¿Qué se sabe hasta ahora de los 32 muertos cubanos en Venezuela?
Cuba
La mayoría de los escoltas de Maduro estaban vinculados a la Seguridad del Estado y procedían del oriente de la Isla, especialmente de Granma y Santiago
La Habana/La información oficial sobre los 32 cubanos fallecidos en Venezuela durante la operación estadounidense para capturar a Nicolás Maduro sigue siendo escueta, fragmentaria y marcada por silencios. Sin embargo, en las últimas horas, las redes sociales, los mensajes privados y las confirmaciones parciales de autoridades locales han permitido ir armando un primer retrato de quiénes eran algunos de esos hombres y qué tipo de funciones cumplían en el país sudamericano.
Lo que ha ido emergiendo apunta, de manera consistente, a efectivos vinculados a los órganos de seguridad del Estado cubano y las Fuerzas Armadas, muchos de ellos integrados en anillos de protección directa del poder chavista, y procedentes mayoritariamente del oriente de la Isla, en especial de las provincias de Granma y Santiago de Cuba.
El Gobierno cubano decretó duelo nacional tras reconocer que los fallecidos “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior”, una admisión que contrasta con años de negaciones oficiales sobre la presencia de tropas cubanas en Venezuela. No obstante, no se han publicado listas oficiales con nombres, rangos, ni funciones, ni se han ofrecido detalles claros sobre las circunstancias de cada muerte, lo que ha dejado el terreno abonado a especulaciones y testimonios indirectos.
La primera secretaria del Partido Comunista en esa provincia, Yudelkis Ortiz Barceló, reconoció que seis de los fallecidos eran oficiales granmenses
Una de las primeras confirmaciones con respaldo institucional llegó desde Granma. La primera secretaria del Partido Comunista en esa provincia, Yudelkis Ortiz Barceló, reconoció que seis de los fallecidos eran oficiales granmenses, sin precisar identidades. A partir de ahí, comenzaron a circular nombres concretos. Entre ellos figura Fernando Báez Hidalgo, de 26 años, natural de Río Cauto (Granma), vinculado a la Dirección de Seguridad Personal del Ministerio del Interior y señalado como escolta directo de Maduro. Su nombre ha sido mencionado en varias publicaciones coincidentes, aunque sin confirmación oficial.
También desde Granma se ha identificado a Erduin Rosabal, natural de La Rinconada, señalado en mensajes y publicaciones como integrante del primer anillo de seguridad del mandatario venezolano.
En Santiago de Cuba se ubica el origen de Landy Osoria López, natural de Baire, Contramaestre, descrito reiteradamente como miembro de la Seguridad del Estado cubana y parte del equipo desplegado en Caracas. Varias publicaciones lo sitúan entre los fallecidos, citando incluso direcciones familiares, aunque estos datos no han sido corroborados por una fuente oficial única.
El periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada informó sobre la muerte de Alejandro Rodríguez, de 33 años, residente en el reparto Boniato. Según testimonios recogidos por el reportero, la familia recibió versiones contradictorias por parte de las autoridades sobre la localización y el traslado del cuerpo. Un familiar relató que primero se les dijo que el cadáver no aparecía, luego que había sido localizado y que serían avisados. De acuerdo con esa fuente, tanto Rodríguez Royo como su hermano estarían vinculados a estructuras de la Seguridad del Estado.
También desde Santiago se ha identificado a Yordenis Marlonis, quien, según diversas publicaciones, integraba el dispositivo de protección directa del mandatario venezolano y su esposa. Era hijo de padres del poblado de Dos Caminos y dejó en Cuba a su esposa y una hija pequeña. Fuentes citadas por La Tijera señalan que antes de su misión en Venezuela había sido guardaespaldas del ex primer secretario del Partido en esa provincia, Lázaro Expósito Canto, un dato que refuerza su pertenencia a cuerpos de seguridad de alto nivel. Oficiales del Ministerio del Interior habrían informado a su familia del fallecimiento, aunque sin ofrecer detalles precisos.
A estos nombres se suman imágenes y mensajes publicados por perfiles vinculados a veteranos de tropas especiales, como las Avispas Negras
Otras identidades han surgido desde Pinar del Río, como Yoel Caraballo, natural de Consolación del Sur, cuya muerte habría sido confirmada oficialmente a su hija por la Dirección de Seguridad Personal de ese mismo ministerio. Su caso destaca por ser, hasta ahora, uno de los pocos en los que se menciona una notificación directa y formal a un familiar.
Por su parte, el sitio digital La Joven Cuba confirmó la muerte de Yunio Estévez, nacido en Palenquito Gil, un caserío rural de Yateras, en Guantánamo. De 31 años y padre de tres niños, el joven era especialista en criptografía.
En el ámbito familiar también se inscribe el caso de Yandri, del que se desconoce aún el apellido, cuya muerte fue divulgada por su prima Moraima Rodríguez a través de redes sociales. En su mensaje, la mujer expresó orgullo por su “deber cumplido” protegiendo a Maduro, una declaración que, más allá del tono, confirma la función de escolta atribuida al fallecido.
Rubiel Díaz Cabrera, natural del municipio Cauto Cristo, provincia de Granma, está también entre los fallecidos, según los testimonios que familiares y amigos han difundido en redes sociales. Mientras que Luis Manuel Jardines Castro, quien cumpliría 60 años a finales de este mes y natural de Cueto, Holguín, fue uno de los choferes cubanos abatidos durante la operación estadounidense. Miembro de las Fuerzas Armadas, era conocido en su localidad como Jardinito.
A estos nombres se suman imágenes y mensajes publicados por perfiles vinculados a veteranos de tropas especiales, como las Avispas Negras, que han difundido fotografías de presuntos escoltas caídos sin identificar, acompañadas de consignas de lealtad y sacrificio. Aunque este tipo de publicaciones tiene un fuerte sesgo propagandístico, coinciden en señalar funciones de protección directa.
La ausencia de una lista oficial completa, el manejo opaco de la información y la dependencia de filtraciones y duelos privados refuerzan la sensación de que la verdad sobre estos 32 muertos aún está incompleta y sigue llegando a cuentagotas, desde los márgenes, más que desde las instituciones.