Fin de Siglo, la joya de los almacenes cubanos, se ha convertido en un basurero

Para evitar que los curiosos vean la lenta destrucción del histórico inmueble, las autoridades han optado por esconderlo

Para evitar que los curiosos vean, en toda su magnitud, la lenta destrucción del histórico inmueble de la tienda Fin de Siglo, las autoridades han optado por esconderlo de las miradas. (14ymedio)
Para evitar que los curiosos vean, en toda su magnitud, la lenta destrucción del histórico inmueble de la tienda Fin de Siglo, las autoridades han optado por esconderlo de las miradas. (14ymedio)

Rodeado con una valla y lomas de escombros, en el edificio de la tienda Fin de Siglo en La Habana se pone en práctica la técnica del ocultamiento, más que la de reparación. Para evitar que los curiosos vean, con toda magnitud, la lenta destrucción del histórico inmueble, las autoridades han optado por esconderlo de las miradas detrás de planchas de metal y de unas pantallas que tapan la parte que da hacia el Boulevard.

"Esto lleva años así y se ha convertido en un basurero", lamenta una vecina que este sábado hacia la cola para comprar una pizza en un cercano negocio privado. "Un día vinieron y pusieron estas chapas de metal. Lo primero que pensamos es que iban a reparar el edificio pero nada de eso. Lo han dejado caer, con tantas familias que se han quedado sin casa en esta zona". Solo recibió algo de pintura la pared ubicada por la calle San Rafael.

Fin de Siglo no era cualquier tienda. El famoso comercio fue fundado en 1897 en la esquina formada por las calles San Rafael y Águila. Los almacenes nacieron del empeño de cuatro emprendedores gallegos y son considerados los primeros de su tipo del mundo hispano. A mediados del siglo pasado, el edificio fue renovado para contar con aire acondicionado en todas sus plantas, escaleras eléctricas y amplias vidrieras próximas a las aceras.

Fachada del inmueble de Fin de Siglo del lado del Boulevard San Rafael. (14ymedio)
Fachada del inmueble de Fin de Siglo del lado del Boulevard San Rafael. (14ymedio)

De aquellos cristales que mostraban estilizados maniquíes no queda nada. Los vecinos de la zona lanzan sus bolsas llenas de desperdicios en el espacio entre la valla y donde una vez estuvieron los escaparates. Los aleros de las esquinas han perdido pedazos y el nombre de los almacenes, hecho de metal y con una sugerente caligrafía cursiva, apenas se distingue entre la mugre y el óxido de las paredes.

Con su fachada lisa, moderna y su planta baja enchapada en mármol, la construcción marcó un hito en el diseño de la zona, pero ni el esmero de sus arquitectos ni la solidez de sus materiales lo salvaron de la etapa que se inició tras ser nacionalizada la tienda, en 1960. A partir de ahí las mercancías comenzaron a desaparecer de sus estantes, el sistema de distribución de productos racionados se adueñó de todos sus pisos y su estructura se fue dañando sin inversiones ni pintura nueva.

Pero la humillación mayor le llegó a Fin de Siglo durante la crisis de los años 90. En el Período Especial se mantuvo como una tienda para que las parejas de futuros recién casados pudieran comprar productos que habían desaparecido del resto de los comercios, pero a diferencia de la década de los 80, lo que vendían para entonces eran mercancía de mala calidad y dudosa utilidad.

Los vecinos de la zona lanzan sus bolsas llenas de desperdicios en el espacio entre la valla y donde una vez estuvieron los escaparates, en la fachada de la calle Galiano. (14ymedio)
Los vecinos de la zona lanzan sus bolsas llenas de desperdicios en el espacio entre la valla y donde una vez estuvieron los escaparates, en la fachada de la calle Galiano. (14ymedio)

"Cuando me casé, mi esposa y yo nos pasamos días en la cola para entrar y solo alcanzamos un tanque plástico para guardar gasolina y un embudo pero ni ella ni yo teníamos carro", ironiza Ricardo, un jubilado que ya vivía hacía años junto a su mujer cuando decidió legalizar el matrimonio para poder adquirir algo que le permitiera hacer un poco de dinero revendiéndolo en el mercado negro. "Cuando entré a Fin de Siglo aquella vez me impactó la oscuridad y la peste a humedad. Nada que ver con la tienda que conocí cuando niño".

Ahora, Ricardo evita pasar cerca de la valla exterior porque "el mal olor que sale del edificio unido al de la basura que no recogen durante semanas deprime a cualquiera". Dentro del local, hace cien años relucían las joyas, los empleados iban y venían mostrando las nuevas ofertas, y decenas de ojos gallegos supervisaban que la tienda siguiera ingresando dinero y complaciendo a los clientes. Pero eso fue hace mucho, ahora estamos en un nuevo siglo y aquellos almacenes ya no existen.

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