Los barrios ricos de la capital cubana gozan de un servicio de limpieza VIP

En la avenida Kohly se abre al transeúnte habanero un paisaje inexistente en el centro de la ciudad

Lo que más destaca quizá de este barrio son los contenedores de basura: impecables y recogidos, sin la montaña de desperdicios alrededor que se observa en tantas esquinas de la ciudad. (14ymedio)
Lo que más destaca quizá de este barrio son los contenedores de basura: impecables y recogidos, sin la montaña de desperdicios alrededor que se observa en tantas esquinas de la ciudad. (14ymedio)
Juan Diego Rodríguez

01 de febrero 2024 - 09:57

La Habana/Más allá de Nuevo Vedado, pasando el cementerio de Colón y el zoológico, en los límites entre Playa y Plaza de la Revolución, se abre al transeúnte habanero un paisaje inexistente en el centro de la capital. Calles anchas y arboladas, casas gigantes y bien cuidadas, gente bien vestida, algunas de ellas con jabas repleta de alimentos, autos modernos. Aquí, en la avenida Kohly, no se oyen gritos ni discusiones, y la única cola que se ve, en la gasolinera Acapulco, avanza con orden.

Es la otra cara de la capital cubana, muy alejada del caos de Centro Habana o La Habana Vieja, no se diga municipios más pobres como Cerro, La Lisa o Diez de Octubre, donde el desmoronamiento y la suciedad dejan poco resquicio a la belleza. Sorprende, como ejemplo no tan banal, que haya cajeros, como los del Banco Metropolitano de 26 y 32, con dinero, sin fila y funcionando adecuadamente.

Pero lo que más destaca quizá de este barrio son los contenedores de basura: impecables y recogidos, sin la montaña de desperdicios alrededor que se observa en tantas esquinas de la ciudad y que, en ocasiones, dan lugar a peligrosos incendios. En estas calles sí parecen trabajar los compañeros de los Servicios Comunales.

Aquí, claro está, no vive cualquiera. Muchas de las casas de Kohly –que debe su nombre a la acaudalada familia de origen suizo que se asentó en Cuba a finales del siglo XVIII y cuyos descendientes, siempre conectados a la vida política, se exiliaron inmediatamente al triunfo de la Revolución– fueron "entregadas" a militares, funcionarios, ministros y cercanos al régimen tras 1959.

Kohly pervive para enseñar las desigualdades que aquella Revolución, lejos de solucionar, acentuó. Una ciudad normal, bien conservada y civilizada, dentro de otra ciudad, ruinosa y donde prima la ley de la selva... reservada a los que no les tocó una porción del poder en la Isla.

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