“Ya no son micro, sino megavertederos”, admiten las autoridades cubanas

Basura

Cuadrando la Caja abordó el reciclaje, la recogida de residuos y su valor económico, pero evitó aportar los datos necesarios para medir la magnitud real del colapso

En los vertederos de la ciudad “está más del 90% de los residuos que hemos generado en las últimas décadas”.
En los vertederos de la ciudad “está más del 90% de los residuos que hemos generado en las últimas décadas”. / 14ymedio
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25 de marzo 2026 - 18:03

La Habana/La más reciente emisión del espacio televisivo Cuadrando la Caja se adentró en uno de los problemas que más golpea hoy la vida cotidiana en Cuba: la basura acumulada en calles, esquinas, solares yermos y barrios enteros. Ante una realidad imposible de esconder, sobre todo en La Habana, el programa reconoció que la situación ha llegado a un punto crítico.

En el panel participaron Odalys Caridad Goicochea Cardoso, funcionaria del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente; Isabel Cristina Alfonso González Abreu, directora del área de productos no metálicos del Grupo Empresarial de Reciclaje; y el doctor en ciencias Denoliva Merencio, decano de la Facultad de Ingeniería Mecánica de la Cujae (Universidad Tecnológica José Antonio Echeverría de La Habana).

Goicochea evitó en todo momento hablar de basura. “Desde el punto de vista ambiental y desde el punto de vista de la economía circular, nos cuadra más hablar de residuos sólidos urbanos y no llamarlos ni desechos ni basura”, afirmó. Pero ni siquiera ese lenguaje técnico pudo suavizar lo que terminó admitiendo: los llamados microvertederos son ya “megavertederos” e incluso “callevertederos”.

Durante la discusión, los invitados hablaron de “acumulación excesiva” de residuos en “vías públicas” y “solares yermos”, y reconocieron que esas montañas de desperdicios afectan la salud y el bienestar de la población. Lo que para los cubanos es una experiencia diaria –caminar entre bolsas rotas, respirar malos olores, convivir con moscas y roedores– apareció en la televisión oficial como una “oportunidad”, más que como un problema. 

En 2025 “se exportaron alrededor de 50 millones de dólares” procedentes de materiales recuperados

Merencio puso una de las frases más reveladoras del programa al asegurar que “ahora que efectivamente estamos en crisis, es importante que pongamos el punto sobre la i y realmente nos dediquemos a pensar cómo resolverlo”. La afirmación resume la costumbre de empezar a discutir soluciones cuando el problema ya reventó, cuando la basura ya no cabe en los contenedores, ni en las esquinas, ni en el discurso oficial.

Entre tantas generalidades, el programa dejó caer algunos datos. González afirmó que el año pasado, a través del Grupo Empresarial de Reciclaje, “se exportaron alrededor de 50 millones de dólares” procedentes de materiales recuperados. Añadió además que “el 90% de lo que se recupera y se procesa a través del sistema se consume en la economía nacional y el 10% es lo que se exporta”.

Más adelante, Goicochea aportó otra cifra relevante: “Hoy la composición de los residuos sólidos urbanos en La Habana y en nuestro país en sentido general es del 60% materia orgánica”. El dato ayuda a entender por qué el problema en las calles no es solo visual. Esa materia orgánica es la que se descompone, la que huele mal, la que atrae insectos y roedores, la que convierte cada basurero improvisado en una amenaza sanitaria.

Merencio, por su parte, reconoció otra dimensión del fracaso: “No hemos recuperado lo suficiente, hemos ido enterrando los recursos contenidos en los residuos por muchos años”. También admitió que en los vertederos de la ciudad “está más del 90% de los residuos que hemos generado en las últimas décadas”. Más que una descripción técnica, la frase retrata una práctica sostenida de tirar, recoger como se pueda y ocultar bajo tierra.

“Estamos desperdiciando recursos que están contenidos en este flujo de residuos sólidos urbanos".
“Estamos desperdiciando recursos que están contenidos en este flujo de residuos sólidos urbanos". / 14ymedio

El problema es que el programa ofreció esas cifras sin el contexto imprescindible para medir la crisis. No dijo cuántas toneladas de basura genera Cuba actualmente, cuánto produce La Habana, qué porcentaje se recoge realmente, cuánto permanece sin recoger, cuántos vertederos existen hoy, ni qué capacidad de transporte y procesamiento tiene el sistema. Tampoco se ofrecieron datos sobre frecuencia de recogida, cobertura del servicio o pérdidas económicas por materiales reciclables que terminan enterrados.

Esa falta de datos duros redujo el alcance de una discusión que por momentos tocó asuntos importantes. Los panelistas insistieron en que la basura no debe verse solo como un problema de limpieza, sino también como una pérdida económica. “Estamos desperdiciando recursos que están contenidos en este flujo de residuos sólidos urbanos y que pueden ser aprovechados”, resumió Goicochea.

Una de las salidas mencionadas fue el posible aprovechamiento energético de los residuos orgánicos. La idea suena a urgencia, sobre todo en un país con una crisis energética permanente. Goicochea sostuvo que esa materia orgánica “es la materia prima fundamental para generar energía”, pero enseguida puso el freno: “se requiere tecnología, se requiere tener todos estos medios tecnológicos para poder llegar a transformarlo y obtener energía”. Es decir, el programa presentó esa variante como posibilidad, pero admitió al mismo tiempo que Cuba no cuenta hoy con la base tecnológica para convertirla en una solución inmediata.

También resultó llamativo lo que el programa no dijo. No hubo una sola mención a las jornadas de trabajo voluntario encabezadas en meses recientes por Miguel Díaz-Canel y Manuel Marrero Cruz. Si esas movilizaciones hubieran tenido un impacto real y duradero en la gestión de los residuos, habrían sido mencionadas como ejemplo o antecedente. Su ausencia refuerza la impresión de que fueron, sobre todo, operativos de visibilidad política más que soluciones eficaces.

El sistema de recogida y transporte “se ha fracturado”

La emisión habló de clasificación en origen, responsabilidad compartida, valorización de residuos, incentivos económicos y participación local. Incluso se mencionó una aplicación, Reciclando, disponible en Apklis, y la existencia de puntos móviles de reciclaje. Pero quedaron en el aire preguntas básicas para cualquier cubano que convive con la basura frente a su casa: ¿cuántos de esos puntos existen de verdad?, ¿en qué municipios funcionan?, ¿cada cuánto recogen?, ¿qué volumen logran procesar?

Una cosa queda clara, en esta ocasión reconocida por Merencio: “Prácticamente no tenemos combustible”. Goicochea, por su parte, habló de un sistema de recogida y transporte que “de alguna manera se ha fracturado”. 

La discusión dejó además otra idea importante. Cuba sigue pensando el reciclaje, sobre todo, desde la lógica de la materia prima recuperable –cartón, vidrio, metales, plástico–, pero todavía no muestra una estrategia clara para la fracción que más golpea la vida diaria. “Lo que está trayendo el problema a las esquinas, las moscas, los roedores, los malos olores, no lo tienen esos reciclables tradicionales”, dijo Goicochea. “No es el vidrio, no es el plástico, no es el cartón, sino esa materia orgánica”.

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