El aumento del precio del diésel encarece las compras de combustible de Cuba a EE UU
Combustible
Las refinerías estadounidenses importan en promedio 600.000 barriles de crudo de Venezuela y reexportan una pequeña parte a la Isla
La Habana/Las exportaciones de combustibles y aceites desde EE UU a Cuba alcanzaron en mayo un valor de 23,9 millones de dólares, casi el doble de los 12,4 millones registrados en abril y prácticamente la misma cantidad acumulada durante los cuatro primeros meses del año. El salto, sin embargo, no respondió necesariamente a una entrada mayor de combustible en la Isla, sino al fuerte encarecimiento de los derivados en las refinerías estadounidenses.
El precio de referencia del diésel ultrabajo en azufre pasó de 2,111 dólares por galón en enero a 3,862 dólares en mayo, un aumento del 83%, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos. “El aumento del valor de las exportaciones fue resultado de la volatilidad de los precios, no del volumen”, explicó a 14ymedio el experto en energía Jorge Piñón.
Los registros del Departamento de Comercio estadounidense, recopilados por el Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba, muestran que las exportaciones de combustibles y aceites a la Isla sumaron 11,6 millones de dólares entre enero y marzo. Al añadir los 12,4 millones de abril y los 23,9 millones de mayo, el acumulado de los cinco primeros meses del año ronda los 48 millones de dólares.
Solo entre abril y mayo, el valor declarado aumentó alrededor de un 93%. La cifra refleja el precio de las mercancías y no permite concluir que Cuba comprara casi el doble de galones o barriles. De hecho, Piñón advierte de que presentar el crecimiento de los gastos como un incremento del volumen distorsiona la lectura de los datos.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros anunció en marzo que aplicaría una política favorable a las solicitudes de licencias específicas para revender petróleo de origen venezolano destinado a su uso en Cuba
Las partidas de mayo incluyeron gasolina de distintos octanajes, fueloil, aceites pesados, lubricantes y otros derivados. También figura una pequeña cantidad de combustible para aviación, valorada en unos 56.000 dólares. Las operaciones fueron registradas en distritos aduaneros estadounidenses como Miami, Tampa y Houston-Galveston.
Este último pertenece a Texas, el principal receptor del petróleo venezolano que llega al mercado estadounidense y uno de los grandes centros de refinación de la costa del Golfo. La conexión resulta relevante porque las importaciones de crudo y derivados procedentes de Venezuela crecieron con fuerza durante los primeros meses del año y se sitúan ahora en un promedio de 600.000 barriles al día. La Administración de Información Energética registra 6,2 millones de barriles en enero, 8,2 millones en febrero, 13,6 millones en marzo, 14,5 millones en abril, y 18,8 millones en mayo.
En junio las compras bajaron a 16.1 millones de barriles, mientras que en julio ya acumulaban 12.9 millones hasta la semana del 17 de ese mes.
Los registros comerciales disponibles no permiten determinar si las partidas enviadas desde Texas a Cuba fueron elaboradas con petróleo venezolano. Las refinerías procesan y mezclan crudos de distintos orígenes, mientras que las estadísticas de exportación identifican el producto, su valor y el distrito de salida, pero no ofrecen una trazabilidad completa desde el pozo hasta el comprador final.
La posibilidad, sin embargo, está contemplada expresamente por Washington. La Oficina de Control de Activos Extranjeros anunció en marzo que aplicaría una política favorable a las solicitudes de licencias específicas para revender petróleo de origen venezolano destinado a su uso en Cuba. Las operaciones deben cumplir las condiciones establecidas por Estados Unidos y evitar que los beneficios alcancen a las Fuerzas Armadas, los servicios de inteligencia y otras entidades cubanas excluidas.
Washington busca favorecer la actividad económica independiente, pero la separación entre el sector privado y el estatal resulta difícil dentro de Cuba
La autorización hace jurídicamente posible un nuevo circuito. Empresas estadounidenses pueden comprar petróleo venezolano, procesarlo o comercializarlo y solicitar permiso para venderlo posteriormente a Cuba. La antigua relación petrolera entre Caracas y La Habana puede reaparecer bajo condiciones completamente diferentes.
Durante años, Venezuela suministró crudo y derivados directamente a Cuba mediante acuerdos políticos, créditos blandos e intercambios de “servicios profesionales”.
Las ventas estadounidenses tampoco constituyen una apertura irrestricta del mercado cubano. Las operaciones deben ajustarse a las excepciones y licencias vigentes, y la autorización general emitida en mayo no permite transacciones que continúen prohibidas por otras disposiciones del régimen de sanciones.
Washington busca favorecer la actividad económica independiente, pero la separación entre el sector privado y el estatal resulta difícil dentro de Cuba. El Estado controla los puertos, las aduanas, los grandes depósitos, buena parte del transporte mediante camiones cisterna y la red nacional de distribución.
El primer ministro, Manuel Marrero, anunció este miércoles que más de cien actores económicos no estatales habían recibido autorización para importar combustible. También informó de la aprobación del primer negocio con capital extranjero destinado a su comercialización, aunque no reveló la identidad del inversor, el socio cubano ni la infraestructura que utilizará.
Los casi 24 millones de dólares gastados en la importación de combustible pueden sostener transportistas, generadores eléctricos y negocios con acceso a divisas, pero resultan insuficientes para cubrir las necesidades de la generación eléctrica, la industria y el transporte público.