A un año de Melones: la tragedia que sigue sin respuestas
Cuba
La unidad militar permanece cerrada, las familias esperan los cuerpos y los resultados de la investigación no se han hecho públicos
Holguín/Ha pasado un año exacto de las explosiones que sacudieron la unidad militar de Melones, en el municipio holguinero de Rafael Freyre. Pero este 7 de enero apenas una nota breve y solemne ha aparecido en la prensa local, más preocupada por exaltar la "entrega" y evitar "culpas" que por responder las preguntas que siguen abiertas desde aquella mañana de 2025, cuando 13 personas murieron tras un incendio y una cadena de detonaciones en una instalación bajo control de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Desde Holguín, la sensación es que Melones quedó congelado en un limbo. El poblado, pequeño, de calles sin asfaltar, una bodega, algunas casas de madera y otras de mampostería levantadas con esfuerzo, ha perdido el pulso. "La gente ha tenido que acostumbrarse a que eso es un pueblo tomado", resume Joel, un residente en la ciudad de Holguín que tiene familia en el poblado y lo visitaba antes con frecuencia.
A diferencia del relato oficial, que insiste en la idea de una cicatriz honrada y cerrada, en Melones la herida sigue abierta. La unidad militar permanece prácticamente clausurada. El acceso a la zona está vedado, los caminos hacia las lomas donde se extienden los búnkeres siguen bajo vigilancia y hay postas militares que impiden el paso. No se ve movimiento visible de reconstrucción, ni señales de que la instalación vaya a reactivarse. "Eso quedó muerto", comenta Joel a 14ymedio.
Tampoco se ha explicado por qué, un año después, los cuerpos de los fallecidos siguen sin ser recuperados
Este miércoles la página de Facebook del Ejército Oriental difundió algunas imágenes de un acto oficial para dar un "sentido homenaje a los 13 Combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias caídos en cumplimiento del deber". Un monumento con fusiles que apuntan al cielo, unas flores colocadas frente a las tarjas con los nombres de los fallecidos y algunos familiares que asistieron al evento conformaron el recordatorio.
Sin embargo, el primer aniversario llega sin que se hayan hecho públicos los resultados de la investigación sobre lo sucedido. Oficialmente, se habló de un "desastre de origen tecnológico" y de un posible fallo eléctrico por cortocircuito. Nada más. No se han mencionado hasta ahora responsabilidades, no se han detallado protocolos fallidos, ni se ha argumentado la presencia de reclutas dentro de túneles cargados de explosivos en medio de un incendio. Tampoco se ha explicado por qué, un año después, los cuerpos de los fallecidos siguen sin ser recuperados.
Las 13 víctimas, nueve soldados del Servicio Militar Activo (SMA) y cuatro oficiales, se han convertido en nombres en los actos oficiales y en ausencias dolorosas en sus casas. Las familias siguen esperando respuestas. "Hubo muchas promesas de que iban a ayudar a los parientes pero nada se ha concretado", comenta una fuente de Rafael Freyre que prefiere el anonimato. "Ahora para el aniversario hubo varios padres que incluso se negaron a prestarse para todo este espectáculo".
Los familiares fueron advertidos desde un primer momento de no dar declaraciones a la prensa independiente, no publicar en redes sociales sobre lo sucedido y de no participar en grupos de WhatsApp donde se tocara el tema. Algunos reaccionaron con indignación pública, pese a las presiones. Varios padres denunciaron que nunca se hizo una búsqueda real de los cuerpos y que se violaron protocolos básicos de seguridad. Otros han optado por el silencio o por irse del país, según testimonios recopilados por este diario.
La reciente muerte de Eldis Leyva Nieves, de 19 años, cuando cumplía con el SMA volvió a avivar el debate sobre los problemas de seguridad que enfrentan los reclutas
Los pobladores de Melones, además, viven con la certeza de que bajo esas lomas sigue estando lleno de explosivos que podrían detonar en cualquier momento. Joel, que hizo el Servicio Militar allí cuando la unidad se construyó a mediados de los 2000, lo describe como uno de los arsenales más grandes del país, con largos túneles y toneladas de material bélico.
En los doce meses que han pasado desde el siniestro, la calma aparente ha sustituido al ir y venir de oficiales de alto rango que se vio en los primeros días. No hay drones sobrevolando como antes, no hay camiones entrando o saliendo. Solo queda la vigilancia, la prohibición y el miedo. Un temor a que vuelva a pasar algo y a que otros hijos tengan que cumplir el servicio militar en condiciones similares.
La reciente muerte de Eldis Leyva Nieves, de 19 años, cuando cumplía con el SMA volvió a avivar el debate sobre los problemas de seguridad que enfrentan los reclutas. El incidente ocurrió el pasado 18 de diciembre en la provincia de Guantánamo, cuando un cohete detonó en el aire y sus fragmentos impactaron a la víctima. El clamor por poner fin al reclutamiento obligatorio inundó las redes sociales y la exigencia de dilucidar responsabilidades se redobló.
Este martes, sin embargo, la nota publicada por la prensa oficial sobre el fatídico aniversario apelaba a la resiliencia, al honor y al sacrificio, y subrayaba que la tragedia de Melones no debe servir para "echar culpas". Pero en el pequeño poblado, y en el resto de Cuba, la sensación es otra: sin transparencia, no hay cierre; sin cuerpos, no hay duelo completo.