Crónicas de La Habana
Un circo frente al poder y una ciudad cada vez más sola
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La Habana/Un camión distribuidor de gas licuado pasa por Guanabacoa, en La Habana, bajo la mirada deseosa de la mayoría de los vecinos. Las balitas que transporta no son para todos, y menos aún para los depauperados bolsillos de la mayoría de residentes de esa cuadra de la calle Delicias, entre Potosí y Gloria.
Se trata del gas licuado de petróleo (GLP) que puede comprarse a través de la tienda online Supermarket23, en dólares y desde el exterior, cuyo precio es de 29 dólares la balita, con reparto a domicilio incluido. La destinataria, una mujer cuyo hijo vive en Estados Unidos. En la misma calle, la gente no tiene más remedio que cocinar con carbón, o comer tan solo pan.
La venta de este combustible en Cuba dio un giro recientemente, cuando, por primera vez, la plataforma digital de venta comenzó a ofrecer el producto en dólares y fuera del sistema racionado, en medio de esta crisis energética sin precedentes. Esto ha supuesto un punto de inflexión en la comercialización de un producto que, hasta este momento, había estado vinculado a un sistema estatal de distribución regulado y solamente en pesos.
Además, ha supuesto una nueva división social, entre quienes tienen familiares fuera del país, que pueden esquivar las largas colas y la incertidumbre del suministro interno, y el resto de la población, abocada a depender de un sistema completamente ineficaz. En esta calle de Guanabacoa, la privilegiada es una sola familia.
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