten echándolos a fajar hasta que se arranquen las tenazas uno al otro y, como niños al fin, cierran el juego dándole palazos para hacer más emocionante la pelea. Ningún trabajador del campismo hace el intento de evitar el daño a los cangrejos, ni requieren a quien echa basura en la arena o en el agua.

Tampoco faltan las propuestas a comer bistec de carey (especie de tortuga marina con categoría crítica de amenaza). Nada más salir del área del campismo, en el caserío vecino, se localiza al que los vende. Luego se habla con algún cocinero del campismo y ahí mismo lo preparan.

En Los Pinos no hay un solo cartel que promocione el cuidado de la naturaleza. Tan fácil que sería poner letreros que prohibieran echar basura fuera de los cestos, no coger los cangrejos y dar charlas a los campistas para que entiendan la necesidad de proteger el entorno, porque de su buen cuidado depende que no tengamos que lamentar la extinción de especies tanto de flora como fauna.

Se nota perfectamente que a las autoridades poco les importan la naturaleza y la destrucción que provoca el hombre. Si de verdad quisieran proteger a los careyes, evitar su caza sería fácil. Les da lo mismo a las autoridades quien vende un pedazo de carne de estas tortugas, algo que es tan fácil de averiguar. Pero sí son capaces de movilizar un sinnúmero de guardias para evitar las salidas ilegales de Cuba que ocurren frecuentemente en esas mismas playas.

En el campismo Los Pinos el mejor lema sería: todos juntos contra la naturaleza.

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