La calle Infanta en La Habana, donde se juntan todas las miserias de Cuba

Vuelve la cola kilométrica para comprar combustible en Centro Habana

"No hay otra opción, para llenar el tanque hay que cocinarse a fuego lento", lamenta un conductor que al filo del mediodía ya llevaba dos horas en la fila
"No hay otra opción, para llenar el tanque hay que cocinarse a fuego lento", lamenta un conductor que al filo del mediodía ya llevaba dos horas en la fila
Natalia López Moya

03 de marzo 2023 - 20:54

La Habana/El sol pica aunque los vientos de cuaresma soplan sobre La Habana y despeinan a los transeúntes. Dentro de un vehículo, en la larga cola para comprar combustible en la esquina de Infanta y San Rafael, este viernes la temperatura se parece a la que se vive en el purgatorio de mayo, o incluso a la que se alcanza en el infierno de agosto. "No hay otra opción, para llenar el tanque hay que cocinarse a fuego lento", lamenta un conductor que al filo del mediodía ya llevaba dos horas en la cola.

Los carros casi se tocan. Hay un Lada rojo estridente que hace unos años hubiera apuntado a un propietario viceministro o coronel; un triciclo para transportar mercancías; varios modernos Citroën que parecen más viejos que cualquier almendrón del siglo pasado y hasta un taxi de los que exige 30 dólares para traer hasta la ciudad a los viajeros recién llegados al aeropuerto José Martí. No importa el año de fabricación, el estado de la carrocería o el pedigrí del conductor. Todos están igual de aterrillados bajo el sol.

"Ya no doy vueltas, vengo directo a las gasolineras de las avenidas principales que son las que están mejor abastecidas", explica a 14ymedio el chofer de un Moskvitch con llantas niqueladas, aire acondicionado interior y otras comodidades, pero fabricado, según reconoce "en los tiempos del Came [Consejo de Ayuda Mutua Económica] así que no fue pensado para el ahorro", lamenta. El propietario percibe el suministro de combustible en la ciudad como un "sube y baja": "Un día te dicen que no hay problema y puedes llenar el tanque y al otro sólo puedes echar cierta cantidad de litros".

Es común que las personas se vayan a las manos cuando la cola se vuelve más lenta o cuando un empleado grita que se terminaron el diésel o las salchichas

En la gasolinera de la popular esquina de Centro Habana confluyen, además, varias colas. El local tiene una pequeña tienda donde despachan productos congelados, enfrente se ubica un inmueble de la cadena de Rápido, un intento del régimen cubano de emular a las denostadas, por el discurso oficial, McDonald's y Subway, pero que terminó zozobrando por la falta de materias primas y la inflación, y se sumó a la red de comercio normado. Cuando el día entra en su apogeo, en ese punto nodal de Centro Habana es difícil saber quién está para un paquete de pollo congelado, para una bolsa de detergente o para un litro de gasolina.

Nombrada en honor a la infanta María Luisa Fernanda, hija menor del rey Fernando VII y hermana de Isabel II de España, la avenida tiene poco de monárquica y mucho de miseria. Es común que las personas se vayan a las manos cuando la cola se vuelve más lenta o cuando un empleado grita que se terminaron el diésel o las salchichas. Ahí es cuando en una de las más "reales" calles habaneras la gente se saca la chancleta, grita una obscenidad y parece estar dispuesta a todo. Luego soplan los vientos de marzo y todos vuelven a casa.

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