“Nunca como ahora se ha mentido tanto en Salud Pública, todo está inflado, nada obedece a la verdad”
Cuba
Médicos cubanos denuncian la escasez de medios, sus bajos salarios y las malas condiciones de su trabajo
La Habana/Sancti Spíritus/“Con lo que yo gano en mi trabajo, sumándole las clases que doy y algún que otra participación en un evento científico, no llego ni a 25 dólares al mes de salario”. Habla Dante, nombre cambiado para evitar represalias contra este neurólogo cubano, una profesión de prestigio en cualquier país pero que en Cuba es un aliciente para huir. “Vivo con mi madre y ella me ayuda mucho preparándome meriendas y almuerzos para llevar al trabajo pero nada de eso lo podría tener si no fuera por la ayuda de mi hermana que desertó en su misión en Brasil y desde allá nos ayuda bastante”, cuenta.
Especialista en uno de los más importantes hospitales de El Vedado habanero, el doctor opina que su labor está “a media máquina cada día”. Residente en la zona este de la capital cubana, debe atravesar cada día el túnel de la bahía para llegar hasta su consulta. “Dicen que nos garantizan un transporte, pero es muy inestable todo, los horarios siempre van en contra de nuestro tiempo libre porque casi siempre está retrasado a la hora de regresar a la casa”.
"Yo no puedo detectar un problema con solo mirar al paciente. Necesito tener a mano dispositivos para medir y revisar respuestas neurológicas"
El bajo salario y las malas condiciones para llegar cada día a su puesto no son, en todo caso, lo peor. “Mi trabajo es con el cerebro. Yo no puedo detectar un problema con solo mirar al paciente. Necesito tener a mano dispositivos para medir y revisar respuestas neurológicas”, explica a este diario. “Yo no puedo inventar, ponerle un pedazo de madera para inmovilizar una fractura, ni recomendarle una infusión de manzanilla a mi paciente para que se le calme la picazón de la piel. Mi especialidad no admite muchas veces estar sustituyendo métodos de diagnóstico, y, mucho menos, fármacos”.
Su objetivo a corto plazo es “terminar esta etapa de atención directa a los pacientes, tratar de buscar un puesto académico que me alivie de tener que lidiar cada día con los problemas de los hospitales y de ahí buscarme una beca en el extranjero”. A los centros de atención urbanos “prefiero no volver a verlos ni en fotos”, concluye. Es el mismo camino que han tomado miles y miles de profesionales como él.
En 2021, el año de la pandemia, había en Cuba 106.131 médicos registrados, pero la catástrofe, que puso en jaque los sistemas sanitarios de buena parte del mundo, supuso un antes y un después en Cuba, que apenas dos años después ya solo tenía 80.763 galenos. El dato más reciente, de 2024, indica que hay en la Isla 75.364 médicos registrados, pero los números de 2025 y del año actual prometen ser catastróficos. La crisis va a más, los medios son cada vez peores y el personal no aguanta jornadas extenuantes y sin forma de enfrentar las enfermedades.
"Nos obligan, por ejemplo, a hacer más de 20 consultas diarias, que eso no hay quien se crea que en estas condiciones se puedan hacer"
“Me paso el día llenando papeles y casi todo lo que tengo que escribir es mentira. Nos obligan, por ejemplo, a hacer más de 20 consultas diarias, que eso no hay quien se crea que en estas condiciones se puedan hacer”, denuncia Elsa. Ella es enfermera de un consultorio del Médico de la familia, en Nuevo Vedado, y se queja de los excesivos formularios y reportes burocráticos que debe rellenar cada día y que están matando la ilusión que sentía hace unos años por su profesión.
“También debemos reportar cada día unos 15 casos en el terreno, ya sea que debamos visitar a un enfermo encamado o pasar por la casa de un bebé recién nacido a ver cómo está, pero tampoco ese número es creíble, nunca se cumple pero hay que anotar que se hizo”. Para Elsa, “nunca como ahora se ha mentido tanto en Salud Pública, todo está inflado, nada obedece a la verdad”. Considera que esas falsedades no solo desvirtúan las cifras que las autoridades sanitarias exhiben sobre la atención primaria en Cuba sino que “tienen al personal muy molesto y frustrado”. En su caso, también está pensando seriamente en la renuncia. “Se me cae la cara ya delante de los pacientes, ya no tengo el mismo ánimo para estar mintiendo tanto”.
La ocupación de estos locales, destinados al programa del Médico de la familia, se ha vuelto una práctica común a lo largo de la Isla
Lo mismo le pasa a Yadira, enfermera en un consultorio médico en la ciudad de Sancti Spíritus. La galena, graduada hace más de una década, llegó la pasada semana al local donde labora desde hace un lustro. “Llevamos tiempo sin un doctor en el consultorio, pero yo he seguido atendiendo a los pacientes de la zona, tomándoles la presión, haciendo las curas de algunos diabéticos que hay en el barrio y ocupándome también de parte de la atención a la embarazadas”, cuenta a 14ymedio.
“Ese miércoles cuando llegué al consultorio resulta que la noche anterior una familia, sin casa, se había metido rompiendo la puerta”. La ocupación de estos locales, destinados al programa del Médico de la familia, se ha vuelto una práctica común a lo largo de la Isla. “Fue una situación muy tensa porque yo tenía que hacer mi trabajo y ellos estaban ahí, acostados en el suelo en una colchoneta y con niños pequeños que estaban muy alterados por todo lo que estaban viviendo”. La enfermera llamó a la policía pero “no llegaron hasta después que ya yo había terminado mi jornada laboral”. Yadira debió atender a los pacientes “en un pedacito del portal”.
Hasta ahora, la familia no ha salido del consultorio y la policía tampoco ha logrado desalojarla. “No he podido trabajar más porque allí no hay condiciones, estoy ahora yendo al Policlínico a tratar de seguir allí con las curas de los diabéticos que tenía a mi cargo pero no tengo un espacio, casi que lo estoy haciendo en un pasillo. Así no voy a seguir porque no puedo, no tengo ni recursos ni un local donde ejercer mi profesión”.