En Plaza Carlos III se exige el carné de identidad para comprar un cuarto de pollo frito

La cafetería El Patio limita a cupos de cuarenta personas la venta, hasta que se acaba el producto

Los primeros cuarenta clientes de este miércoles, sentados comiendo su cuarto de pollo. (14ymedio)
Los primeros cuarenta clientes de este miércoles, sentados comiendo su cuarto de pollo. (14ymedio)

De cuarenta en cuarenta carnés, ni uno más. La crisis en los mercados ha dado el salto a las cafeterías estatales e incluso en la cafetería de la popular Plaza Carlos III, en Centro Habana, ya es imposible sentarse con normalidad a comer un cuarto de pollo frito. El local ha decidido limitar la venta y, como si fuera una bodega más, los clientes están obligados a identificarse para no "acaparar" los 350 gramos de pollo que vende el local a 37 pesos.

La cola para comprar pollo frito en el céntrico local era un hervidero de gente este miércoles cuando un hombre, vestido con un pulóver que lo identificaba como 'seguridad', salió a organizar la fila y pedir a los clientes que presentaran un carné de identidad por persona, porque solo iba a permitir entrar a cuarenta.

De inmediato comenzaron los empujones y las peleas, épicos para una recompensa tan escasa como un pedazo de pollo. O dos, si el que toca es pequeño. "De eso nada, tú no vas ahí", decía uno. "Yo estoy aquí hace horas", gritaba otra más allá. "Delante de mí no vas a comprar", discutía un tercero. Mientras, el vigilante seguía frenando al tumulto con la mano en alto.

La Plaza de Carlos III se conoce como el gran palacio del consumo en La Habana y es el mayor centro comercial después de Cuatro Caminos. Su ubicación, en Centro Habana, y su estética, con una característica rampa circular para recorrer la estructura, lo habían convertido desde los años 90 en uno de los comercios más prósperos y concurridos de la capital cubana.

La dolarización había convertido el antiguo mercado en que se vendían viandas cada vez más mustias en un lugar con establecimientos de todo tipo, desde zapaterías y perfumerías a ferreterías o tiendas de ropa. La planta baja, con locales gastronómicos, estaba tan alborotada que los vecinos tenían quejas relacionadas con la venta de bebidas alcohólicas y comida rápida en los que se aglomeraba la multitud con ganas de divertirse y comer algo distinto.

Ahora, caído en desgracia, apenas conserva dos tiendas en moneda nacional y un supermercado en pesos en el que solo pueden comprar los vecinos de Centro Habana y parte de El Cerro como consecuencia de la municipalización del comercio que el Gobierno impuso en abril de este año. El resto son tiendas en MLC y unos pocos locales gastronómicos con una mínima oferta. El único alboroto se produce cuando la cafetería, llamada El Patio, empieza a vender su famoso pollo frito, única comida que puede ya degustarse en el lugar.

Por suerte, este miércoles los primeros cuarenta no fueron los únicos afortunados. La cola vuelve a aceptar otro cupo de cuarenta cuando el primer grupo ha terminado. Hasta que se acabe el pollo.

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