Altos cargos del régimen derrocharon fondos ofrecidos por Canadá para limpiar el río Almendares

La Habana

  • Un ex directivo del Parque Metropolitano cuenta a '14ymedio' las trabas burocráticas y la corrupción
  • "La buena noticia" es el cierre parcial o total de las fábricas contaminantes –Polar, papelera, Coppelia–, pero "el daño está hecho"

En el estado actual del río, el único animal que sobrevive en sus aguas son las clarias.
En el estado actual del río, el único animal que sobrevive en sus aguas son las clarias. / 14ymedio
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31 de agosto 2025 - 07:23

La Habana/El Almendares ya no es aquel río al que acudían los habaneros a refrescarse ni el paisaje que inspiró canciones y poemas. Atraviesa 45 kilómetros desde las lomas de Tapaste, en Mayabeque, hasta desaguar entre El Vedado y Miramar. Y en su tramo final corre por el Parque Metropolitano de La Habana, un bosque urbano de más de 700 hectáreas inaugurado en 1989. Pero el verdor de sus márgenes contrasta con el agua oscura, maloliente y pobre en oxígeno que lo convierte en un símbolo de degradación.

A raíz de nuestra reciente publicación sobre el tema, la redacción de 14ymedio recibió el testimonio de Eduardo Fernández, antiguo directivo del Parque Metropolitano, quien relató sus experiencias cuando trabajó allí como asesor jurídico. “El nivel de oxígeno disuelto en el agua, en la parte del río más conocida, está cerca de cero. El vertido de desechos industriales de la antigua fábrica de cerveza Polar, la papelera de Puentes Grandes y la fábrica de helados Coppelia, contaminaron sus aguas”, dice a este diario. Fernandez ironizó sobre la “buena noticia” de que la mayoría de esas fábricas están cerradas, paralizadas o trabajando intermitentemente, “pero el daño ocasionado por decenas de años ya está hecho”, recalcó.

Fernández detalla también el impacto negativo de los vertimientos domésticos y la basura. “Lo único verde que tiene el Almendares son los restos del bosque de La Habana y la zona no urbanizada del Husillo, severamente deforestada y parte de ella dedicada a la agricultura y a la cría de cerdos. El único animal al que le es posible la vida en esas aguas es a alguna ocasional claria”. Su testimonio coincide con estudios científicos que identifican más de 240 fuentes de contaminación a lo largo del cauce bajo, descargas de residuales orgánicos, nutrientes que disparan la eutrofización, contaminación bacteriana y metales pesados en los sedimentos.

Los vertidos de industrias cercanas, como la papelera, contaminaron las aguas.
Los vertidos de industrias cercanas, como la papelera, contaminaron las aguas. / 14ymedio

El deterioro del río no solo es ambiental. En los márgenes del Almendares sobreviven asentamientos precarios como El Fanguito, donde las familias descargan directamente sus aguas albañales al cauce. En 2011, Silvio Rodríguez cantó allí como parte de su gira “por los barrios”, acompañado por Omara Portuondo. “Aquí vengo sin ser convocado por nadie”, dijo aquella tarde lluviosa. El gesto puso visibilidad sobre un barrio olvidado, pero, como admite Fernández, “no creo que Silvio pueda hacer nada. Eso requeriría decenas de millones de dólares. Además, no es solo un problema económico, es un problema de voluntad política. Si no lo resolvieron cuando nadaban en dinero, menos lo van a hacer ahora”.

Los intentos de rescate del Parque Metropolitano tropezaron una y otra vez con la burocracia. Fernández recuerda un episodio a mediados de los años 90, cuando el Instituto Urbano de Canadá ofreció entre 300.000 y 400.000 dólares para colaborar en proyectos medioambientales. “Al principio había un estira y encoge sobre quién iría a controlar el dinero, porque el Gobierno central [de Cuba] quería administrarlo. Yo convencí al director del Parque de que debía pelear por el control del dinero, porque si no los canadienses nunca aceptarían. Por suerte se logró el objetivo, pero aquello creó recelo en muchas instancias”.

El ex funcionario también relata cómo la presa Ejército Rebelde, uno de los proyectos preferidos de Fidel Castro, terminó afectando al Almendares. “La construyeron sobre un terreno kárstico permeable, que hacía que el embalse filtrara agua hacia el subsuelo y se perdiera buena parte de ella. Los funcionarios dijeron que eso alimentaba el manto freático, pero no se le podía decir al Comandante que la presa era defectuosa. Además, redujo el caudal del río”.

"La mayor parte del dinero se usaba en viajes al extranjero, materiales de propaganda, talleres con comidas y bebidas, atención a funcionarios extranjeros"

Las cooperaciones internacionales no siempre se usaron de la mejor manera. “Las organizaciones que cooperaron fueron el Instituto Urbano de Canadá, Oxfam y la Fundación del Hombre y la Naturaleza de Antonio Núñez Jiménez. La mayor parte del dinero se usaba en viajes al extranjero, materiales de propaganda, talleres con comidas y bebidas, atención a funcionarios extranjeros”. Según Fernández, “se hacía de esa ayuda un modo de vida para ciertos funcionarios. En el caso de Núñez Jiménez, fue un clásico oportunismo para coger glorias, justificar viajes y llenar sus arcas”, comenta.

En agosto de 1995, durante un taller en el Parque Lenin, Fernández lanzó una propuesta que le costó el ostracismo. “Expliqué que las cosas empezarían a solucionarse eliminando las trabas burocráticas, dejando a la gente hacer lo que tiene que hacer, incluidos los extranjeros que deseen invertir. Aquello cayó como una bomba al comandante Jesús Montané, a Esteban Lazo y a otros dirigentes. Después me enteré de que habían dado la orden de no darme empleo en ningún lugar de La Habana”. 

El testimonio de Fernández no es el único que retrata la tragedia del Almendares. Investigaciones científicas de los últimos veinte años confirman sus palabras. Aguas residuales sin tratamiento, fosfatos y nitratos en niveles alarmantes, bacterias fecales, metales como plomo y cobre en sedimentos y plantas acuáticas asfixian al río más importante de La Habana. Los científicos hablan de un Almendares con “carga orgánica crónica” y déficit de oxígeno que convierte sus aguas en un medio hostil para la vida.

El bosque urbano que acompaña el cauce, todavía frecuentado por familias y parejas, esconde así un paisaje de enfermedad y marginalidad. Las comunidades ribereñas viven bajo riesgo de inundaciones, invasión de mosquitos y contaminación. Y el proyecto de parque metropolitano, que alguna vez quiso ser pulmón de la ciudad, se enfrenta hoy a la paradoja de ser también su sumidero.

Eduardo Fernández lo resume con pesimismo: “Pienso que la única forma de que se resuelva es como se resolverían todos los problemas de Cuba: con un total cambio de régimen”.

Las familias de asentamientos precarios como El Fanguito descargan directamente sus aguas albañales al cauce.
Las familias de asentamientos precarios como El Fanguito descargan directamente sus aguas albañales al cauce. / 14ymedio

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